miércoles mayo 12 de 2021

Contraplano Memorias del viejo Laureanismo caldense

Orlando Cadavid Correa

Por Orlando Cadavid Correa

 Medellín , 26 de Julio_ RAM_ Cincuenta años después de la muerte del ex presidente Laureano Gómez recurrimos a nuestro disco duro para hacer un poco de memoria alrededor de los cuadros directivos que por aquellas calendas estaban al frente de esa corriente  conservadora en Caldas.

La sede Laureanista funcionaba en el segundo piso del céntrico edificio Liborio Gutiérrez, diagonal a la Gobernación, y era atendida, en horarios de oficina, por el secretario vitalicio del Directorio, don Guillermo Escobar, quien era particularmente tacaño como fuente informativa. Si la única puerta de ingreso a la agencia política estaba cerrada, era señal de que había reunión de la plana mayor y no se admitían personas ajenas a la pura doctrina.

Vecinas de la sucursal de la Casa Gómez, en Manizales, eran las oficinas del Once Caldas, que administraba Rodrigo Avendaño, y de Fomento y Turismo, que dirigía Nazario Restrepo. Los dos ejecutivos descansan en paz, en San Esteban.

Formaban parte del estado mayor laureanista, entre otros dirigentes, Rodrigo Marín, Mario Calderón, Gilberto Arango, Benjamin Angel, Marino Jaramillo, Rafael Marulanda, Jaime Villegas, Tulio Urrea, Javier Ramirez, Guillermo Buitrago, Roberto Rivas, Fabio Restrepo, Hernando Yepes, Augusto León Restrepo, Emilio Echeverri, Javier Mejía y Mario Humberto Gómez, siempre empleándose a fondo con las juventudes conservadoras de la comarca.

Como no se había consumado todavía la doble segregación eran ‘lauros’ a distancia, desde Armenia, los dirigentes quindianos Diego Moreno y Rodrigo Gómez, mientras que oficiaban como tales, desde la Perla del Otún, los pereiranos Emiliano Isaza y Guillermo Mejia.

Desaparecido “El hombre tempestad”, el movimiento comenzó a llamarse, en Caldas, con los nombres del padre y el hijo que siempre le habían marcado derroteros claros desde el diario “El Siglo” a su militancia en las distintas regiones del país.

Con el correr de los años, se archivó  el taquillero sello laureanista y se sustituyó por el alvarista.

En los inicios de 1970, en la que pudo haber sido la última sesión del Directorio aledaño al Palacio Amarillo, se repartieron amigablemente las adhesiones alvaristas de cara a las elecciones presidenciales. Unos por Misael Pastrana, encabezados por Marín. Con el Belisarismo que lideraba el senador José Restrepo se fueron Mario Calderón, Hernando Yepes y Emilio Echeverri, aprovechando la “rueda suelta” declarada desde Bogotá por Alvaro Gómez.

Después, por muchos años, más que directorio, prosperaron  en las tres vertientes el marinismo, el yepismo y el restrepismo, sin la ahora desueta figura de los directorios que desembocaron en unas verdaderas agencias del clientelismo político, práctica  que combatió en vano con vehemencia el ex presidente Carlos Lleras Restrepo.

La apostilla: En la tarde del martes 13 de julio de 1965 el autor del Contraplano esperaba a veinte pasos del Teatro Olimpia la buseta de don Tomás Robayo que lo llevaría a su emisora, en el barrio Chipre, cuando le gritó desde el andén del frente el amigo Ildorfo Gómez: “Flaco, muévase que se acaba de  morir, en Bogotá, Laureano Gómez”. Volamos a la Gobernación a pedirle al secretario de justicia, Hernán Zuluaga, que nos prestara un disco de la serie “Caudillos y muchedumbres” que acababa de comprarle, casualmente, a José del Cristo Leyva, con los mejores discursos políticos del doctor Laureano, y nos fajamos ese día una llamativa emisión  laureanista en nuestro Noticiero “Ya”.

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