jueves noviembre 14 de 2019

Eduardo Yáñez Canal, viacrucis de un maestro con el overol puesto

14 mayo, 2015 Educación

profesor Eduardo Yáñez Canal

El profesor Eduardo Yáñez Canal, a la sombra de un Cristo, vigía de su apostolado docente, con un pírrico salario y una pensión embolatada. Foto: La Pluma & La Herida

Por: Ricardo Rondón Ch.

http://laplumalaherida.blogspot.com

Considerad, muchachos,/ este gabán de fraile mendicante:/ soy profesor en un liceo obscuro,/ he perdido la voz haciendo clases./ (Después de todo o nada/ hago cuarenta horas semanales)./ ¿Qué les dice mi cara abofeteada?/ ¡Verdad que inspira lástima mirarme!/ Y qué les sugieren estos zapatos de cura/ que envejecieron sin arte ni parte.

Con la visión y sabiduría del poeta, físico y matemático chileno Nicanor Parra, su célebre y mentado Autorretrato (que encabeza esta crónica), incluido en su libro De poemas y antipoemas (1954), profundiza con aguda sátira y cruda reflexión en el apostolado de los docentes de a pie, por lo menos en lo que concierne a Latinoamérica, y en la triste realidad, cada vez más escueta, de lo que acontece en Colombia.

Ahora que el profesorado adscrito al gobierno nacional recién reanudó clases después de librar quince días de paro ante las justas exigencias de respeto a su salario, dignas condiciones para su desempeño laboral y una reforma a la estructura educativa, el Autorretrato del bardo austral cala preciso como el turbio y empañado espejo en el que se miran a diario los educadores de nuestros tiempos, sobre todo los que, vencida la edad de jubilación, no dan treguas a su vocación de enseñanza.

Uno de ellos es el profesor Eduardo Yáñez Canal (Pamplona, Norte de Santander), a quien conozco de hace treinta años en el oficio del periodismo, en la época romántica de las máquinas de escribir con sus rodillos interminables de cuartillas, el duro y expuesto trajinar de la reportería de calle, la bocina del teléfono de disco pegada a la oreja y el rigor acelerado y taquicárdico de la hora de cierre en las salas de redacción, con un editor escapado del mismo hospital psiquiátrico donde Jack Nicholson protagonizó Atrapado sin salida.

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Con un ejemplar de la activista chilena Camila Vallejo. «¿Será que podemos renovar la educación en Colombia?», se pregunta Yáñez Canal. Foto: La Pluma & La Herida

Yáñez Canal abriga un cartapacio de títulos y cartones que envidiaría un reciclador mayorista. Desde que se recibió bachiller del Colegio Calasanz, de Cúcuta, el hombre no ha parado de estudiar y trabajar. Su hoja de vida es impecable, siempre al servicio del bien común. De hecho, su espíritu filantrópico, en diferentes etapas de su vida, da cuenta de las ayudas de su propio bolsillo que ofrece a compañeros de escritorio caídos en desgracia, menesterosos de ocasión, enfermos y desvalidos.

Ostenta una licenciatura en Ciencias de la Educación, con especialidad en Ciencias Sociales, de la Universidad Nacional; una Maestría en Educación, de la Universidad Javeriana; además de un título de Técnico Profesional en Periodismo de la Escuela Superior Profesional Inpahu, entre un récord de cursos, talleres y seminarios relacionados con la docencia y el periodismo, con sus respectivos diplomas y certificados de asistencia.

Trabajó en Radio Sutatenza como profesor y locutor, y como técnico en capacitación, cuando se creó el programa de Educación a Distancia. Integró la Campaña de Alfabetización Simón Bolívar, implementada en el mandato de Julio César Turbay Ayala, igual que en la Campaña Camina de Alfabetización en Bogotá, emprendida por el presidente Belisario Betancur.

Fue profesor en colegios privados. Para resaltar su labor de docencia en el emblemático Colegio Palermo, donde dictaba clases en la jornada nocturna, en cursos de hasta ochenta estudiantes adultos que se desempeñaban en oficios varios como talabartería, panadería, zapatería, torno, ornamentación y modistería, entusiasmados en graduarse de bachilleres para aspirar a una carrera universitaria.

