jueves octubre 19 de 2017

El Ojo del Halkón Responsabilidad periodística en el post conflicto  

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

 Desde que era niño escuchaba la palabra responsabilidad en todo lo que uno iba a hacer en la vida y comentaba mi abuelo que todo empezaba desde casa y que para haber responsabilidad se necesitaban tres o cuatro puntos fundamentales entre los que se destacan, primero, saber sobre lo que uno se está haciendo responsable para hacerlo bien, segundo, no teniendo precio en su manera de actuar, en este caso es ser responsable con uno mismo, con las personas que tiene al lado y con la sociedad, y tercero, es el punto más delicado porque en América Latina y especialmente en Colombia nos ufanamos de no llegar a tiempo a nuestros compromisos, olvidándonos que estamos perjudicando a otras personas, porque los tiempos se alargan o se acortan, y yo le agregaría que otra de las responsabilidades, y en este caso para los periodistas es que debemos decir la verdad, estar informados y no pertenecer a ningún bando sino ser neutros en lo que decimos e informamos; que es diferente a cuando se opina en columnas de opinión.

A mediados de esta semana la Revista Semana hizo un lanzamiento de un nuevo producto, el Periódico Rural, que según las propias palabras del director de Semana, Alejandro Santos, esto se hizo con el fin de llenar un gran vacío en las zonas marginadas y en donde los campesinos tengan herramientas para conocer la verdad y que no sean manipulados en el momento de recibir la información, como sucedió en el Referendo o Plebiscito de octubre pasado, cuando la gran campaña del NO fue basada en mentiras y desinformación. Se espera que con este nuevo medio de comunicación que circulará gratis en las regiones más apartadas del país se le cuente a esos colombianos marginados la verdad en lo que tiene que ver con sus derechos, con asuntos agrícolas, políticos y sociales.

De otra parte, el nuevo representante de USAID en Colombia se mostró muy optimista con el nuevo órgano informativo, pero en su presentación fue muy duro al recordar la obligación de los periodistas y de los que manejan los medios de comunicación en ser sinceros, educar y no desinformar a quienes llegan ante estos medios buscando una buena información; que por la inmediatez de los nuevos sistemas electrónicos ha sido copada por una serie de mentiras y de noticias falsas que se publican para hacer mal a las personas y a las instituciones.

Este fin de semana en su mensaje al mundo con motivo del día de las comunicaciones, el papa Francisco fue enfático en pedir responsabilidad, seriedad y vocación a los que tienen en sus manos el poder de informar, haciendo un mundo mejor, llevándolo hacia el progreso y no al caos y a la guerra.

Coincidía con el representante de USAID que el periodista no debe de pertenecer a ningún bando, ni político ni religioso ni económico, sino ser libre para informar con verdad a quienes están esperando conocer lo que sucede cada día en el mundo.

Mirando a Colombia, podemos decir que los medios de comunicación han fallado y han fallado catastróficamente en lo que tiene que ver con el Proceso de Paz y la manera como han ayudado para que el país se haya polarizado tan rápidamente en los últimos años.

En los titulares, sin importar si es radio, prensa o televisión, destila el odio de los unos a los otros y los noticieros de televisión han comenzado a perder audiencia por la manera amarilla como se manejan las noticias en donde se le da más importancia a un raponazo o a las bajezas humanas que a los logros que se tienen en el deporte, en la ciencia, en la cultura y en el arte.

Tal será el amarillismo que ha entrado rampantemente a las páginas deportivas, en donde no se dice la verdad y en donde al leer algunos informes, uno se pregunta dónde era que estaba el periodista que hace el informe porque no tiene nada que ver con lo que sucedió en el escenario deportivo.

Nos importa más la separación de James, las borracheras de X o Y jugador, las indisciplinas, que los buenos logros del mismo James o de los diferentes deportistas.

Como periodista me quedo aterrado porque a veces leo informes sobre personalidades colombianas en el exterior, quienes en el país son totalmente desconocidos, porque no hemos querido investigar sobre sus logros y estamos solo esperando sus caídas. Fue más noticia que Silvestre Dangon se haya tomado unos tragos y hubiera hecho en video al respecto, que las grandes campañas que adelanta para muchas personas que son beneficiadas con sus buenos actos. Pero que se puede esperar de un país en donde la gente hace obras de caridad para salir en las primeras páginas olvidándose de aquello que nos enseñaron, que la mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda.

Soy testigo que a mis correos llegan aproximadamente 100 o 200 noticias positivas diariamente y creo que a otros medios de comunicación, entre ellos la televisión estas mismas noticias también les llegan; pero para ellos es más noticia mostrar al raponero, al violador y a quienes hacen el mal, sin querer decir que estas noticias no deben de mostrarse, lo que debe es no dárseles tanta importancia y mostrar lo que se debe hacer mas no lo que no se debe hacer.

El pesimismo y como dijera alguien, la mala leche son las que predominan en este momento en las informaciones de nuestros medios de comunicación.

Algunos hablan de lo que sucede en las redes sociales y no se dan cuenta que estos medios son utilizados por muchos que son pagos para hablar en contra de unos o de otros, otros que están amargados y quieren destilar su amargura desde Facebook y muchas veces desde Twitter y otros que son los maestros de la gran cantidad de mentiras y de noticias falsas que son los amos y señores de las redes de comunicación.

En las campañas políticas hemos notado que son utilizados estos medios para desinformar, desacreditar a los demás; pero nunca he encontrado que alguien haya utilizado los caracteres, pocos por cierto, para proponer soluciones.

Muchos quieren ser gobernantes en la sombra y no se dan cuenta que tienen el sol encima y que sus mentiras se pondrán en el escritorio de un momento a otro y tarde que temprano llega la verdad, dejándolos más solos que antes, porque sus aduladores no están en condiciones de seguir adelante con sus juegos.

Pero lo que me corresponde hoy como periodista, con una experiencia de más de 45 años es invitar a mis colegas, especialmente a los jóvenes a que busquen ser libres para decir la verdad y que recuerden que una noticia no se vende y que uno no es independiente no solo miente a los demás.

Nota: Leí con tristeza esta semana varias notas en Face sobre la crisis en el Círculo de Periodistas de Bogotá, no puedo decir quien dice o no la verdad, pero es lastimosamente difícil de creer que los periodistas mismos utilicemos un gremio para atacarnos los unos a los otros, cuando estos deben de ser para ayudar a respetar nuestros derechos y si los demás se dan cuenta que no nos respetamos, no nos van a respetar.

Hace algunos años el presidente de la Asociación Colombiana de Periodistas, Hernán Gallego nos decía a un grupo de periodistas en el Café Automático, en el centro de Bogotá, si no nos unimos a trabajar y a hacer respetar nuestros derechos, mañana seremos esclavos de los políticos y de los conglomerados económicos.

Recordemos que Hernán fue el periodista que luchó y logró que por primera y única vez existiera en Colombia una tarjeta profesional de periodismo y fue poco tiempo el que fuimos profesionales; porque luego por las rencillas y los intereses personajes se acabaron agremiaciones como la Asociación Colombiana de Periodistas, el Colegio Nacional de Periodistas y ahora trata de subsistir el Círculo de Periodistas de Bogotá, que esperamos aclare la situación que está pasando en estos momentos.

Sabemos que muchas veces a las agremiaciones llega mucha gente que no es periodista, como lo que sucedió con la famosa tarjeta profesional de periodismo que se le dio a hasta el portero del Senado de la República, y sin olvidar que el número uno de la tarjeta correspondió al Presidente de la República de entonces.

Hoy la responsabilidad es de todos.

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