lunes noviembre 30 de 2020

Mario Calderón Rivera

09 enero, 2014 Opinión

Con frecuencia se escucha que hubo épocas en las cuales los hombre y las mujeres tenían una capacidad de entrega por la comunidad, fuera de serie. Esto puede ser verdad, pero desde luego que conviene hacer un análisis mucho  más profundo.

En primer lugar es necesario tener en cuenta que lo escenarios cambian y con ellos las costumbres, los ideales. Estamos hablando de épocas pasadas en las cuales las ofertas de mercancías eran relativamente pocas y se limitaban a la alimentación y el vestuario, pero en la actualidad la tecnología se ha desarrollado de una manera desmesurada y esto implica que cada vez se quiere tener más dinero para consumir más mercancías.

El otro factor a tener en cuenta se relaciona con la formación que se recibía en el hogar y en los establecimientos educativos, que tenían un alto contenido en lo que se refiere a una ética religiosa.

Pero  en todas la épocas y en todas los escenarios hay hombres y mujeres que sobresalen no sólo por su entrega incondicional al trabajo por la comunidad, sino por la rectitud de sus acciones, su honorabilidad, su rectitud. Todas estas características las poseía de sobra Mario Calderón Rivera, un caldense que desempeñó con gran suficiencia altos cargos oficiales, entre ellos, la gerencia del otrora Banco Central Hipotecario.

Su trabajo y preocupación en lo que tenía que ver con los asuntos económicos iban combinados con una permanente preocupación los temas de tipo ambiental, y hasta sus últimos días ejerció una verdadera docencia dentro y fuera de los establecimientos educativos; como docente o como conferencista en innumerables eventos a los cuales era invitado.

Caldas y el país pierde un hombre de condiciones excepcionales  que deben ser reivindicadas en la medida que no existe una condición genética en lo que tiene que ver con la formación ética, sino que dicha conducta es el resultado de una formación permanente que se inicia en el hogar y debe tener continuidad en las aulas escolares. Porque es preocupante que se haga tanto énfasis en lo que tiene que ver con la formación en “competencias” y muy poco en lo que tiene que ver con la solidaridad y la ética.

Nunca, que sepamos, el nombre de Mario Calderón Rivera se vio envuelto en cualquier episodio que comprometiera su transparencia o su honestidad, a pesar de las grandes responsabilidades que tuvo en vida, incluyendo el sector bancario en donde manejó ingentes recursos del Estado.

Editorial Eje 21.com

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