lunes noviembre 23 de 2020

Pacheco

16 febrero, 2014 Opinión

esteban jaramillo

Por Esteban Jaramillo Osorio

“Cuevero” como lo llamaban los de antes. Defensa centro grande, mandón, rustico, con voz de trueno. Alineaba al lado de Sarnari, Tevez, Miguel Basilico, Cuqui López, Gómez Voglino, otrora estrellas del medio futbolero, venidas del exterior, y Daniel Samper Pizano, su entrañable amigo, en partidos de exhibición que atraían la curiosidad y la simpatía del pueblo que lo amaba.

Fue, además de futbolista, torero, enfrentando vaquillas en tientas a las que asistía con temerario ímpetu; acróbata, paracaidista audaz, ciclista, cantante con voz sin melodía; animador, actor, entrevistador y piloto. Amaba los carros de colección como a Santa Fe, su segunda piel, la razón básica de su andadura deportiva apasionada.

Personaje sin duda Pacheco. Como no recordarlo si su vida de novela estuvo ligada a la nuestra. Murió en silencio, sin cuentas pendientes con nadie, en un auto- exilio premeditado, mientras se cerraban lentamente ojos y oídos de su multitudinaria audiencia. Su simpleza oral estuvo siempre en concordancia con la idolatría ferviente de sus televidentes.

Me consta, porque fue un fiel consumidor de sus entrevistas, las que periódicamente se reemiten por los canales oficiales, que nunca fue más importante que el personaje que enfrentaba, ni su fama rebasaba, en intensidad periodística, los hechos que relataba con su coloquial estilo. Extractaba de sus invitados confesiones inéditas, en amenas conversaciones convertidas en piezas de periodismo sin rebusques, con lucidez extrema.

Fui, como millones, amigo a distancia de Pacheco. Amigo de esporádicas charlas, de un café, de bromas, de saludo, de fútbol. En su lejanía cuando ya no transitaba por los ruidosos caminos del éxito y la fama, compartía con nosotros encuentros aislados, en la radio, en los que no ocultaba su desazón cuando la rutina de los malos resultados atentaba contra su querido Santa Fe, o brotaba lágrimas de felicidad infinita como en el último título, el de 2013. Pacheco murió como goleador en la vida, como ganador, como ídolo, como amigo y caballero. Como olvidarlo.

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