En sus últimas horas en España, después de siete días de visita apostólica, el Santo Padre regaló ayer en Gran Canarias y hoy aquí, palabras de empatía, comprensión y apoyo hacia los inmigrantes, con reprimendas incluidas a gobiernos y autoridades de Europa y el mundo. La dignidad humana no tiene pasaporte, afirmó la víspera y este viernes recalcó que «las migraciones tienen una palabra importante que decir porque pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos».











