viernes junio 18 de 2021

No es pan comido…

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Por Esteban Jaramillo Osorio

Empecé a enfrentar las cuestas regionales hace 25 años, convaleciente de una lesión de rodilla que desde aquella época amenazaba con retirarme del fútbol. Subí a “Patios” con regularidad, a la Calera y al alto “El vino”, en los alrededores de Bogotá. También desafié la trepada a Letras, hasta la región de Sabinas, en Manizales.

Desde aquella época tome conciencia de que el ciclismo es el deporte más duro (al lado del atletismo) por el sacrificio personal que implica. Supe, en ese argot tan propio del pedal, que es “una pájara”, o “una pálida”. Tantas veces se me pusieron los músculos de las piernas como gelatinas. Por eso nunca, nunca jamás, volví a criticar los ciclistas, porque entendí de dolores y desfallecimientos.

Se, como tantos otros colombianos con vivencias como la mía, o expertos que conocen la intimidad de las carreras, que un podio en el tour de Francia no es pan comido. Allí llegan solo los elegidos y Nairo Quintana es uno de ellos, como lo fueron Fabio Parra, Lucho Herrera, Santiago Botero, Mauricio Soler y Álvaro Mejía.

Nairo trabajo el tour en los límites, al borde de la fatiga, y aguantó las duras cuestas ante las embestidas de sus rivales, presionado, además, por sus seguidores que pedían del mayor empuje.

Fueron tantas las cargas de comentarios negativos para el boyacense, sin merecerlas.

Sobrevivir en el tour es de por si un triunfo. Nairo lo soportó con pedalazos inteligentes, ante un rival de innegable categoría, que nunca resigno su supremacía.

Fue un placer verlo. Como placentero resulto ver a Pantano tan obstinado, tan combativo, y compartir los registros con relatos y descripciones de emocionados relatores que nos llenaron de pasión durante la carrera. El ciclismo, como pocas veces, marcha viento en popa.

El alivio del final para Nairo, trae consigo, además del podio, una enseñanza tanto para él como para nosotros: la carrera no se gana sin dar el primer pedalazo. Y, a veces, es necesario hasta el último empuje anímico en las cuestas para conseguir el triunfo. Hay, como el mismo lo afirma, mucho tiempo para llegar a la cima.

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