sábado junio 12 de 2021

El éxodo imparable

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 Por Esteban Jaramillo Osorio

El éxodo es imparable. De nuevo, tan común en esta época del año, se convulsiona el mercado futbolero ante la inminente salida al exterior de futbolistas destacados, lo que afecta la calidad del juego en nuestro medio y aporrea emocionalmente a los aficionados. El turno corresponde a Sebastián Pérez, jugador de notable crecimiento, joven cacique del medio campo de Atlético Nacional. No le faltan condiciones a Pérez para ser considerado en la elite de contrataciones para el próximo verano. Aunque las noticias sobre su partida no cuentan con el aval de su club, el solo hecho de sentirlo en la órbita de Barcelona, Asociado a Messi, Neymar, Suarez y compañía, e ilustrando portadas deportivas en diarios deportivos afamados, es fuente de inspiración para otros deportistas, con idénticos planes de consolidación en el exterior y con recursos técnicos suficientes para lograrlo.

Su inminente partida, sin rumbo definido aún, se suma a la de Jerry Mina, joven zaguero de sobresalientes actuaciones con Santa Fe, a la vez jugador de selección Colombia. Brasil le espera, como paso temporal en su anhelo de llegar a Europa. Situación parecida a la de Miguel Borja, con 13 goles firmados en lo que va del torneo, soporte fundamental en la campaña de Cortuluá

En Colombia es imposible retener a los futbolistas, por la inferioridad con que se compite frente a otros estándares de mercado más poderosos. No podrá negársele a un jugador, el derecho que le asiste de elegir mejores caminos, especialmente económicos y competitivos, por mucho arraigo que tenga dentro de la afición y reiteradas sean las negativas para aprobar su salida.

En el caso de Santa Fe, con su descuadre de copa Libertadores, por la insospechada y prematura eliminación, no hay los recursos suficientes para mantener a las figuras, sin alternativa distinta a la de agachar la cabeza y negociar bajo presión para evitar la inconformidad del jugador con sus consabidos enojos y frustraciones.

Pero no es solo Santa Fe. Nacional, de repente, encuentra en la vitrina a sus futbolistas en formación, inmaduros aún, porque sus condiciones deslumbran a ojeadores del mundo de la pelota. Sin llegar a la edad adulta con su juego, sobre Marlos Moreno están las miradas expectantes de los buscadores de talento. También lo están sobre Davinson Sánchez, con sus escasos 19 años, seguido por sociedades futbolísticas de prestigio.

 No será la de Mina, en Santa Fe, la última salida. Tampoco la de Pérez, la de Borja o la de Marlos Moreno. El futuro del futbolista colombiano está en el exterior y sus anhelos se depositan en lugares lejanos a sus clubes de origen. No queda otra alternativa que alimentar las tareas formativas y el fútbol base, como soporte económico y competitivo. Los clubes colombianos son vendedores y los futbolistas con clase, son apetecidos. Transferir para subsistir. Mención especial para aquellos centenares de muchachos que se marchan anónimos, cuyos sueños tienen tanta validez como los de las figuras. Cuantos han logrado sus metas.

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