sábado agosto 11 de 2018

Estaba el Fervor…Y estaba Roldán.

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Con llamadas a Jesurún, a Jorge Vélez presidente de la comisión arbitral, a  Jorge Perdomo y Álvaro González, el Once Caldas, a través de su dirigencia, advirtió sobre la inconveniencia de nombrar a Wilmer Roldán como árbitro del juego ante Tolima. “ Es garantía, es el mejor, es juez FIFA”, fue la respuesta. Su presencia significaba una reacción incendiada en la tribuna, después de las severas criticas, tras sus errores en el reciente partido con Santa Fe.

Dicho y hecho. Sus decisiones privaron al blanco de un resultado superior, especialmente en la omisión del penalti a Sinisterra, tan aparatoso como visible, y el de Robayo, tan evidente, como decía el gran Javier Giraldo Neira, como la catedral.

Respecto al partido, El Once Caldas tuvo a Cuadrado en inmensa expresión. Un desatino al comienzo, con despeje imperfecto que habilitó al venezolano Orozco, fue opacado por tres brillantes intervenciones, especialmente una  a boca jarro de Robin Ramírez, que expulsó de su portería con reflejos y agilidad. Volvió a ser el Cuadrado, tantas veces redentor.

La cancha en deplorable estado daba para competir sin lujos, peleando cada balón cono si fuera  el último. Evitando trasteos de pelota que suspendía recorridos en la grama empozada. De punta y “pa’rriba”, como en el potrero, con el corazón en la mano en cada rebote. Con seriedad plena en cada acción, mimetizando  debilidades,  para evitar patinazos comprometedores. Imponiendo físico y voluntad.

Recio rival es el Tolima. Buena nómina, buen diseño, buena actitud. Jugadores desequilibrantes y oficio para jugar.

El sueño de la semifinal esta intacto, a pesar de la estreches del resultado y las calidades del oponente. El Once Caldas ha demostrado que es un enemigo incomodo porque  ha convertido un  equipo del común, en un  rival para respetar. Como incomodo es Roldan.

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