jueves diciembre 7 de 2017

El Ojo del Halkón Caos político y nuevos retos

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

Como dice el cantante popular Darío Gómez, “Nadie es eterno en el mundo”, yo replicaría, nada es eterno en el mundo, porque todos los seres nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos; las cosas son y dejan de ser, las instituciones cambian, los individuos se van y nadie es necesario para que se cumplan los ciclos.

Echando un vistazo a la historia miramos como los grandes líderes han desaparecido y los países siguen, y no ha sido necesario que nadie perdure y el peor error que podemos cometer es creer que si nosotros no estamos las cosas pueden terminar; cuando de verdad muchas cosas pueden perdurar y mejorar cuando nos atrevemos a dar un paso al costado y eso sucede en el mundo político, económico y social.

Muchas veces creemos que ayer fue mejor, que hoy es mejor o que mañana será mejor y estamos equivocados; porque ayer no existe, el mañana no lo tenemos seguro y lo que importa es el hoy, como lo vivimos, como hacemos las cosas por el bien de los demás y de nosotros mismos y como tratamos de dejar una marca que sea perdurable; porque muchas veces el egoísmo nos hace que firmemos nuestra acta de odio en nuestra contra, por el solo hecho de querer imponer nuestras ideas y no respetar las de los demás, tomando determinaciones y no trabajar unidos por el bien de todos.

No solo los líderes a nivel local, departamental, nacional y mundial han desaparecido, entramos en la época en que los grandes partidos políticos están dejando de ser, en Argentina murió el Peronismo, Franco dejó de reinar en España, el PRI ya no es el partido fuerte en México, los conservadores en Inglaterra ya no son los dueños del poder, los demócratas y republicanos suben y bajan y en Colombia hace mucho tiempo el bipartidismo, o fuerza de los partidos Liberal y Conservador han perdido fuerza y han nacido una serie de movimientos políticos o llamados también partidos que no tienen la fuerza suficiente y que de un momento a otro cambian sus nombres o pierden su valor por la falta de fuerza que es el respaldo de sus seguidores. Estamos viendo cómo se debilita el Polo Democrático, Cambio Radical y otros grupos que solo aparecen en los momentos de elecciones y que unidos a los partidos tradicionales parece que solo existieran como dice la canción del campesino, que se queja que solo están presentes cuando es la época de elecciones, cuando lleno de promesas llegan a las diferentes regiones ofreciendo de todo, ofreciendo puentes donde no hay ríos y todo lo habido y por haber; promesas que desaparecen cuando son elegidos; porque muchos de estos políticos se olvidan de sus regiones.

Si damos un vistazo a los movimientos políticos en Colombia en estos momentos, nos damos cuenta que en esta encrucijada, para elegir Senado y Cámara, lo mismo que para elegir Presidente de la República, solo hay un partido que no tiene conflictos internos, porque durante su existencia que ya llega casi a la mayoría de edad, 17 años, ha sabido hacer las cosas bien, con una disciplina férrea, respetando a sus dirigentes, haciendo un trabajo honesto y no politiquero como los demás y estoy hablando precisamente del partido político MIRA, que respetando las reglas desde su fundación se ha mantenido alejado de los escándalos y de la corrupción que corroe a la mayoría de los movimientos políticos en Colombia, cuyos miembros muchos de ellos están vinculados a investigaciones penales por una u otra causa.

A siete meses de las elecciones parlamentarias esto se puede calificar de descalabro político, por la desorganización que hay interna en los partidos y todo por esa ansia de poder y egoísmo que no sé de donde hemos dejado crecer los colombianos, porque como cuando se siembra la semilla crece la cizaña, parece que la cizaña fuera más grande que la fuerza de la misma semilla para sacar buenos frutos en bien del pueblo.

Esos intereses personales y en las peleas entre diferentes sectores ha hecho que ciertos políticos estén pensando más en lograr sus venganzas que en lograr el bien del pueblo y por tanto el país es el que sufre; porque si miramos nadie ha presentado propuestas para solucionar los problemas económicos, educativos y sociales que hay en el país, y solo les interesa hablar mal de sus opositores, si es que se les puede llamar opositores, porque yo los llamaría competidores, porque todos van tras una meta, o por lo menos es lo que yo creo y esa meta es lograr el bien de todos los ciudadanos.

