jueves septiembre 21 de 2017

El Ojo del Halkón ¿Y no pasó nada?

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

Cuando se esperaba algunos cambios de los políticos colombianos y de quienes creen tener la verdad con la visita del Papa, parece que todo se quedó en nada y se quedó porque las palabras del Obispo de Roma a muchos les entraron por un oído y le salieron por el otro, lo que quiere decir que a un grupo de colombianos les gusta vivir en medio de la incertidumbre, de la violencia, de la guerra y el odio.

Calificar la visita papal es muy fácil y no veo necesario dedicar muchas palabras y muchas cuartillas, porque se puede calificar como extraordinaria por los mensajes concretos, sin tinte religioso; pero si diciendo las verdades a la propia Iglesia, en donde muchos de ellos no cumplen la misión que se les ha encomendado y que solo piensan en acumular riquezas mundanas.

Otro de los puntos fundamentales es cuando les recuerda a quienes a voluntad propia se han entregado al servicio de Dios no están para intervenir en política, como lo que sucede a menudo en nuestro medio, como en el caso del pasado plebiscito en donde los jerarcas de Antioquia, Caldas y Cartagena, entre otros, dieron instrucciones para votar por él no sin tener en cuenta la importancia del Proceso de Paz.

El llamado que le hizo a los jóvenes es de destacarse, cuando les dijo que no se dejaran derrotar y llenar de enseñanzas malas por parte de algunos mayores, que son muchos que aún viven del pasado, del odio y del rencor.

Y recuerda finalmente, que en Colombia sería fácil hacer la paz, pero si hay disposición por parte de todos para dejar los odios, los intereses personales y los deseos de imponerse por encima de todos.

No es bueno el protagonismo de algunos políticos que se hicieron sentir ante el ilustre visitante enviando cartas y otros que de manera inoportuna utilizaron el suceso para recoger las firmas que los llevarán a aspirar a la Presidencia de la República.

El comportamiento de los ciudadanos comunes y corrientes es de valorar, Bogotá demostró ser la gran ciudad cívica, en donde hay más gente buena que mala y ya hayan salido por devoción religiosa o por solo novelería, hicieron quedar muy bien a la ciudad ante el mundo.

En Villavicencio no se quedaron atrás, dieron su calor y demostraron que son personas acogedoras, con mucho respeto para acoger a quienes les visitan y escuchar sus mensajes.

Medellín tuvo su tinte religioso, con algunos lunares como el deseo de figuración de los políticos de turno, lo que no cayó muy bien en la comitiva papal y a los ojos de miles de televidentes e internautas que los vieron en el mundo, y que vieron como éstos no perdieron la oportunidad de figurar, como lo hacen cada día en su región y ante el país.

Cartagena de Indias, con su alegría, su señorío y su altura demostraron ser esa imagen que se debe tener del país en el exterior. A pesar de haber visitado uno de los barrios más pobres y con más problemas sociales, lo único que encontró el visitante argentino fue amor, comprensión y acogimiento, luego del traspiés tenido en su pequeño accidente al golpearse contra uno de los vidrios de papamóvil.

Como pueden ver, el resumen total de estos cinco días cuando el mundo tuvo puesto sus ojos en el país fue excelente por parte de los ciudadanos y lo que más llamó la atención era lo que decían los organizadores del viaje papal, que cuando presentaron el programa a seguir, se dudó por parte de algunos sectores, porque era tan perfecto y, según ellos, exacto para cumplirse en Suiza y no en Colombia, y Colombia demostró que es y puede ser superior a Suiza o a cualquier país del mundo.

Según los informes de las autoridades, durante estos días bajaron los homicidios y los delitos en el país, el ELN cumplió con su cese al fuego, gesto que fue agradecido por el visitante de Roma y lo que quiere decir que cuando queremos hacer las cosas bien, las hacemos bien y que cuando no queremos intoxicarnos de esa política malsana que se hace en el país, lo podemos lograr.

Los medios de comunicación cumplieron con altura, aunque algunos periodistas, teniendo el programa en la mano, mostraban que por el afán de informar no leían y desinformaban; pero fueron más las cosas buenas que las malas, y la transmisión de radio y televisión para el mundo fue un verdadero éxito que fue reconocido en los diferentes medios de comunicación.

Descansamos en seis días del amarillismo en los noticieros de televisión y por eso salió a flote el amarillismo del único periodista en el mundo que quiso desacreditar la visita papal a Colombia, diciendo que el Obispo de Roma visitaba el país del narcotráfico. Un viceministro protestó; pero se espera que el Gobierno y la Cancillería se hagan sentir como para evitar que estos acontecimientos vuelvan a suceder.

Digo que no pasó nada, porque después del fervor religioso o emoción por la visita papal, volvemos a la guerra sucia en la política y seguimos descubriendo que hay fallas en la justicia y que la corrupción sigue royendo a nuestra sociedad.

Sería bueno escuchar a Francisco, independientemente del fanatismo que a veces nos carcome, porque sus mensajes fueron duros y exactos, y alguien dijera que fueron tan duros que dieron directamente a la yugular, porque son, quitándoles el tinte religioso, para pensar en serio en el futuro del país y en la importancia de conseguir una verdadera paz y evitar que se le sigan robando los territorios a los campesinos, se siga envenenando a la juventud con la droga y que los políticos no se aprovechen de los incautos para lograr el poder y muchas veces no quererlos soltar y hacer de las suyas.

Colombia de verdad necesita un mejor futuro y tiene la materia prima, pero hay algunos que lo que les interesa es la ignorancia del pueblo para poder manejarlo y hacer de las suyas, sin pensar en las futuras generaciones y en el país que se merece, repito nuevamente, lo mejor, y que siga figurando a nivel internacional por los logros deportivos, la belleza de sus esmeraldas, el rico aroma del café y la grandeza de sus gentes.

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