sábado junio 19 de 2021

Como le pegaste “Minía”

03 junio, 2016 Fútbol, Fútbol Nacional, Opinión

esteban-jaramillo2

Por Esteban Jaramillo Osorio.

 Era tan bueno el negro…

Tensaba sus cuerdas vocales Javier Fernández, preso de la emoción, para contagiar con su canto de gol a un país desbordado, que empezaba un romance apasionado con la selección nacional.

Gol de Armero, el primero de una larga tanda con proezas del combinado nacional, en el mundial de Brasil.

¡Cómo le pegaste “Minia”!

No se presagiaba, en aquellos dulces días, con el pegajoso baile del “ras tas tas”, que Pablo Armero se vería involucrado en tristes episodios de violencia familiar, repetidos, censurados y castigados, pese a la maliciosa cortina con que se quisieron ocultar.

En la vigilia de la copa América, donde debía tener protagonismo, ausente esta vez por su falta de actividad y ritmo de competencia, en la trastienda de las convocatorias del entrenador, Armero vive el episodio más triste de su carrera, vestido de naranja, rostro adusto y en corte federal. Entre tanto sus compañeros de faenas velan armas, ajustan líneas y aceitan el funcionamiento de un equipo favorito para ganar. Allí, debía estar.

Armero, de la alegría en la selección, en la que siempre fue protagonista y eje central, a la tristeza del escarnio público, por su injustificada conducta, con   arremetida brutal en contra de la madre de sus hijos.

Mucho le costara borrar esta jugada de su memoria. Ha sido la peor, tan grave como la trampa en el juego, el racismo, la injusticia, o la impunidad.  El laberinto en el que ha entrado su vida deportiva, con saltos sin calidad, de un club a otro, extraviada la ruta que lo consagró, hacen el presente de Pablo Armero, un capitulo para el olvido.

El repudio enérgico del pueblo que lo admiró es su castigo.

Engrosa el futbolista, la larga lista de sórdidas historias de otros deportistas, comprometidos en situaciones similares, en medio del rechazo general.

Siempre se esperarán sus feroces arrancadas, imponiendo autoridad con velocidad, sus asistencias para gol, sus amenazas en ataque, su presencia en la red y su alegría desbordada. Ese es el Armero que el pueblo quiere ver. Hay tiempo para demostrar con agallas el arrepentimiento exigido antes de que por hechos similares y repetidos se estropeen su carrera profesional y su vida personal.

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