martes junio 15 de 2021

La escritora española Alicia Giménez Bartlett estará promocionando su novela Hombres Desnudos en Bogotá

11 mayo, 2016 Libros, Variedades

Novela HOMBRES DESNUDOS

La escritora española Alicia Giménez Bartlett, ganadora del Premio Planeta 2015, estará en Bogotá del lunes 16 al miércoles 18 de mayo promocionando su novela HOMBRES DESNUDOS

Hay momentos en que la vida te pone contra las cuerdas.

Una novela tan provocadora como necesaria.

Irene acaba de divorciarse. Mejor dicho, su marido la ha dejado por otra mujer más joven y más divertida. Irene está como anestesiada. Su matrimonio no era como para tirar cohetes, pero la humillación ante los amigos, la sensación de sentirse como todos los demás, como una fracasada, no la abandona. La empresa que le legara su padre está al borde de la quiebra; eso es lo que más le duele, defraudar la memoria de su padre, un padre que es el único hombre al que de verdad ha querido, tan recto, tan perfecto, tan suyo. “Mi proyecto de futuro se oxida poco a poco y encima me he convertido en una abandonada, como hay miles”.

Deja de quedar con sus amigos, no quiere ver sus caras de circunstancias, no quiere ser objeto de cotilleos y pena ficticia. Por ello comienza a salir con su amiga Genoveva, una mujer mayor que ella, divorciada, que se ha puesto el mundo por montera y no se preocupa del qué dirán.

Javier es un profesor de refuerzo de Literatura, al que la crisis ha dejado en el paro. Afortunadamente su pareja, Sonia, tiene un buen trabajo y Javier no está demasiado apurado por encontrar una nueva colocación. A Sonia le gusta que Javier sea así, poco ambicioso, no como esos otros hombres que ha conocido pegados al teléfono, ansiosos, estresados, intentando ser siempre el número uno. A Javier lo que más le ha interesado siempre es tener tiempo libre para leer un buen libro. Pero los meses pasan y el trabajo no aparece y Sonia empieza a impacientarse. Está bien una cierta falta de ambición, pero esto quizá ya es demasiado.

“Fui un estudiante mediocre. No me presenté a ninguna oposición porque soy cobarde y temía que me suspendieran una y otra vez. No busqué un trabajo mejor porque soy perezoso y quería tener tiempo libre para leer, mi gran pasión. Me he dejado llevar por las corrientes que me arrastraban con más facilidad. Soy acomodaticio. Me conformo con poco y he intentado considerar eso como una virtud, cuando en realidad es un defecto. Nunca me he enfrentado a retos, ni idealistas ni materiales. Soy muy poca cosa.”

Casi por casualidad, Javier acude al entierro de una vecina de su abuela y allí se reencuentra con Iván, nieto de la fallecida. Un personaje muy distinto a Javier. Chulo, machista, seguro de sí mismo, inculto pero con una inteligencia natural que sorprende a Javier. La vida de Iván ha sido muy difícil desde siempre. Padre muerto de sobredosis, madre yonqui ingresada en un psiquiátrico… Pero Iván no se ha dejado aplastar nunca por las circunstancias. Es más, parece vivir bien. Buen coche, buen apartamento, maneja pasta.

“Que se entere pronto, que tome nota el profe. Puede haber una crisis del copón pero a mí no me hunde ni el ejército de los putos nazis, todos disparando a la vez. Yo tengo siempre la cabeza fuera del hoyo. Por encima no me pasa ni el aire. Sé por dónde piso.”

A Iván, contra todo pronóstico, le cae bien Javier. Lo ve tan blando, tan indefenso ante la vida, tan poco luchador, que decide tomarlo bajo su protección. ¿Que busca trabajo? Él se lo va a encontrar. Y dónde mejor que con él, en el bar de estriptis masculino donde Iván trabaja los fines de semana.

Como es lógico, Javier se queda de piedra cuando Iván se lo propone. Y no digamos Sonia, su novia, que se espanta solo de imaginarlo. Pero Javier está harto de estar en el paro; aunque no necesite el dinero inmediatamente, sabe también que un profesor suplente de Literatura no tiene la más mínima posibilidad de encontrar trabajo. Así, con la idea de trabajar durante un tiempo en el club y luego buscar algo más de lo suyo, acepta la propuesta de Iván, para horror de Sonia.

