lunes octubre 22 de 2018

Galimatías

 Por Augusto León Restrepo

En mi columna “Comedia Inaudita”, editada en Eje 21 del 11 de mayo del año en curso, escribí lo siguiente: Salvo que los liberales uribistas, con Uribe y Duque a la cabeza hayan apostatado de sus principios, no vemos como van a predicar y practicar las oscurantistas doctrinas del Partido Mira, de Somos de Vivian Morales, en revoltijo con los ortodoxos de Martha Lucía Ramírez y de Alejandro Ordóñez y sus Caballeros de la Virgen. Palabras textuales.

Mi amigo y paisano ansermeño Luis Montoya Moreno, ex diplomático, me envió la siguiente nota que transcribo: Augusto León me parece de pésimo gusto y falto de Veracidad. (Sic). Colocar a los Caballeros de la Virgen como Orfodoñistas. (Sic). El Dr. Ordóñez es tradicionalista (lefebrista). Muy lejos en materia religiosa de los Caballeros. Es diferente que yo sea su amigo. En la Iglesia de Tocancipá han sido acogidos políticos de todos los matices. Lara, Cristo, Simón. Las esposas de varios candidatos etc. En los Caballeros hay de todo, incluso muchos abstencionistas. Los Caballeros de la Virgen nunca han hecho pronunciamientos políticos. Te ruego ser más cuidadoso en tus informaciones. Saludos. Luis.

Nos damos por enterados: los Heraldos del Evangelio, conocidos como Los Caballeros de la Virgen, “asociación privada de fieles de derecho pontificio de la Iglesia Católica”, no son Ordoñistas. Ni Alejandro Ordoñez, Caballero de la Virgen. Valiosa aclaración. Y Los Caballeros de la Virgen nunca han hecho pronunciamientos políticos. Mejor aún. Agua bendita con mermeladas y cultos y diezmos revueltos con política, son bombas molotov. Y acepto el regaño Luis. Voy a ser más cuidadoso en mis informaciones. Debí haber averiguado antes en que terminó la alianza doctrinal entre Alejandro Ordóñez y el Pastor Protestante  David Name Orozco, que, como es de suponer, nada tiene que ver, tampoco, con Los Caballeros de la Virgen. Y haber mirado que como en los Caballeros de la Virgen hay de todo, quiénes, con nombre propio, hacen parte del Centro Democrático, en alianza con los protestantes, liberales uribistas y conservadores santistas, mermeladistas y entreguistas, hoy pastranistas y de Martha Lucía. Mejor dicho, pasemos a otro tema, que no entiendo nada de este galimatías.

Galimatías es desorden, confusión, embrollo, lioso, sin sentido. Y tiene que ver con uno de los Doce Apóstoles. De los que acompañaron a Jesucristo. No con los de Antioquia, conocidos de autos. Con Mateo el Evangelista. Les iba a echar el cuento, pero para eso está Google, como diría el candidato presidencial Sergio Fajardo.

El otro tema a plantear es el del sistema electoral colombiano. Que confusión, que caos. Otro galimatías. Consideraciones de fondo podríamos abordar. Pero como esta columna de hoy salió como medio light, pues citemos a alguien que es el prototipo de quien escribe light: Poncho Rentería, creador del estilo periodístico de peluquería. Dice Poncho en su último escrito de El Tiempo, que hay que esperar el domingo 27 de mayo para saber a ciencia cierta quienes son los finalistas en la carrera por el solio presidencial colombiano. “Y clamar para que ese día no haya fraudes ni disturbios. Alerta: un fraude electoral sería gravísimo. Atánjelo a tiempo”.

Si señor. Desde los más diversos partidos, ya han empezado a anunciar que hay que ejercer estrecha vigilancia sobre las urnas. El gobierno, el Consejo Nacional Electoral, el fresco e ineficiente Registrador Nacional, los candidatos presidenciales, deben activar sus mecanismos para que cualquier duda o interrogante sobre el desarrollo de los comicios del domingo 27, sea solucionado mediante procedimientos pacíficos. Nada de justificar derrotas o victorias estrechas con el expediente del fraude. Ni consignas para desconocer los resultados. Los directivos de las campañas, en forma unánime, deben comprometerse para que se acepte el veredicto popular. Y que si hay irregularidades, que se apele a las instancias legales establecidas para solucionarlas, si llegaren a presentarse. No a las guachafitas ni a los disturbios. Por ahí comienza otra clase de violencia, cuyas consecuencias son incalculables. Y el palo no está para cucharas.

Post Scriptum:

Nos pusieron a escoger entre Popeye y Santrich. Entre Lutero, el de las indulgencias, y el Papa Francisco, el de la Reconciliación y el Perdón. Entre los Ferragamo y los Crocs. ¿Quien podrá defendernos?

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