martes septiembre 18 de 2018

Cuando una historia se extravía en la selva, hay que regresar a rescatarla: Armando Caicedo

 

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

Armando Caicedo, un periodista, caricaturista y escritor, es el que nos trae en esta oportunidad a la Feria del Libro, lo que él mismo llama, una historia que empezó a escribir hace 50 años y que no es una biografía, ni una novela de ficción ni un informe forense, sino un episodio de una guerra fratricida que pareciera no tener fin en Colombia, hablamos de la nueva obra literaria de este prolífico escritor bajo el nombre de “El niño que me perdonó la vida”.

El título de esta nota es una de las frases que contiene la contraportada del libro y que encierra el contenido total de la gran obra que se presenta en esta oportunidad.

Hablar con Caicedo, que ha dejado y sigue marcando mucho en la historia del periodismo colombiano, es bastante agradable y lo mejor de todo es que con él se revive una de las facetas mas lindas que tiene el periodismo como es la crónica; pues los cronistas son los que cuentan la historia, en medio de la realidad y la ficción, haciendo llegar al lector a vivir quizá la misma sensación de estar al frente de una pantalla de cine o televisión, viviendo parte de la vida cotidiana o episodios que han dejado huellas de tristeza, horror o simplemente momentos de alegría.

En esta oportunidad, Caicedo nos cuenta a grandes rasgos las cosas buenas de su vida y las cosas malas que ha tenido que vivir de otros en esta larga trayectoria por el mundo de la comunicación.

Quiero ser sincero, que solo he leído apartes de esta historia que como el mismo escritor lo dice, recoge testimonios de personas – de verdad, verdad – que padecieron la violencia más absurda, atizadas por doctrinas foráneas, en una guerra sin frentes ni fronteras, dignas del país de los idiotas.

Son desgarradoras las historias que se leen en este libro, pero lo peor es que son la gran realidad, se viven momentos de dolor y de terror, momentos de acercamientos y de distanciamientos y llegamos a creer que lo que se dice en la contracara del libro es una verdad de a puño, gracias a la editorial Palabra Libre que da la oportunidad de hacernos recordar que los niños de la guerra no son de izquierda, ni de derecha, no son creyentes, ni ateos simplemente son niños… casi todos pobres.

Es el interés de quien escribe dar a conocer los puntos de vista mas importantes sobre una conversación amena en el marco de la FILBO 2018 con Armando Caicedo y espero poder interpretar lo que nos quiso dejar de mensaje y que reflexionemos sobre lo que hemos vivido y seguiremos viviendo en el país.

Armando Caicedo ¿Por qué un niño le perdonó la vida a quién?

Esta es una historia real, pero además de ser una historia real tiene un contenido adicional, una historia humana, una historia que nos hizo llorar a todos, incluso cuando la estaba escribiendo. Es una suma de emociones muy grande. Esta historia nunca la tuve dentro de mis planes, yo me tropecé con la historia en el año 2015 cuando estaba presentando un libro en la Feria del Libro de Bogotá. Una llamada telefónica, contestó mi señora y una voz masculina grave le dijo: necesito urgentemente al señor Caicedo. Perdóneme, nosotros no vivimos aquí. Precisamente, yo no puedo dejar que se vuelvan a los Estados Unidos porque necesito hablar con él y es que hay un hombre que lo anda buscando desde hace 50 años.

Bueno, pero antes que eso ¿Quién es Armando?

 

Bueno, yo soy básicamente un periodista, trabajo en un género que no es fácil, es un poquito exótico, trabajo en humor. Esta novela del niño que me perdonó la vida es la primera que, voy a colocarle comillas: “escribo con una gran seriedad”, porque son sobre los niños de la guerra, pero mi especialidad, llevo 18 años en Estados Unidos escribiendo humor y sátira política, y hago caricaturas editoriales para publicaciones en español en Estados Unidos. Tengo un libro, entre otras cosas, que resume las caricaturas editoriales que he dibujado para el Washington Post, entonces no solamente es aspecto textual sino también he trabajado como editorialista gráfico.

Esta historia, se me atravesó aquí en la Feria del Libro y es una historia en la cual yo soy parte protagonista y me tocó hacer autobiografía, porque este hombre que llama repitió la llamada dos días mas tarde y le dijo: señora, estoy buscando nuevamente al señor Caicedo. Nosotros no vivimos aquí, ya nos vamos para los Estados Unidos. Señora, ustedes ya no se van para los Estados Unidos, al señor Caicedo lo están entrevistando en Caracol y dijo que viene a presentar un libro dentro de dos semanas, dígale que hay un hijo de él que lo busca hace 50 años, y ahí empezó la historia.

¿Qué cuenta la historia en sí? 