“Yo siempre había deseado una vida pacífica, sin broncas, sin tensiones. He visto cómo es la convivencia con un tío ambicioso y eso no va conmigo. He conocido a muchos tíos vanidosos como pavos, competitivos como caballos de carreras. Mi chico no era así. No lo era hasta que un buen día perdió su trabajo y le dio por hacerse bailarín de estriptis. ¡Me reiría si no estuviera tan amargada! ¡Es como un vodevil barato!”

Harta de todo el asunto, Sonia abandona a Javier y este se va a vivir a casa de Iván hasta que reúna dinero suficiente para vivir por su cuenta. Pero Iván tiene nuevos planes para Javier. Por fin, le confiesa que su verdadera fuente de ingresos no es el club, sino su trabajo como chico de compañía de mujeres acaudaladas.

“El puterío es para las putas, que son mujeres. Esto es muy diferente. El caso es que te ganas una pasta gansa y todo es discreto, agradable, lo que se dice «con clase». Mira cómo vivo yo: piso cojonudo, coche, ropa de marca…, ¡un chollo!”

Después de muchas reticencias, prejuicios morales y vacilaciones, Javier accede a acompañar a Iván. Y es así como conoce a Irene. Su amiga, Genoveva, es quien la ha introducido en el mundo de la prostitución masculina y con ello Irene ha encontrado un medio de paliar su frustración o quizá de incrementarla. Porque Irene no tiene sexo con los hombres que contrata. Solo quiere verlos desnudos, quiere tenerlos frente a ella incómodos, humillados, como trozos de carne que ella domina y paga. Pero cuando conoce a Javier todo esto va a cambiar. Entre ellos se crea una relación extraña, conflictiva, viciada. Javier se enamora de la distante e incomprensible Irene y ella, poco a poco, empieza a dejar caer la barrera de frialdad que ha impuesto a su relación. O eso, al menos, es lo que cree Javier sin darse cuenta de que Irene es mucho más complicada de lo que él había supuesto.

La autora

Alicia Giménez Bartlett nació en Almansa (Albacete) en 1951. Estudió Filología Española en la Universidad de Valencia y se doctoró en Literatura Española por la Universidad de Barcelona con una tesis titulada La narrativa de Gonzalo Torrente Ballester.

En 1984 publicó su primera novela, Exit (Seix Barral). Con Una habitación ajena (1997) obtuvo el primer galardón literario de su carrera: el Premio Lumen. En los años 90 creó el personaje de Petra Delicado, la popular inspectora que ha dado pie, hasta ahora, a nueve obras de la saga y a una serie de televisión; la saga de Petra Delicado ha sido traducida a varios idiomas, y goza de gran éxito en países como Italia o Alemania. Ha recibido los prestigiosos premios Grinzane Cavour en Italia y Raymond Chandler en Suiza. Recientemente ha obtenido el Premio José Luis Sampedro 2015, del Festival Getafe Negro. También ha cultivado el ensayo con obras como El misterio de los sexos y La deuda de Eva. En 2011 obtuvo el Premio Nadal con la novela Donde nadie te encuentre.

Una apasionante novela que indaga en las implicaciones morales de la crisis

“Ahora es como si alguien le hubiera robado la voluntad, como si hubieran alterado su carácter. Se ha metido en una pesadilla absurda, pero en algún momento despertará. ¡La maldita crisis! ¡Nos va a llevar a todos a la ruina moral! ¡Vaya país, vaya mundo!”

La crisis económica y moral. Unos personajes a la deriva en un mundo que no ofrece respiro. Un modelo acabado, exhausto, roles que se entremezclan, que se funden, que chocan en un cataclismo imprevisible. Estos elementos generales sirven de telón de fondo a Alicia Giménez Bartlett para dar a luz una novela que habla de sexo, de amistad, de maldad, del cambio de roles, de los nuevos disfraces sociales y de ingenuidad, temas eternos que es imprescindible revisar en estos tiempos de cambio.

Las voces de los personajes de la novela son como afluentes de un gran rio narrativo. Hombres desnudos es una novela polifónica en la que todos los personajes hablan en primera persona a través de monólogos interiores, de soliloquios que se entrelazan con los diálogos, una original herramienta literaria que ofrece al lector una visión omnisciente de la realidad que retrata. Esa misma polifonía evita el juicio, la parcialidad del autor-narrador. Aquí los narradores son los propios protagonistas, con sus miedos, sus prejuicios, sus maldades, debilidades y mentiras.

