sábado abril 20 de 2019

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28 octubre, 2013 Generales

Cuando Carlos Slim compró TV Cable, Cable Centro, Superview, entre otras, a quienes trabajábamos en estas empresas colombianas nos dijeron que nos debíamos sentir orgullosos de trabajar para una de las compañías más grandes del mundo y que nuestro futuro era prometedor. 6 años después, la realidad es muy distinta a la que nos pintaron.

Los primero que hizo Telmex, hoy Claro, fue despedir a miles de trabajadores directos para contratarlos a través de terceros y así evadir sus responsabilidades laborales. A quienes trabajábamos instalando y reparando las redes, nos dijeron que teníamos que renunciar para ser contratados por otra empresa. ¿Qué pasa si no firmamos la renuncia?, preguntaron muchos. “Los despedimos y no los contratan”, contestó la empresa.

De esta manera la compañía se deshizo de una buena parte de sus trabajadores. Hoy, de cerca de 15 mil personas que prestan sus servicios para Claro, solo 5 mil tienen contrato directo con la empresa. Las condiciones de los tercerizados son pésimas. Son contratados por Cooperativas de Trabajo Asociado, Empresas Temporales y Empresas Contratistas. Sus jornadas superan las 10 horas diaras –sin derecho a pago por horas extras-, muchos trabajan de domingo a domingo y por salarios que no superan los 800 mil pesos, pues les descuentan herramientas de trabajo como los equipos de comunicaciones.

La empresa no pudo tercerizar a quienes trabajamos en el área comercial (vendiendo los servicios de Claro) porque un grupo de trabajadores decidimos organizarnos en un sindicato. La reacción de Claro no se hizo esperar: despidió a más de 15 fundadores del sindicato, despidos que afortunadamente fueron anulados por los jueces. Por esta persecución sindical, el Ministerio de Trabajo le impuso una multa superior a los 40 millones de pesos.

Ante el fracaso en su intento de destruir el sindicato, Claro cambió su estrategia para deshacerse de los asesores comerciales. Cuando trabajábamos para las empresas colombianas, además de nuestro salario básico, recibíamos una comisión por cada servicio que vendiéramos. Claro cambió esta política, y ahora debemos vender 21 servicios para recibir una comisión, es decir, si vendemos 20 la empresa tiene nuevos ingresos, pero no les reconoce ni un centavo a quienes los consiguieron.

Lo peor es que si no vendemos 21 servicios Claro nos despide sin respetarnos el debido proceso, pues no identifica las causas del incumplimiento. Por este motivo, en los últimos años ha despedido a más de 200 trabajadores, logrando su objetivo de reducir su planta de personal al mínimo.

En ejercicio de los derechos que nos reconoce la Constitución, iniciamos un proceso de negociación para mejorar nuestras condiciones laborales, especialmente para gozar de estabilidad laboral. Y a pesar que la compañía tiene utilidades superiores a los 2 billones de pesos, se ha negado a reconocernos derechos elementales como el debido proceso. Seguimos luchando, no vamos a renunciar, a pesar de las injusticias de las que hemos sido víctimas.

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