viernes junio 11 de 2021

Sobre la Corte y el equilibro de poderes

Por John Jairo Roldán

Desde hace algún tiempo, me ha venido inquietando un tema del cual hemos dejado pasar los colombianos sin poner de manifiesto cuál es la verdadera intención que hay tras los choques de la rama judicial contra todas las instancias del poder público en nuestro país.

Personalmente lo que más me preocupa es el a veces desbordado poder, ilimitado y sin aparente control de la rama judicial en Colombia, que ha venido creciendo desmesuradamente y que nos ha llevado a ser testigos de excepción de todos los choques que han tenido las instituciones del Estado contra una enorme pared: los jueces. Uno de los últimos y permanentes de esos choques ha sido la tan necesaria reforma a la justicia.

El Estado democrático colombiano está estructurado sobre 3 ramas que soportan la institucionalidad del país, la rama judicial, la ejecutiva y la legislativa, siendo esta última representante y defensora de los intereses de todos los colombianos, pues son elegidos directamente con sus votos, pero en Colombia en los últimos años esto ha sido trasgredido por las Altas Cortes, entre ellas la Constitucional, al pasar por encima del legislativo.

La famosa puerta giratoria, las dádivas de algunos magistrados en entes del Estado, escándalos por altos e innecesarios gastos, así como representación directa de algunos intereses no muy claros en las altas cortes a través de algunos magistrados, terminaron por socavar la credibilidad que tienen estas instituciones de la justicia ante el ciudadano de a pie, mientras estos últimos se ven afectados en su derecho al acceso a la justicia por diferentes acontecimientos que entorpecen los procesos. Insisto, la reforma a la justicia es urgente y necesaria, pues impávidos vemos como día a día comenzamos a transformarnos de un país democrático, libre y representativo a una Judicatocracia mientras a su vez, se convierte el siglo XXI en el siglo de los jueces.

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