Quizá el personaje más ambiguo de todos, el más complicado, sea Irene; ni siquiera a través de sus monólogos podemos llegar a conocerla, sobre todo porque ni siquiera es honesta consigo misma. Irene vive una batalla interior que le impide aceptar la realidad, su realidad y la circundante. Vive marcada por una infancia de padre absorbente, por un matrimonio sin amor, por una soledad emocional y una autocensura que es incapaz de trascender.

“Mi tía, la hermana de mi padre, me había dicho tiempo atrás que no debía llorar bajo ninguna circunstancia. Si lloraba mi padre se apenaría, y él ya tenía bastante tristeza con haber perdido a su esposa y bastantes problemas teniendo que vivir solo conmigo. Así que no volví a llorar jamás, ni siquiera cuando estaba sola en mi habitación.”

Javier, sin embargo, es un personaje mucho más fácil de comprender, una persona tranquila, acomodaticia, que no sabe asumir los retos de su nueva vida, y que deberá enfrentarse a los demonios del exterior para los que no está preparado.

“Mi ideal era una vida tranquila, un amor comprensivo y sereno, un alud de libros que me aportarían felicidad. Sin embargo, todo eso ha desembocado en un sueño de ficción que se ha venido abajo con los primeros vientos en contra. La vida es como Iván la percibió desde muy temprana edad: insegura, difícil, atribulada, inmediata, cruel, veloz.”

Iván es el contrapunto de Javier, es el superviviente, el pragmático, a quien nada se le pone por delante, que no sabe de juicios morales ni éticos.

“A la gente se le ponen los pelos de punta cuando se trata de matar; pero son unos blandos, ¡joder!, porque hay gente que se merece la muerte, desaparecer de la bola del mundo. Hay un montón de peña que no vale nada.”

Otro de los aspectos más interesantes de la novela es el trabajo llevado a cabo con el lenguaje. Un lenguaje muy estudiado que refleja las distintas clases sociales y culturales que aparecen en la novela, incluso las distintas personalidades: el lenguaje preciso, sin florituras, reprimido y austero de Irene; el lenguaje culto de Javier, el desinhibido, colorista y burdo de Iván. Un gran acierto que empapa la historia y a sus personajes con una apabullante realismo.

Una novela que bebe directamente de la situación actual, que indaga en ambientes que se agazapan en el borde de lo legal, de lo socialmente aceptado. Realidades que han cambiado de sujetos, donde la permeabilidad social adquiere un nuevo sentido; donde un profesor de literatura puede acabar siendo un prostituto o una mujer de la alta sociedad, bajar a los infiernos.

“Piensa que se reimplantará el orden de siempre: trabajo, familia y un puesto en la sociedad. Su catecismo es invariable: no hay que ser machista, ni racista, ni clasista. Hay que practicar la solidaridad. A ella no le ha mordido la fiera de la crisis. No se entera, no advierte que la fiesta se ha acabado; o bien cierra los ojos para no ver la realidad, pero la realidad está ahí. Da lo mismo que tengas estudios o no. Ya no hay nada mejor o peor. El modelo está muerto y enterrado, pero no existe ningún otro en el que puedas ampararte. Buscarse la vida, esa es la opción. No hay caminos. No hay destinos. Campo abierto. Alguien nos engañó, algún pastor nos llevó hasta el borde del acantilado y luego desapareció. Si te precipitas por él es culpa tuya. No hay más.”

Una novela valiente que aborda realidades que no suelen ser a menudo tratadas en la literatura. Una lectura apasionante como un thriller y de final inesperado pero también inevitable. El retrato descarnado y realista de unos personajes que buscan su lugar en un mundo sin redención.

“Lo que pasa es que tú eres un malcriado, chaval, que no piensa las cosas como hay que pensarlas. Lo malo, lo jodido, es tener un empleo pero que te paguen una mierda. ¡Ahí sí te puede entrar el complejo de la falta de dignidad y la hostia divina! Y la mayoría de la gente está en ese caso. Se pasan la vida en un curro que les importa tres carajos y a final de mes les pagan una puta mierda que no les llega ni para comprarse calcetos nuevos.”

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