Es una historia de guerra, es la guerra colombiana que ha sido escrita desde todas las perspectivas, esta es escrita desde la perspectiva humana porque es la guerra vista a través de los ojos de un niño. Este niño, es un niño guerrillero y yo era un oficial del Ejército. Esta es la fotografía (y muestra la fotografía que está en la carátula), aquí me ven como oficial del Ejército y aquí está el niño.

Un día me llaman del batallón Tenerife, yo era un oficial de inteligencia y estaba en una base sobre el Caquetá, en la entrada de El Pato, y estaba mi base de operaciones en la hacienda El Cedral de Jorge Villamil. Estando allá, me envían este niño, el niño había sido capturado en una acción de combate y durante seis semanas lo habían interrogado y no soltó prenda, no dijo nada.

Me lo enviaron, yo era oficial de inteligencia, a ver si podía obtener alguna información. Entonces este muchacho, a las dos semanas que no me hablaba de pronto me miró a los ojos, me dijo: yo lo conozco a usted. ¿Usted me conoce a mí? Sí, lo conocí en la pasada navidad, yo le perdoné la vida a usted. Y me relató como él hacía parte de un grupo de 37 guerrilleros que hicieron un asalto en la vereda de Versalles del municipio de Tello y tan pronto hicieron la masacre dejaron ir unos campesinos y montaron una emboscada para esperar la reacción del Ejército. Yo estaba en El Cedral, la hacienda de Jorge Villamil, organicé lo que se llama una patrulla Frankenstein, porque estamos en navidad, el tipo de la cocina, el chofer… montamos una patrulla para reaccionar. Nos habían montado una emboscada, a la emboscada entré yo antecitos de las 6 de la mañana, pero nos salimos de la emboscada porque era muy sospechosa; era en un corte de la cordillera, a un lado, selva al otro lado y tenía una curva el camino, nosotros no pensábamos en nada, pensamos que el campo estaba minado.

¿Hablamos de que año?

Hablamos del año en que se crean las FARC, 1966. En marzo de 1966 en la segunda convención en la región del rio Duda se crean las FARC. Acuden todos los grupos guerrilleros que en ese momento conformaban el Bloque Sur, a excepción de dos que no pudieron ir: ni la gente de El Guayabero, ni la gente de El Pato. De resto fueron: los de Marquetalia, Rio Chiquito, La Francia, Ucrania, Sumapaz, el Duda, fueron todos, pero dos no pudieron ir que eran precisamente los grupos en los cuales yo estaba operando.

¿Y el niño está vivo? 

Es una pregunta muy difícil porque hace dos semanas hice la presentación en Colombia de esta novela en la librería Lerner. Teníamos 40 amigos invitados, periodistas, colegas míos… aparecieron 130 y entre los 130 casi todos los que están en esta novela, que se conocían porque los hilos de la historia se entrecruzaron, pero 50 años después no se reconocían. Llegó un momento cuando yo les expliqué que Enrique no vive en una ciudad, Enrique vive en la misma montaña donde combatimos y no me puedo hablar con él sino los sábados cuando él sube a una cuchilla de la cordillera y podemos tener contacto, o cuando baja a Colombia, Huila y podemos hablar, y les dije vive muy lejos, pero les tengo una sorpresa, Enrique está con nosotros. 130 personas lloraron en ese momento, y el próximo domingo 29 de abril que es el último domingo de la Feria y el último domingo de abril estoy como autor invitado de la FILBO a presentar esta novela. Hablé con Enrique ayer y me prometió que va a estar con nosotros ese día.

Bueno, cambiamos de tema como militar que conoce a las FARC al derecho y al revés, usted de ese lado, yo como corresponsal de guerra y después estar en poder de ellos, ¿cree que se acabó el proceso de paz con la ida de Iván Márquez a Miravalle en El Caguán? 

No, la paz es irreversible como un sentimiento, la paz es irreversible como un documento sobre un papel, pero mientras exista en Colombia un vacío de Estado, alguien lo va a llenar y ahí se acaba la paz. Mientras no pueda la clase dirigente de este país en 60 años solucionar la gran ecuación de la ausencia de Estado en la mitad del país seguirá habiendo la potencialidad de que volvamos a la guerra.

¿Por qué se fue de Colombia?

Tuve problemas como periodista, problemas críticos, me hicieron dos atentados y decidimos cargar la mochila y partir. Cuando se me atravesó esta historia, del niño que me perdonó la vida, llevábamos 15 años sin venir a Colombia, y nos encontramos esta historia… fuimos a los Estados Unidos y retornamos a investigar y un día del año 2015, en un cruce de caminos, gracias a dos guías que nos llevaron pude volver a abrazar a Enrique, el niño que me perdonó la vida y que yo llevaba 50 años sin verlo.

¿No le hace falta el olor de café, como el que estamos oliendo ahorita?

Bueno, ya me está haciendo falta el olor a café cubano, porque ¿tú sabes cual es el mejor café del mundo?

¿Cuál?