En periodismo fue asistente editorial de la revista Causa Común, adscrita al Partido Liberal, donde compartió nicho de redacción, entre otros, con Paulo Laserna y el desaparecido Roberto Posada García Peña (D’Artagnan). Dictó cátedra universitaria en el programa de profesionalización de periodistas empíricos y uno de sus alumnos aventajados fue el líder gremial, ex vicepresidente y aspirante a la Alcaldía de Cali, Angelino Garzón.

Fue periodista de planta y escritor de más de cincuenta novelas en serie, en el antiguo diario El Espacio. Luego, en El Tiempo, donde trabajó en redacción comunitaria y comercial. Alterno a su actividad de reportero de medios, Yáñez Canal ha sido disciplinado y copioso en escritos propios que él resume en libros como La marcha de los 80 (1984), crónicas, entrevistas y columnas de opinión; A calzón quitao (1989), anécdotas y textos de humor como su nombre lo indica, La historia del baloncesto en Colombia (aun sin publicar); la tesis de grado que presentó para su Licenciatura en Sociales: La contemporaneidad de la historia como perspectiva metodológica para la enseñanza, entre otros.

En 2005 ingresó como profesor del Distrito, primero en el Colegio Florentino González, del barrio 20 de julio; luego en el Rodrigo Arenas Betancourt, de Fontibón; y después en la Institución Educativa Distrital Integrado de Fontibón IBEP, donde se desempeña de hace diez años como docente del área de sociales, en la jornada de la tarde, con más de 560 alumnos.

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La risible paradoja del bus de la Bogotá Humana: ‘La educación te da poder’. «A otro perro con ese hueso», replica el profesor Yáñez. Foto: La Pluma & La Herida

Con todo lo anterior, los años de estudio y de trabajo, la experiencia adquirida, los distintos frentes laborales en los que ha estado, y la responsabilidad de manejar cursos entre 35 y 45 alumnos, asumiendo la carga estresante que esto significa, muchas veces con recursos y herramientas de trabajo mínimas o inexistentes, el profesor Eduardo Yáñez Canal no alcanza a redondear una suma digna para una profesión exigente.

Esto agregado a la larga y tediosa espera de la jubilación que lleva varios años tramitando en los recovecos de la burocracia, una figura similar a la de El Coronel no tiene quien le escriba, con toda suerte de vacilaciones kafkianas, ires y venires, tardes enteras frente a los rostros agrios e indiferentes de las ventanillas, con la respuesta oficial e irrebatible para estos casos: “Señor, se le responderá en estricto orden de radicación”. “País de mierda”, dijo el finado Jaime Garzón.

Con su semblanza espigada de Hidalgo -retomando el Autorretrato de Nicanor Parra-, con sus manos y mejillas blancas de cadáver, y a la sombra de una venenosa luna miserable, el maestro Yáñez, no obstante el pesado fardo a cuestas de su misión de educador, el pírrico sueldo que recibe mensual, y el paso de los años que hace tiempo acusan descanso, lucha con una demoledora diabetes mellitus grado 2, que lo obliga a pincharse insulina dos veces al día, y a llevar una dieta de anacoreta tibetano, apenas acorde con el débil arreglo al que llegó Fecode con el gobierno: un desalentador incremento del doce por ciento fraccionado a seis años, para un promedio -categoría docentes 2A, decreto 1278- de $168.000 en el período contemplado.

Pero Yáñez Canal no se da por vencido. Aunque agotado, sigue con pie firme su viacrucis. Ya no hasta que el gobierno y el Fondo Prestacional del Magisterio se les antoje, sino cuando Dios lo disponga.

Entre tanto, como maestro de overol puesto, seguirá incólume, tiza y borrador frente al tablero, tratando con sumos esfuerzos de formar los hombres del mañana, con la sabia convicción de las abuelas de ayer: “Estudie, mijito, para que sea alguien en la vida”.

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La jeringa, el alcohol, el medidor y los trebejos para controlar a diario una diabetes mellitus grado 2, otra de las estaciones de su viacrucis. Foto: La Pluma & La Herida

Con todo lo vivido y conocido, ¿quedan ganas de chantarse el overol y seguir enseñando?

“Sabemos que es nuestra vocación y compromiso de la formación de los estudiantes. Pero desde el punto de vista de nuestras reivindicaciones seguimos adelante en el propósito de lograr una mayor calificación y transparencia de parte de los dirigentes, y del gobierno nacional, que se ha montado en el San Benito de que no hay presupuesto por el desbarajuste del petróleo, y por las exigencias de los organismos internacionales de crédito”.

