sábado enero 18 de 2020

Murió Julio Grondona el todopoderoso del fútbol argentino

30 julio, 2014 Fútbol Internacional

El presidente de la Asociación del Fútbol de Argentina (AFA) y vicepresidente de la FIFA Julio Grondona murió este miércoles a los 82 años en una clínica de Buenos Aires, informaron fuentes de la federación argentina.

El poderoso dirigente, de 82 años, que estaba al frente de la AFA desde 1979, había sido hospitalizado por una indisposición cardíaca y falleció mientras era sometido a una intervención de urgencia en la capital argentina.

Grondona, convertido en el patrón del fútbol argentino durante los últimos 35 años, había sido ingresado en un sanatorio privado capitalino aunque oficialmente se había mantenido a resguardo las razones de su hospitalización.

En la FIFA era presidente de la estratégica Comisión de Finanzas.

Esta semana había mantenido al menos dos reuniones con el DT Alejandro Sabella, quien decidió no seguir en su cargo como entrenador de la selección argentina que acabó como subcampeona del Mundial de Brasil-2014 al perder 1-0 la final ante Alemania.

El polémico dirigente llegó a la titularidad de la AFA en 1979 nombrado a dedo por el vicealmirante Carlos Lacoste, presidente del Ente Autárquico Mundial’78 creado por la última dictadura militar (1976/83) para organizar el máximo certamen del balompié.

Desde entonces fue reelecto cada cuatro años, sobrevivió a todos los gobiernos democráticos, cualquiera fuese su signo y todos negociaron con él debido al tremendo poder que acumuló, apoyado casi incondicionalmente por más de 22.000 clubes de todo el país.

Durante su gestión produjo las mayores reformas de la historia del fútbol argentino y la selección albiceleste obtuvo el Campeonato Mundial de México-86, dos medallas de Oro en Juegos Olímpicos (Atenas-2004 y Pekín-2008) y las Copas Américas de 1991 y 1993.

Se perpetuó durante los últimos 35 años en la AFA. Bajo su mandato, Argentina fue campeón del mundo en mayores en 1986 y ganó seis títulos en juveniles. Pero también crecieron las mafias de las barras y los clubes se endeudaron en forma millonaria. Una gestión polémica y personalista, que siempre se apoyó en los gobiernos de turno.

Julio Humberto Grondona le dedicó casi la mitad de su vida a la Asociación del Fútbol Argentino. Durante 35 años, el también fundador del club Arsenal de Sarandí, presidió con aciertos y errores la casa madre del fútbol argentino y se erigió como una referencia ineludible para todo aquel que nombrara a la AFA o pasara por la calle Viamonte al 1300. Pasó a ser un sinónimo de ese deporte en el país y se ganó muchos amigos y también  varios enemigos. Su muerte causó un fuerte revuelo en el país, no solo en el mundo del fútbol.

Nacido el 18 de septiembre de 1931, Grondona llegó a la AFA el 6 de abril de 1979, sucediendo a Alfredo Cantilo, en plena dictadura militar del Proceso en Argentina. Con él al frente del deporte preferido en Sudamérica, la cosecha de éxitos fue muy abundante. El seleccionado mayor ganó el Mundial de México 1986 y los juveniles alcanzaron seis títulos mundiales (1979, 1995, 1997, 2001, 2005 y 2007). También se conquistaron dos Juegos Olímpicos (2004 y 2008), dos Copa América (1991 y 1993) y varios torneos de menos jerarquía.

Pero también hay muchas sombras. Durante su mandato proliferaron las barrabravas, contra la que nunca llevó adelante un plan para combatirlas. Además, con su manejo personalista, condujo la pelota a la fuerza de favores y conveniencias. De este modo, mientras la AFA engrosaba sus arcas exponencialmente, los clubes, salvo excepciones, se endeudaron en forma millonaria, siempre dependiendo de una mano de Don Julio para lograr el salvataje.

De chico, Grondona jugó al fútbol en los potreros de Sarandí y se probó sin mayor suerte en River. A los 24 años, junto con un grupo de amigos del barrio, fundó el Arsenal Fútbol Club, del que fue su presidente durante 20 años. En 1970, quien llegaría a ser uno de los más importantes dirigentes de la historia del fútbol argentino, fue suspendido por un año y medio, por agredir al árbitro Filacchione. Tiempo después llegó a la presidencia de Independiente. Su experiencia y trascendencia como dirigente lo proyectaron hacia la AFA y luego a la FIFA, donde es desde 1988 un influyente vicepresidente, secundando primero a Joao Havelange y luego a Josepp Blatter. Al momento de su muerte aún desempeñaba ese cargo.

Durante su mandato demostró conocer muy bien el mundo del fútbol y los negocios y se destacó por su viveza para convertirse en un hombre con un poder superior al de cualquier otro dirigente deportivo en la historia argentina. Su famosa frase grabada en su anillo («Todo pasa»), marcó su trabajo, aunque luego decidió desterrarla de su vida por el fallecimiento de su esposa. Manejó la AFA de una manera personalista y durante buena parte de su mandato acudió al consenso de la gente para tomar decisiones, pese a que siempre fue el eje de los insultos ante cualquier situación adversa para equipos e hinchas. Además, creó las condiciones para convertir a la AFA en millonaria, aunque ese nivel económico-financiero no se reflejara en el de la mayoría de los clubes, muchos de ellos empobrecidos. Pese a todo, cayó en contraproducentes programaciones de los torneos oficiales, a menudo interrumpidos en sus etapas decisivas. Tan dislocados quedaron, que el Clausura abrió temporadas y el Apertura las cerró, lo mismo con el Final y el Inicial. Su última determinación fue la creación de un torneo de 30 equipos, algo que despertó polémicas en el ambiente del fútbol, pero que también dejó conforme a muchos clubes del Interior.

Su familia estuvo y sigue estando muy ligada al mundo del fútbol. Su hijo Humberto es actualmente encargado de los seleccionados juveniles y Julito, hijo menor del presidente de AFA, es el actual presidente de Arsenal de Sarandí. Además, su hermano Héctor estuvo al frente de Independiente, al igual que él y su sobrino Gustavo jugó en el equipo del Viaducto durante tres ciclos diferentes.

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