jueves julio 19 de 2018

“El tubo tuvo la culpa”

Por Esteban Jaramillo Osorio

Para los argentinos, en la derrota, el demonio es Messi. Con ello, en cada caída, se agiganta la leyenda de Maradona,  otrora estrella, convertido hoy en un sujeto incontinente, desfachatado e indeseable, por el empeño de bocazas periodistas, buscando la verdad entre estridencias y conflictos, de celebrar sus desafueros, o de compararlo con el astro de Barcelona. Paralelo subjetivo que desconoce de esfuerzos y habilidades, pregonando siempre que aquel, el de los requiebros maravillosos, el gol con la mano y su expulsión por doping, es mejor que este, Messi, llamado pecho frío.

En Colombia, en las caídas , el culpable es el árbitro. Es nuestro peregrino argumento para disfrazar los errores, en un complejo libreto de justificaciones, con delirios de persecución incluidos, que van desde la predisposición de la FIFA  con sus jueces, hasta la falta de respeto que generan nuestros dirigentes, siempre tan cuestionados.

Se llega al extremo de distorsionar, con  engaño o desconocimiento, lo ocurrido. Que el balón salió. Que no. Que las sustituciones no permitidas. Que el penalti no fue penalti. Que el gol anulado. Que fue mal expulsado este o aquel jugador, o que  fue gol de Yepes.

Tanta pericia para adjudicar responsabilidades a los demás, sin asumir las propias.

Cierto es que hoy se premia el esfuerzo de nuestros futbolistas, porque jugaron con el corazón en la mano, llenos de coraje, peleando cada centímetro del campo, hasta el último instante. Ellos, a propósito del árbitro, nunca se quejaron, al igual que el técnico de turno.

Pero conformismo y tolerancia  excesivos, maquillan muchas veces la ausencia de alternativas en la conducción del equipo, los fallos en la elección de los jugadores, las variantes sin recursos o la tardanza en las soluciones. Lo que hace cuatro años deslumbraba hoy es un enredo. Viendo los protagonistas de cierre en el mundial, queda la sensación de que tuvimos con que estar clasificados para construir historia. Como decía mi madre: “Con hambre y la nevera llena”, porque en la selección no solo estaba Mina, como salvador de turno.

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