viernes diciembre 14 de 2018

Murió el exministro de Justicia Jaime Giraldo Ángel

23 agosto, 2014 Generales

Jaime Giraldo Ángel

El considerado padre de la política de sometimiento a la justicia y exministro de esa cartera, Jaime Giraldo Ángel, falleció este sábado en Bogotá.

Como ministro de Justicia del expresidente César Gaviria Trujillo, logró el sometimiento de varios narcotraficantes. También fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Superior de la Judicatura, profesor universitario y abogado.

Ángel fue ministro de Justicia durante la administración del presidente César Gaviria Trujillo y gracias a su gestión logró que varios narcotraficantes se entregaran a las autoridades.

Fue ministro hasta el 7 de agosto de 1991 en el gobierno del pereirano César Gaviria Trujillo.

Graduado en 1953 y con una larga trayectoria en el ejercicio del Derecho, se desempeñó como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, profesor universitario.

Giraldo Ángel nació en Anserma, Caldas, e hizo parte de una familia que se ha destacado en el gobierno, la política, la banca, la radiodifusión y otros campos.

Le sobreviven ocho hijos y numerosos nietos y bisnietos.

Él fue, y el expresidente Gaviria lo reconoció, el principal instigador de la política cuyo punto fuerte fue la entrega de Pablo Escobar, según una entrevista que publicó hace varios años El Tiempo, de Bogotá.

Como un tributo a su memoria, publicamos apartes de un reportaje que le hizo este diario (El Tiempo), hace varios años, a Giraldo Ángel:

Su hogar es su valor esencial y su nicho más preciado. De él, salvo para ir a su trabajo, sale muy poco pues la vida social ni lo trasnocha ni le interesa. Sus escapadas son más bien ecológicas y están limitadas a algunos fines de semana a su pequeña granja de la sabana de Bogotá.

En ella se ha pagado sus mejores aventuras recreativas. Una vez sembró ajos y se le encebollaron. Se los dio a las vacas y entonces le dejaron de comprar la leche durante dos meses. Otra vez, cultivó rosas y cuando las mandó a vender le ofrecieron tan poco que no tuvo otro remedio que verlas fenecer… Sin embargo, esas efímeras veleidades de agricultor lo entretienen y le mantienen su carácter afable. Jaime Giraldo se ríe con facilidad.

En la casa también lee afanosamente todo aquello que tenga que ver con el existencialismo. En esos casos pone música clásica; Strauss sobre todo. Los tangos y la música de carrilera son para las noches en que tiene amigos en casa y los acompaña con un par de whiskys y una buena ración de cuentos. Las rancheras las saca cuando va de paseo.

Conservador, chapado a la antigua? Godísimo , responde refiriéndose a esos hábitos de vida. Godísimo también en los lineamientos generales de su vida; en esas creencias que le enseñó su padre, un paisa que trabajaba de sol a sol, y que ahora él comparte con sus hijos: la honestidad y el respeto al compromiso personal; saber que la vida hay que ganarla con esfuerzo y construirla poco a poco; convertir la familia y la amistad en pilares irremplazables; no vivir en función del dinero (no hay nada suntuario en su casa: tendría sentimiento de culpa).

De ahí no se mueve. Pero, dialéctico, sabe que lo único permanente es el cambio y que si no se tiene plasticidad, los principios, por sabios que sean, se vuelven camisas de fuerza inadecuadas e ineficaces.

No es que viva a dos velocidades. Jaime Giraldo Ángel es de los que tienen una concepción teleológica del mundo. El sabe que los seres se mueven con base en metas que dependen, también, de las circunstancias. Eso lo resume en una frase: Para que lo permanente pueda permanecer es necesario que se adecúe al cambio .

No siempre ni en todo lo ha podido hacer. En arte, es un ejemplo, ha llegado hasta los impresionistas de fin de siglo pasado. Al Museo de Arte Moderno de Nueva York lo llevaron una vez pero no vibró con las artistas de este siglo. Lo reconoce sin ningún rodeo.

Con el Ministro de Justicia una cosa es segura, que se le respete o se le critique: es un hombre que habla claro.

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