viernes enero 22 de 2021

A VUELAPLUMA

07 abril, 2015 Opinión

Augusto León Restrepo RamírezPor Augusto León Restrepo

 Lo bello existe. Ahí está. En lo visual, queda, se objetiva, se puede repetir. En otras expresiones estéticas, como la música, efímeras, de instantes, se requiere que confluyan circunstancias, que se alinien factores, para vivir instantes, minutos, que producen emocionantes e irrepetibles elaciones. Hagan composición de lugar. Bogotá, Colombia, viernes santo. Diez de la mañana. Frío y lluvia, afuera. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, lleno en su totalidad por 1300 asistentes, que es su aforo. En escena, la Orquesta de Cámara de Viena, integrada por unos treinta músicos de reconocida solvencia interpretativa. Al frente, su Director Stefan Vladar, cuya labor será inolvidable. Sus gestuales manos, el sentimiento que le imprimió a la Orquesta, las sutilezas aéreas de que hizo gala, creemos, contribuyó en gran medida a la comunión que se dio entre el público y los intérpretes. Las Obras , la Obertura de la Opera La Flauta Mágica ( 1791 ), el Concierto para violín No 3 en Sol Mayor ( 1775) y la Sinfonía No 39 en Mi bemol Mayor , todo De Wolfang Amadeus Mozart, dentro del evento Bogotá es Mozart. La violinista Isabelle Van Keulen, quien asombró a la audiencia con sus sonoros malabarismos instrumentales. Los violines, las violas, los chelos, los contrabajos, las flautas, los oboes, los clarinetes, los fagotes, los cornos, las trompetas, los trombones, los timbales, con sus coordinados acordes y la inspiración de sus ejecutantes, provocaron la clamorosa y prolongada ovación de los asistentes. Allí estuvo la belleza de cuerpo presente. Que, para reconocerla, no es indispensable ser melómano ni músico galardonado, si no tener el sentimiento a flor de piel, lo que lleva sin esfuerzo, levemente, a la conmoción espiritual.

Quienes no somos doctos ni especialistas, desconocíamos o habíamos olvidado la genialidad polifacética de Mozart. Durante su corta existencia – murió a los treinta y cinco años a causa de una infección renal – se paseó por todos los géneros de la música seria. Operas, conciertos, sinfonías , corales, mas de seiscientas piezas, se escucharon en los refinados salones de la aristocracia y de la realeza europeas. Nacido en Salzburgo el 27 de enero de 1756 y falllecido en Viena el 5 de diciembre de 1791, es quizás el mas conocido y reconocido músico clásico, casi que hasta el mas popular con Beethoven y Bach. El denominado » efecto Mozart «, es una realidad. Así no se reconozcan a primer oido sus obras, ellas se oyen en ascensores, gabinetes de odontología, clínicas siquiátricas, colegios de infantes y hasta establos y criaderos para estimular la reproducción y producción animal. O silbadas por cualquier transeunte. Prosaico, pero cierto. Y las embarazadas y gestantes sostienen que sus piezas son sedantes efectivos para sus crías. El hecho es que Mozart es inigualable y que la experiencia a que aludimos al principio de esta nota, la repetimos en los conciertos a los que tuvimos la suerte de asistir. No es exageración coincidir con lo que los críticos han expresado: » Mozart es la pasión y la alegría, pero al mismo tiempo la oscuridad y la tristeza : de la Marcha Turca a La Flauta Mágica y del Requiem a la Sinfonía 40 en sol menor. Mozart con la sola fuerza de su empeño creativo, condujo a la humanidad a un estadio superior y sublime: al límite de lo humanamente concebible «. Editorial del diario Bogotano El Espectador.

Sesenta y tres conciertos, diez y siete de ellos gratuitos; 50.000 localidades vendidas a precios que oscilaron entre los cuatro y treinta dólares; quinientos setenta artistas de catorce países y lleno completo en los quince escenarios dispuestos para los cuatro días de Bogotá es Mozart, es prueba del éxito estruendoso del evento y del plausible esfuerzo económico de patrocinadores como Suramericana de Seguros, Banco de Colombia y muchos otros y de los organizadores, a cuya cabeza estuvo Ramiro Osorio y su equipo del Teatro Julio Mario Santodomingo, y la Alcaldía de Bogotá. No vimos a su Alcalde Gustavo Petro ni en la inauguración ni en el cierre, pero estuvo muy bien representado por su Secretaria Distrital de Cultura Clarisa Ruiz, quien en atildadas y precisas frases dio a conocer el decidido patrocinio de la Alcaldía bogotana para la celebración de la fiesta musical. Mis reconocimientos Alcalde Petro por su eficiente patronazgo ajeno a la demagogia a la que nos tiene acostumbrados. Y justa, justísima la ovación para Ramiro Osorio, por haber sacado adelante tan exigente empresa cultural . Anunció para dentro de dos años, en 2017, la realización de Rusia en Bogotá, con la interpretación de las obras de los grandes exponentes de su música. Como para alquilar balcón desde ya.

Sería injusto no exaltar la presencia de nuestros músicos colombianos en el Festival Mozart. La Filarmónica joven de Colombia, dirigida por Adrián Chamorro auspiciada por Davivienda, integrada por músicos hasta los treinta años de edad, emocionó a quienes estuvimos en la función inaugural el miércoles santo por la noche, con la muy brillante interpretacion de una obertura, un concierto y dos sinfonías de Mozart. La Orquesta Filármónica de Bogotá, dirigida por Francisco Belli y con Simón Mulligan al piano el viernes santo se llevó los aplausos y la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, dirigida por Tomás Golka acompañó con maestría a intérpretes españolas, quienes nos ofrecieron un inusual concierto para tres pianos. Y las voces de la Sociedad Coral Santa Cecilia, dirigida por Alejandro Zuleta y del Coro de la Opera de Colombia bajo la dirección de Luis Díaz Herodier, con destacada solvencia interpretaron sus papeles en los conciertos de la la segunda Orquesta en tamaño de Alemania, la Staatskapelle Halle, con 152 integrantes, y de la Camerata Salzburg de Austria. Salieron airosos nuestros músicos colombianos frente a los exigentes maestros y grupos europeos. Este público y esta organización cultural es una sorpresa en un país que lleva cincuenta años en guerra, le oímos decir en dificultoso español a un músico austríaco mientras degustábamos un café bajo la carpa de Suramericana de Seguros. Y viéndolo bien, hasta razón tiene.

 

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