El mejor café del mundo es un café colombiano, preparado en una máquina italiana, al estilo cubano por una muchacha de República Dominicana.

¿Hablamos de política?

Lo que quieras.

¿Álvaro Uribe o Juan Manuel Santos?

A los dos les tengo un gran respeto. Me hicieron esa pregunta, creo que en CNN hace un mes cuando hice el lanzamiento en los Estados Unidos y yo contesté: yo no soy santista, no soy uribista, no soy petrista, yo soy periodista, cronista y caricaturista.

¿Pero si estuviera aquí, por quién votaría?

No, es muy complejo porque la situación política por primera vez en la historia de Colombia la situación política no está en el centro sino está en los extremos. Por primera vez porque si repasamos la historia, nosotros nos encontramos siempre en una situación de que todos ocupamos el centro. No ha habido un proceso electoral donde los colombianos no hayamos estado en el centro a excepción de esta vez, estamos en los extremos.

¿Cuántos hijos tiene?

Tengo dos hijos, la niña en Washington y mi hijo en Austin, Texas. Ya el nido vacío.

¿Tengo entendido que está casado con alguien que tiene que ver con libros?

Claro, mi señora Catalina, es mi segundo matrimonio. Camilo Egaña en CMI me preguntó que cual había sido el mayor logro de mi vida y yo le respondí: sobrevivir. Porque he sobrevivido a dos matrimonios, dos hijos, dos nietas, dos cánceres, un infarto y cuatro novelas.

¿Y cuantos años?

Voy a cumplir 74 años, no se me notan…

No se le notan para nada

Mira te muestro (y señala la fotografía en la parte final del libro), esta fotografía es del año 1966, en el momento en el que se crean las FARC y yo estoy aquí con el niño guerrillero. Cincuenta años mas tarde en la misma región nos tomamos la misma foto y el niño guerrillero parece más viejo que yo.

¿Por qué tomó el periodismo desde ese estilo?

Yo empecé con un periodismo hecho en casa. ¿Qué es hecho en casa? Yo empecé a trabajar como asesor creativo para proyectos especiales en el periódico El Tiempo. Nunca trabajé en El Tiempo, nunca trabajé en la redacción de El Tiempo, yo trabajaba como asesor al nivel de la alta gerencia, al nivel de la presidencia, yo era encargado de imaginarme, porque mi principal patrimonio intelectual es la creatividad, yo hacía proyectos especiales para el periódico El Tiempo. Tal vez tu recuerdas uno que hice yo que se llamó La Cápsula del Tiempo, otro proyecto que fue histórico que fue La Máquina del Tiempo, cuando decidí que estas historias, que eran historias totalmente…umm, sospechamos…y entonces tratando de imitar un poquito a Wells con el “time machine” yo invitaba a los lectores de El Tiempo todos los domingos a que fuéramos a hacer un viaje en la máquina del tiempo, a otras épocas para que me ayudaran a resolver los mas grandes enigmas del siglo XX, entonces nos metimos en unas cosas deliciosas, espectaculares… y estás invitado el 24 de julio del año 2052… apunta en tu libreta

¿Cómo ve en este momento el periodismo colombiano?

Tengo una visión mucho más amplia, que es el periodismo americano, y como cuando los Estados Unidos estornuda, se resfría Latinoamérica, toda esa crisis del periodismo en los Estados Unidos tarde o temprano se va a sentir acá. El periodismo está en una gran crisis en los Estados Unidos; el periodismo es el que realmente hace un balance del poder, es un periodismo crítico, un periodismo en busca de la verdad, tiene un enemigo grandísimo que se llama Donald Trump y eso si que es un antecedente funesto para el periodismo en el mundo. Cuando trata el señor Trump a los periodistas de mentirosos, cuando pone en duda un editorial del New York Times, del Washington Post, de Los Angeles Times, esa “falta de respeto” de una institución como lo es el periodismo, realmente le está haciendo pésimo favor a la democracia.

Armando Caicedo es el autor de varias obras literarias las que han sido publicadas por la editorial Palabra Libre:

Novela

“El niño que me perdonó la vida”

“Viva el obispo ¡Carajo!”

“Abril nace en enero”

“Concierto para Delinquir”

Crónica histórica

“70 Años de Historia detenidos en El Tiempo”

“Historia de los Juegos Olímpicos Antiguos”

Sátira

“¿A que huele el humor?”

Humor gráfico

“Cartoons de un Fulano de Tal”

Selección de caricaturas políticas publicadas por Caicedo en ETL/The Washington Post

Poesía

“Poemas de la A a la Z”

“Dos poetas contra el muro”

Proyectos editoriales en El Tiempo

Investigación y crónica histórica:

“La Capsula de El Tiempo”

“El Tiempo del Descubrimiento”

“La Máquina de El Tiempo”

“La Clave de El Tiempo”

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