martes noviembre 24 de 2020

Nuestra Bogotá

03 mayo, 2015 Bogotá, Opinión

En ciudades y países la gente es distinta y hace a las ciudades distintas. La ciudad es así porque su gente es así. Clorindo Testa

Lorena Rubiano  Fajardo 08Por: Lorena Rubiano Fajardo

A diario se escucha en los medios de comunicación las diferentes quejas de los ciudadanos, del mal estado de nuestra Bogotá, en materia de vías, seguridad e infraestructura. Considero que es el momento de superar el negativismo, el pesimismo, la desesperanza y pasemos a la búsqueda de soluciones. Hagamos aportes constructivos para mejorar nuestra propia calidad de vida y la de los cerca de 10 millones de ciudadanos que a diario sentimos las dolencias de la capital de todos los colombianos.

La casa grande que nos ha acogido para brindarnos, techo, empleo, estudio, es nuestra capital, la ciudad que debemos mostrar al mundo, y que todos estamos en la obligación de cuidar, proteger y mejorar en todos los sentidos.

Pero para lograr el mejoramiento de nuestro hábitat, necesitamos del aporte de los que vivimos aquí. Dejemos de ser víctimas y actuemos. Hagamos una retrospectiva de   nuestras vidas, como éramos antes de llegar a Bogotá, que nos brindó y que somos ahora, y luego pensemos en que le podemos aportar a nuestra ciudad.

Si todos nos proponemos dejar nuestro grano de arena, iniciamos una nueva etapa de la vida de ciudad. Es oportuno recordar que fue un boyacense, Jaime Castro, el que organizo y estructuro las finanzas y la administración de Bogotá, dejándoles a las administraciones siguientes un gran legado económico. Gracias a ello la ciudad recaudo los recursos necesarios, para lograr el progreso que ahora se tiene.

No quisiera leer más encuestas de homicidios, atracos, violaciones, robos de celulares, cambiémoslas por una gran consulta   de cuánto va creciendo nuestro amor por la ciudad, cuantas veces dejamos de tirar basura a la calle, cuánta agua y energía ahorramos, cuanta solidaridad tenemos con nuestros conciudadanos. Dejemos a un lado la apatía, la indiferencia y el “eso no me importa”, por un gran corazón lleno de cariño bogotano.

No nos preguntemos más, cuantos quieren a Petro o cuantos lo odian, hagamos un autoexamen de cuánto hemos hecho nosotros por la ciudad.

Existen muchas razones para amar a nuestra Bogotá, por ejemplo, sus ciclovías, humedales, montañas, paramos, parques, escenarios deportivos, gastronomía, su emblemática arquitectura colonial, sus centros comerciales y de negocios, sus universidades y centros de educación media, museos y galerías de arte, bibliotecas, nuestra internacional orquesta filarmónica, y el festival iberoamericano de teatro, entre otras.

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