miércoles diciembre 2 de 2020

Contraplano

El hundimiento de La Barca

cadavid orlando

Por Orlando Cadavid Correa

Acaba de zozobrar La Barca,  la columna que sostuvo durante diez años, en El Nuevo Siglo, de Bogotá, el colega caldense William Calderón Zuluaga, y su desaparición de las páginas del viejo diario de la pura doctrina conservadora ha dado pie a una estela de murmuraciones, algunas sin fundamento.

El exitoso producto periodístico no morirá. Subsistirá en las redes sociales, empezando por Eje 21, el portal manizaleño de Evelio Giraldo Ospina que lo publica diariamente desde el mismo día de su nacimiento en el tablero de colaboradoress del que hacen parte, entre otros escritores, Efraím Osorio López, Oscar Domínguez Giraldo, César Montoya Ocampo, Alvaro Marín Ocampo, Jorge Emilio Sierra Montoya, Jorge Eliécer Castellanos  Moreno, Gonzalo Duque Escobar, Augusto León Restrepo Ramírez, Rodrigo Pareja Montoya,  Albeiro Valencia, Víctor Zuluaga, José Miguel Alzate, Hernando Salazar y Marco Aurelio Uribe.  También tiene eco en El Diario del Huila, de Neiva, y busca otros espacios impresos en distintas regiones del país.

La Barca se caracterizó en las últimas cuatro disputas presidenciales por su radicalismo uribista. Y en las dos últimas  campañas por su frontal oposición al presidente Juan Manuel Santos  y a todo contra lo que tenga que ver con el proceso de paz que el gobierno pretende firmar en La Habana con las «Farc».

Por no simpatizar con el santismo, la Casa de Nariño presionó su salida de «La Barbería», el programa semanal de reportajes televisados que realizaba William en el canal «Cablnoticias»  cuando pasó a manos de inversionistas venezolanos asilados en Bogotá por reconocido antichavismo.

Nadie se explicaba por qué no salió La Barca de El Siglo cuando el presidente Santos nombró ministro de Ambiente a Juan Gabriel Uribe, el propietario del periódico que antes se llamó de «La Capuchina» y después  pasó a hacer parte del entorno diarístico de la Avenida El Dorado.

Fiel escudero del ex ministro Fernando Londoño Hoyos, el abogado y periodista oriundo de Neira, Caldas, hizo suyas las doctrinas políticas del director de «La Hora de la Verdad», verdadero botafuego antisantista que comenzó en Súper y luego se mudó a la marca radial de las tres consonantes.

El columnista acompañó al consumado constitucionalista Clímaco Giraldo y al finado abogado y periodista Hipólito Hincapié en la creación del Centro de altos estudios de «Los pájaros dormidos» que servía de marco a sesudos debates en las mañanas de los domingos, en el Club «El Nogal», con expositores especiales de primera línea.

Consciente de que un periodista sin fuentes es como un jardin sin flores, se codeaba (y se codea) noticiosamente con personajes tan polémicos de la vida nacional como el procurador Alejandro Ordóñez y la contralora Sandra Morelli y metía (y mete ) baza en la política comarcana con amigos de Cundinamarca, Antioquia, Valle, Atlántico y otros departamentos.

También tenía (y tiene) corresponsales propios en las salas plenas de las altas cortes (desde la Suprema hasta la Judicatura) y en las mesas de los directorios nacionales de los partidos políticos.

No es cierto que El baquero haya sido el autor de unas falsas imputaciones contra el periodista Daniel Coronell, infundio que ha sido desmentido de manera persistente por el escritor vallecaucano  Gustavo Alvarez Gardeazabal, en «La Luciérnaga», de Caracol, que habría dado pie a su silenciamiento como columnista del cotidiano conservador.

Esta abrupta decisión le ha llegado unos meses después de haber sido sometido, en la Clínica Shaio, a una delicada operación de corazón abierto que no es cualquier cosa, circunstancia que tuvo sin cuidado a los directivos del órgano lauro-alvarista.

La apostilla: En Manizales, donde se gestó La Barca de Calderón, en el 1994, también fue famosa La Piragua de Guillermo Cubillos que inmortalizó el maestro José Barros.

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