sábado noviembre 28 de 2020

El camino propio hacia el  desarrollo de América Latina

Jorge Emilio Sierra Montoya

 Por Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

Tomado de http://www.eje21.com.co/

Apartes de mí prólogo al libro “José Consuegra Higgins: El camino propio hacia el desarrollo”, publicado por la Universidad Simón Bolívar para celebrar los 50 años del lanzamiento, en México, de la Teoría propia del Desarrollo en América Latina.

¿Qué es la Teoría propia del Desarrollo en América Latina? Que los latinoamericanos, en síntesis, tengamos nuestro propio modelo de desarrollo, no que éste nos lo impongan desde fuera, de los países extranjeros y especialmente de las grandes potencias, como prueba de su dominación y la correspondiente dependencia de nuestros países.

Y claro, la dependencia, que padecemos desde la conquista española hasta hoy bajo el sistema capitalista en su etapa avanzada del imperialismo, es de tipo económico pero también político, social, educativo, cultural y en la vida cotidiana, las modas y cosas por el estilo, que nadie puede negar.

Tan lamentable situación es evidente por todos lados, más aún en el marco actual de la globalización, de las poderosas empresas multinacionales con hipermercados a granel, de la uniformidad mundial en los gustos, las formas de vestir, las marcas, etc.

¿Qué debemos hacer?

Frente al sombrío panorama descrito, ¿qué hacer? Ante todo, valorar lo propio, los valores autóctonos, nativos, que conforman la identidad cultural, basada en las tradiciones locales, en la historia nacional y regional, y en figuras emblemáticas como nuestros libertadores del colonialismo hispano en la época de independencia, encabezados por Bolívar y San Martín, pasando luego por José Martí, Andrés Bello, José Carlos Mariátegui, Pablo Neruda y tantos otros que dieron incluso su vida por la emancipación de Indoamérica.

Bolívar, en primer lugar. En cuyo nombre, José Consuegra Higgins fundó su gran escuela, aquella que encarna los ideales libertarios, de revolución e independencia, de soberanía popular y dignidad humana: la Universidad Simón Bolívar.

En su opinión, con el debido respaldo bibliográfico, El Libertador es el pionero o precursor de la Teoría propia (tanto en lo político como en lo económico) y de las estrategias defensivas para enfrentar o superar la dependencia, a partir de la integración regional y el proteccionismo.  Bolívar es el Padre de la Patria y nuestra Patria es América, recordemos.

En esa misma línea, Consuegra enuncia los principios generales de la Economía, vista como una ciencia social y humana, política e histórica, siempre con el propósito de elaborar una Economía Política propia, de América Latina, no la que viene expuesta en manuales extranjeros, para condiciones sociales diferentes a las nuestras, cuyo propósito de fondo es perpetuar la dependencia a que aludimos.

Esta visión económica, con un alto grado de influencia marxista, era de esperarse en un economista como él, comprometido desde su juventud con la línea socialista, demócrata, de Jorge Eliécer Gaitán y de su profesor Antonio García, habiendo sido siempre fiel a tan nobles ideales, sin perder su justo y permanente reclamo por lo propio, por la independencia, por no depender nunca de algún modelo foráneo, sea de derecha o izquierda, capitalista o comunista.

Y más que economista, Consuegra fue de veras un humanista, consagrado al estudio de las diversas ciencias sociales, a la promoción de la cultura y la valoración del ser humano por humilde que sea, telón de fondo para sus planteamientos. No olvidemos, a propósito, que él perteneció en forma simultánea a las Academias de Historia, de la Lengua y de Ciencias Económicas, en Colombia, con reconocimientos similares en otros países de América Latina, como México y Venezuela.

El subdesarrollo estructural

Llegamos así al centro del pensamiento de José Consuegra Higgins: la Teoría de la dependencia y el subdesarrollo estructural, según la cual el subdesarrollo de América Latina es causado, de manera estructural, por la dependencia que no es sólo económica -insistamos- sino también política, social, cultural, universitaria, etc., según él lo demostró en sus múltiples análisis políticos, históricos y académicos, cuando no en referencia a situaciones concretas de la vida diaria, cotidiana, por la experiencia personal que todos tenemos.

