sábado noviembre 28 de 2020

El padre y el hijo

orlando cadavid

Por Orlando  Cadavid Correa

Le vienen como anillo al dedo al arrogante periodista  Luis Carlos Vélez, el director de noticias del Canal  Caracol, dos viejos y conocidos refranes populares: Uno: “hijo de tigre, sale pintado”. El otro: ”de tal palo, tal astilla”.

El egocéntrico entrevistador de voz aflautada heredó de su padre, el polémico cronista deportivo Carlos Antonio Vélez, la prepotencia que lo ha caracterizado a lo largo de su dilatada carrera en los medios de comunicación del país.

El taita carga el remoquete de “MidiosAntonio”, que le impusieron hace tiempo sus colegas de oficio por considerar que su autosuficiencia siempre lo ha llevado a creer que la suya, en materia futbolística, “es palabra de Dios”.

El alias de Vélez Naranjo –que parece tenerlo sin cuidado– lo recogió en una viñeta, en El Espectador, en la recta final de la primera vuelta presidencial, el ingenioso caricaturista Héctor Osuna, en la que dibujó  a estos dos modelos de la modestia y la humildad, en la que el hijo le dice al papá de la calva reluciente:

“Papi, regañé a los presidentes”, a propósito del penoso show televisivo  en el que manoseó a su antojo, el viernes 23 de mayo, a los aspirantes al solio bolivariano, cuando se cerraba la campaña.

En los prolegómenos del debate que pretendió conducir, Vélez Marroquin, quien tiene un gran concepto de sí mismo, les prohibió terminantemente a los competidores de Santos que le faltaran al respeto al Presidente y que lanzaran críticas al gobierno de turno. Además, reservó el mejor y más cómodo de los cinco sillones del set para el actual inquilino de la Casa de Nariño.¡Qué episodio tan vergonzoso!  Bochornosa demostración de parcialidad que no se compadece con la falta de garantías que debe caracterizar esta clase de ejercicios  periodísticos.

CNN –la más importante red gringa de periodismo televisivo—tuvo en su nómina, en Estados Unidos, al heredero de “Candelo” (como fue apodado inicialmente, en su natal Manizales) hasta cuando se hartó de sus desplantes, y decidió no renovarle el contrato. No hubo, pues, renuncia suya al cargo en el que estaba tan amañado.

Hace dos años, al ser enganchado, en Bogotá, como director de noticias del Canal Caracol, Luis Carlos “importó” de Atlanta,  sin el debido permiso de sus ex patrones mechimonos, todas las muletillas que ha hecho famosas la cadena de las tres consonantes: “Estamos cubriendo esta noticia desde todos los ángulos”… “Esta es una noticia en desarrollo”… “Bienvenidos a la edición central” … “Nuestras noticias tienen contexto” y otros etcéteras ajenos.

Cuando se produjo el aterrizaje de Vélez-hijo en el Canal de los Santo Domingo, empezó a advertirse una gran vorágine de crónica roja que convirtió al medio en una copia de un pasquín semejante al desaparecido semanario paisa “Sucesos Sensacionales”, y al diario bogotano “El Espacio”, que era una sucia combinación de sangre y semen.

Con justificada razón, el sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar, en su columna de El Tiempo,  llamó “Morticieros” a los informativos del  periodista “importado” de Estados Unidos, donde continúan brillando en su añorada CNN los periodistas colombianos Juan Carlos López y Ángela Patricia Janiot.

Como  no hay nada nuevo bajo el sol, el hijo de Carlos Antonio ahora promociona “Los titanes”, una imitación de los concursos que realizan año tras año distintos diarios del país para seleccionar  a los colombianos más sobresalientes en distintos frentes de la actividad nacional.

La apostilla: En su Pantalla & Dial, que se difunde semanalmente por las redes sociales, el colega Edgard Hozzman escribió a propósito del tema principal de esta entrega del Contraplano: “Luis Carlos Vélez hizo del debate la mejor tribuna para su megalomanía; se mostró prepotente e impuso sin ninguna vergüenza las reglas de su show. El debate fue un lamentable y triste sainete”.

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