El ciudadano de a pie ya está aburrido de esos enfrentamientos entre Santos y Uribe, o Uribe – Santos; porque lo que quiere es que, sea quien sea, les solucione los problemas, pero no ve a estas alturas del partido a nadie que pueda ocupar la presidencia de la República porque no cree en nadie, y de verdad la credibilidad en los partidos políticos, en este momento, está en ceros; eso sucede como cuando cualquiera de la pareja pierde la credibilidad en el otro, para recuperarla es cosa seria y en este momento a los políticos en Colombia no les cree nadie y como dijera un católico de esos de camándula y de misa dominiquera, a los políticos nuestros no se les cree ni con tres cruces en la mano.

Se queda uno pensando y frio, hay 27 candidatos aspirando por medio de firmas llegar a la Presidencia de la República y eso, como decía anteriormente, es porque nadie cree en los partidos y movimientos políticos y la verdad verdad es que si no hay coaliciones nadie va a ganar, porque el que se crea tan sobrado y valiente y se lance solo a las elecciones presidenciales queda quemado y sin forma de levantarse para una segunda elección que es lo seguro que sucederá, porque segunda vuelta la hay porque la hay en las presidenciales del 2018.

Siempre tenemos una excusa para decir que existen motivos de fracaso en una u otra situación, pues miremos que desde los comienzos de la humanidad siempre ha habido un culpable y las cosas siguen igual. Para evitar esto habría que esperar un candidato con programas que enamoraran al votante y no dijéramos que todo el caos político que hay en este momento es por causa de la llegada a la arena política de las FARC, porque la crisis política en Colombia viene desde hace muchos años y si eso existía antes de llegar las FARC, porque no nos preguntamos quie3n fue el culpable.

Nos daríamos cuenta que no es un culpable, que somos muchos los culpables porque son los políticos que no ofrecen nada nuevo y que lo que han hecho en su mayoría es caminar por un mundo de egoísmo, odio y corrupción sin pensar en el pueblo y los ciudadanos por votar a ciegas o simplemente por regalar el voto como el personaje bíblico que regaló su primogenitura por un plato de lentejas.

Y que pena que en todos los temas que trato me veo en la penosa necesidad de no dejar por fuera mi profesión, porque otros de los grandes responsables de lo que está sucediendo en el país en el campo político somos los periodistas que hemos dejando de informar cómo debe de ser y cuidamos los intereses personales de políticos o instituciones, ya sean políticas o comerciales, muchas veces sin interesarnos el bien común.

Se necesita un periodismo serio y responsable, no sesgado ni comprado y que le diga las verdades al alto político como al ciudadano de a pie, principalmente a este último para que sepa qué camino tomar en el momento de ir a cumplir con ese gran deber que es asistir a las urnas y no alejarlo de ellas por desinformación.

Colombia debe de dar ejemplo y mostrar, porque figura a nivel mundial como un país que respeta la democracia; pero que esto no pase únicamente en el papel sino en la realidad y que estemos dispuestos a castigar la corrupción y a los políticos que no cumplen, para que se den cuenta de la necesidad del cambio si es que quieren continuar en un verdadero mundo político que dé un futuro y no nos deje estancados en medio de esos egoísmos personales.

No hay un candidato presidencial por quién votar en este momento, hay una baraja grande de aspirantes, se esperan propuestas y programas y sin interesar que sea el sucesor de Juan Manuel Santos o de quien sea, que sea el Presidente de los Colombianos para sacarlo adelante y corregir todos los errores que se han cometido y que nos tienen en la sin salida.

Unas horas antes de escribir esta columna me di cuenta de algo, que el ciudadano de a pie está más inclinado a escuchar mentiras que la verdad y que para ello se utilizan micrófonos, pantallas de televisión y medios de comunicación ya sean escritos o lo que ofrece la tecnología. Eso debe de cambiar y debe de haber un gran revolcón de gente buena que de verdad quiera el bien para el país.

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