De hecho la Cepal, bajo el liderazgo indiscutible de Raúl Prebisch, enfatizaba en los factores estructurales del subdesarrollo, lo que justificó en su momento ser identificada como la Escuela Estructuralista. Consuegra, sin embargo, iba más lejos, de la mano del marxismo, para arremeter contra el capitalismo dependiente e incluso contra el imperialismo, con una valiente actitud de independencia, libre examen y conciencia crítica, que no podemos calificar sino como revolucionaria.

Más aún: si bien él se formó, desde los años cuarenta y cincuenta, en la Teoría del desarrollo que estaba en boga con diversos modelos que eran objeto de estudio entre los economistas (el de Kuznets, por ejemplo) y al surgir los primeros planes de desarrollo en Colombia, considerados la pieza clave para dar el anhelado salto al desarrollo, fue en los años sesenta cuando se proclamó entre nosotros la Teoría propia del Desarrollo en América Latina, cuya tribuna internacional fue su revista “Desarrollo Indoamericano”.

En efecto, el selecto grupo de analistas sociales reunidos en México en 1965 -¡hace medio siglo!-, provenientes de distintos países latinoamericanos y tendencias políticas aunque de veras más orientadas hacia la izquierda, dejó en claro que la Teoría del Desarrollo “sólo puede ser formulada -al decir de Consuegra- desde los propios países que padecen las situaciones desventajosas”.

En aquel grupo aparecían, es preciso anotarlo, cepalinos como Celso Furtado y figuras tan prominentes como Fernando Henrique Cardoso (quien años después llegó a la Presidencia de Brasil, siendo ahora representante de la Tercera Vía, nueva tendencia ideológica en la que también aparecen Tony Blair, Bill Clinton y Juan Manuel Santos).

Guerra al capitalismo salvaje

¡He ahí el nacimiento de la Teoría propia del Desarrollo en América Latina! Pero Consuegra, por fortuna, pudo ir más allá de tales orígenes y circunstancias marcadas por el fin de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría entre el capitalismo y el comunismo, el desplome de la Unión Soviética, el avance incontenible de la globalización y el neoliberalismo con su modelo de apertura económica a cuestas. Él, por fortuna, pudo presenciar dichos fenómenos, entre los cuales hoy sobresale la adopción de la economía de mercado en China, nación que empieza a disputarle el poder hegemónico a Estados Unidos, sin abandonar su modelo político comunista, por absurdo o paradójico que sea.

Por enésima vez, con vigor juvenil, Consuegra arremetió contra el capitalismo salvaje; contra el modelo clásico que rinde un culto exagerado, disponiendo de enormes capitales y sofisticadas tecnologías, al mercado y al libre comercio, donde presuntamente todos ganan; y, en definitiva, contra la dependencia con su disfraz de vieja data, ocultando siempre sus mezquinos intereses.

E igual que antes o que siempre, la dependencia es económica, con privatizaciones a diestra y siniestra, con altos niveles de endeudamiento y fuga masiva de capitales; es social, pues la desigualdad campea a sus anchas en medio de la pobreza y el hambre, con elevados grados de concentración de la riqueza; y es cultural e ideológica, sin que nadie pueda oponerse -al decir de Stiglitz- a este fundamentalismo del mercado. Estamos en una encrucijada, sin duda.

Se trata de un retroceso histórico, asegura Consuegra. Fruto, en su concepto, de errores manifiestos en los supuestos teóricos del neoliberalismo, desde el modelo de competencia perfecta (que en realidad es imperfecto o una vana ilusión) hasta las mencionadas ganancias de los diferentes países, tanto ricos como pobres, cuando la verdad es que estos siguen a merced de aquellos, sometidos a sus reglas de juego que tanto los benefician.

Prueba de ello son las continuas crisis financieras internacionales, el creciente deterioro ambiental y la misma violencia desatada a lo largo y ancho del planeta, mientras numerosas empresas locales se fueron a pique.

En buena hora -observa Consuegra, optimista-, “la inquietud por lo propio vuelve a asomarse”. Y es acá donde saltamos a la etapa final, constructiva, dejando atrás el diagnóstico crítico de la situación reinante en la actualidad.

(*)Director revista “Desarrollo Indoamericano”

[email protected]

 

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