Pero ese es un mal eterno, profesor. Hay presupuesto para la guerra, para el proceso de paz de la Habana, para la creación de nuevos ministerios y cargos burocráticos, para los interminables y costosos paseos diplomáticos. Menos para la educación.

“A pesar que en el plan de desarrollo del gobierno Santos se contempla irónicamente paz, educación y equidad, lo único que pedimos los maestros es que se nos nivele salarialmente con los demás empleados públicos”.

¿Cuál es el porcentaje de diferencia de los maestros con los demás empleados públicos?

“De acuerdo a un estudio que Fecode contrató con la Universidad Nacional, este indicaba que estábamos 28.32 por ciento abajo de los otros empleados públicos. Al entrar en el proceso de negociación, el gobierno propuso el doce por ciento. Al final de la negociación nos dieron ese doce por ciento de la siguiente manera: un punto, que se pagó en 2014; otro que se pagará en este año; dos puntos, para el 2016; dos puntos, para el 2017; tres puntos, para el 2018; y tres puntos, para 2019. De modo que los famosos doce puntos nos los pagan en seis años”.

Brillante ecuación del Ministro de Hacienda, ¿no le parece?

“Más que una brillante ecuación de MinHacienda, yo diría más bien que es el risible resultado de una negociación a cuenta gotas como si fuéramos enfermos terminales; si es que ya no los somos”.

A carta blanca, profesor, ¿para qué le alcanza su mensualidad como maestro?

“¿Le parece que alcanza? Si por lo menos alcanzara no estaríamos en este bullerengue, marchando al sol y al agua, y ante las presiones de un ministerio que pretende que seamos cuerpos gloriosos”.

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La silueta de Hidalgo del docente en la fatigosa e inevitable marcha de las horas. Foto: La Pluma & La Herida

Uno de los propósitos de Fecode era la cabeza de la señora ministra Gina Parody. ¿Cómo toman ustedes que la encargada de la cartera de educación siga campante y sonante en su ministerio?

“Hay que ver cómo se desarrolla un proceso de negociación, donde se utilizan todas las argucias para doblegar al contrincante, en este caso el magisterio. Y era obvio que la señora Parody saliera ganando, más con el fuerte espaldarazo de su protector, el señor presidente”.

¿Quiere decir, aludiendo al mandatario, que el tal paro de maestros, de alguna manera, no existió?

“Sí existió, a pesar de las amenazas y la insistencia de la ministra de que no se sentaba a negociar hasta que no volviéramos a clases. Sin contar las advertencias de tutelas de abogados particulares y de supuestas asociaciones de padres de familia. Esto agregado al recurso o estocada final de declarar ilegal el movimiento”.

¿En qué quedó la figura de la evaluación de maestros?

“La evaluación de competencia como prueba escrita, ya no cursa. El nuevo formato conduce a una prueba diagnóstico formativa evaluada por pares, que consiste en la observación de vídeos de clases. Esto para reubicarnos o ascender en la carrera docente”.

¿Quiénes evalúan esos vídeos?

“Será una comisión integrada por el Ministerio de Educación Nacional, Fecode y facultades de educación de reconocida idoneidad. En este capítulo los pares representan otros profesores que están en la misma categoría o nivel”.

¿Es viable y pragmática este tipo de evaluación?

“Es muy confuso todavía lo que está allí, porque no sabemos cómo se van a realizar esos vídeos y a partir de qué criterios. Como quiera que sea, eso lo define la comisión antes mencionada, y se verá oficializada por un decreto que para su entrega y aclaración tendrá un plazo menor a 30 días”.

¿Qué sucede de no pasar la prueba del vídeo?

“Hay que tomar cursos de capacitación diseñados por las facultades de educación y aprobados por el Ministerio de Educación. Ya con ese certificado podrá uno reubicarse o ascender. Se habla de 80.000 maestros que no han podido superar una evaluación de competencias en cinco años de presentación de dicha prueba, ya que la calificación exigida es 80 sobre 100, y no hay una retroalimentación que le permita al docente saber en qué está fallando para superar la siguiente”.

¿Qué opina del anacrónico modelo de educación en Colombia? ¿No cree que ahí está el meollo del asunto en la regular y muchas veces pésima formación de estudiantes, que no encuentran un atractivo para disfrutar de la enseñanza?

