Jueves Agosto 17 de 2017

El silencio de los fusiles

 Por Augusto León Restrepo

Esta columna debió haber aparecido hacia el 19 de julio, cuando se anunció en las carteleras de Cine Colombia para el público en general El Silencio de los Fusiles, documental dirigido por Natalia Orozco, que versa sobre la actuación de los principales negociadores en las discusiones de los Acuerdos de La Habana, que lograron acabar con un conflicto armado de cincuenta y tres años entre el Estado y las Farc. Un viaje relámpago por Cali y Manizales me impidió escribirla y publicarla.

Yo soy admirador apasionado de este trabajo de la Directora de cine antioqueña. Y tengo que reconocer de entrada que carecía de información sobre sus antecedentes como periodista, como corresponsal de guerra y como cineasta, antes de haber asistido en el Festival de Cine de Cartagena a su inauguración, en la que rodaron la película, que fue recibida con sorpresa, asombro y  admiración por la asepsia política, técnica y  trato original de un tema, que solo se le podía haber ocurrido a alguien de una gran tenacidad y de un ostensible talento.

Pero vamos por partes. Hay que dar a conocer a los lectores algunos aspectos de la vida de Natalia. Nacida en Medellín, en una entrevista para la Revista Cromos en circulación, que no dudamos en recomendar, expresa que desde chiquita quiso hacer cine, pero que estudió Comunicación Social . Pequeño burguesa , pudo estar en los mas disímiles escenarios gracias al apoyo de sus padres. Vivió durante diez y seis años en Francia donde estudió en la Sorbona y en la Universidad de París. Trabajó en Las Dos Orillas, Blue Radio, NTN 24 y en RCN Televisión, empresa esta última que es una de las patrocinadoras de su película. Pero su reconocimiento, mas internacional que en el país, comienza cuando se conocen sus cortometrajes periodísticos sobre los gitanos, sobre Guantánamo y en especial cuando cubrió la situación de Libia bajo Muamar el Gadafi y sus informes como corresponsal internacional en Francia, Estados Unidos y Africa. Es la misma juvenil Natalia que ahora salta al reconocimiento como la mas promisoria figura del cine nacional.

Decía renglones arriba que mi conocimiento de Natalia nació en Cartagena. Cuando terminé de ver su película, quedé aferrado a mi asiento. Como en trance. Es que no tenía respuesta para explicar como durante dos horas nos tuvo sin parpadear esta película y como nos confrontó en nuestros sentimientos y convicciones. La ovación no se hizo esperar y los rostros de muchos de los protagonistas allí presentes estaban con expresiones que fluctuaban entre la admiración y el arrepentimiento. Y la tristeza. Es que había desfilado por nuestros ojos la mas dolorosa historia del país, pero también como una epifanía, como una fe inmensa en la esperanza de que la guerra va a ser suprimida por siempre de nuestra historia. En el Teatro estaba la nueva Colombia. Las fotografías del Presidente Santos y Humberto de la Calle, Natalia Orozco al entro y al otro lado Pastor Alape y La Holandesa, coronó el sueño de la Directora cuando se ideó su documental: querer hacer la historia de su país transitando hacia una paz duradera.

La película fue presentada la semana inmediatamente anterior en las salas de Cine Colombia durante cuatro días y fue vista por 8.500 espectadores. En vista de su éxito la empresa ha querido reponerla y en Bogotá, Cali y Medellín , a partir de hoy,

y hasta el 30 de julio inclusive en los horarios de las 11 de la mañana y las dos de la tarde estará en las pantallas. Por favor asistan a esta transparente lección de nuestra historia contemporánea y pídanle a Cineco, al Estado, a RCN y sus otros patrocinadores que la exhiban en todos y cada unos de los pueblos y en sus campos. Muchos países la están pidiendo. Pero ojalá no quede uno solo de los colombianos sin verla. De nuevo, Natalia, mi admiración y mi emocionado respeto por su trabajo.

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