“Es cierto. Y para responderle esa pregunta acudo a la famosa frase de que la escuela es del siglo XIX, los profesores somos del siglo XX y los estudiantes son del siglo XXI. Pero eso se da por la misma estructura de la educación en Colombia, que obedece a los sistemas políticos y económicos, de acuerdo a los que exige la sociedad, bajo los parámetros del mercado y la supuesta democracia”.

¿O sea que eso no tiene revés?

“La idea es actualizarnos y responder a los criterios educativos del siglo XXI, pero eso es como ilusionarnos con el metro del señor Petro. Los resultados no se dan de la noche a la mañana. La educación es un proceso de muchos recursos y varias generaciones”.

¿No cansa cumplir a este apostolado, con escasos recursos y muchas veces en deplorables circunstancias?

“Hay una población muy grande de docentes, casi 350.000 en Colombia. Es un mundo particular. Cada docente tiene su propia lectura ante el proceso que asume. Hay que partir del principio de que es un proyecto de vida. Algunos lo aceptarán, otros lo disfrutarán, unos más curiosos e innovadores le sacarán provecho; es algo relativo, sobre todo cuando se trata de aplicar un método de enseñanza lúdico y agradable”.

Da la impresión de que usted lo disfruta al máximo, cuando trabaja ‘horas extras’, a sabiendas de que ya debería estar pensionado. ¿Qué ha sucedido con su jubilación?

“La jubilación es un problema eterno en este país. En mi caso la he tomado como me aconsejó un funcionario tropical: ‘con su avena y su pitillo’, y tratando de entender que en este aspecto existen tiempos diferentes, empezando porque ‘el segundo’ que pide en ventanilla el funcionario al gestionante, puede durar una eternidad”.

¿Qué es lo más satisfactorio de enseñar?

“Es el propósito de entender al otro con sus aciertos y desaciertos, porque está visto que con un muchacho que tenga problemas de disciplina y comportamiento, la mejor estrategia es la de la comprensión y el afecto”.

¿Sigue manteniéndose la vieja frase de que un bachiller no es más que un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad?

“Es cierto, porque tantas disciplinas académicas distraen al estudiante, y no le permite profundizar con exclusividad. Al alumno solo le preocupa pasar la materia y todo lo que ha masticado lo bota como un bagazo seco”.

¿Alguna vez ha tenido filiaciones con el partido comunista?

“Nunca, de lejos…”.

¿A usted de pequeño también le insistieron: «Estudie, mijito, para que sea alguien en la vida»?

«Al final del camino seguimos en esa búsqueda».

¿Cómo en el poema de Nicanor Parra, cuelga de su ropero un gabán de fraile y debajo de su cama asoman unos zapatos de cura que envejecieron sin arte ni parte?

“Lo invito cualquier día a ver mi ropero, y debajo de la cama hace lustros que no me agacho porque el lumbago de pensionado irredento me pasa cuenta de cobro”.

Autorretrato (Nicanor Parra)

Considerad, muchachos,

Este gabán de fraile mendicante:

Soy profesor en un liceo obscuro,

He perdido la voz haciendo clases.

(Después de todo o nada

Hago cuarenta horas semanales).

¿Qué les dice mi cara abofeteada?

¡Verdad que inspira lástima mirarme!

Y qué les sugieren estos zapatos de cura

Que envejecieron sin arte ni parte.

En materia de ojos, a tres metros

No reconozco ni a mi propia madre.

¿Qué me sucede? ¡Nada!

Me los he arruinado haciendo clases:

La mala luz, el sol,

La venenosa luna miserable.

Y todo ¡para qué!

Para ganar un pan imperdonable

Duro como la cara del burgués

Y con olor y con sabor a sangre.

¡Para qué hemos nacido como hombres

Si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces

Veo formas extrañas en el aire,

Oigo carreras locas,

Risas, conversaciones criminales.

Observad estas manos

Y estas mejillas blancas de cadáver,

Estos escasos pelos que me quedan.

¡Estas negras arrugas infernales!

Sin embargo yo fui tal como ustedes,

Joven, lleno de bellos ideales

Soñé fundiendo el cobre

Y limando las caras del diamante:

Aquí me tienen hoy

Detrás de este mesón inconfortable

Embrutecido por el sonsonete

De las quinientas horas semanales.

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