domingo agosto 1 de 2021

Goles y autogoles de los ídolos

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Por Esteban Jaramillo Osorio

Tras su retiro, Pep Guardiola comenzó a buscar y a fortalecer conocimientos por todo el mundo, tratando de identificar la idea de juego que pretendía para los clubes que se aprestaba a dirigir. Se preparó con lujo, tocando diferentes culturas y se lanzó a la aventura que hoy pocos discuten. Zidane, al revés, apelo a la empatía con el público y a sus brillantes maniobras del pasado para convencer, pero su fútbol no seduce.

Común, como el de Zidane, es el impulso de muchos jugadores para, de súbito, saltar de la cancha a los bancos, sin experiencia en el arte de conducir.

Giovanni Hernández y Mario Alberto Yepes, han pasado de la idolatría en los estadios, a los eléctricos banquillos de entrenador que amenazan con digerirlos. Su posición, la de ambos, esta en entredicho por los devastadores efectos de los resultados.

Jugar no es dirigir.

Mario descartó a Jorge Luis Pinto, como su adiestrador en selección, por su temperamento. Pero una pequeña porción del temperamento de Pinto, por controversial que sea, le hace falta al técnico del Cali para encontrar la vía del éxito en el equipo que comanda.

El príncipe Giovanni, no encanta. El pueblo, en Junior, no aprueba su gestión y su popularidad como jugador ha decrecido desde que asumió el cargo de comisario técnico. Talentoso fue su fútbol e indiscutido el aporte hacia el triunfo de sus equipos, pero su discurso, siempre decente, no cala porque su equipo carece de las ideas lucidas que él tenía.

Momentos difíciles para ambos, pero no es el fin porque la vida continua en este o en otro lugar, atesorando experiencias que dan los partidos, los títulos, las derrotas y los años.

El “doping” del entrenador está en los resultados y en los métodos elegidos para conseguirlos.

La discusión no pasa por la jerarquía histórica de Mario en los campos de juego, que fortaleció su fama de capitán. Ni por las palabras ordinarias de sus ex compañeros hacía de Giovanni, carentes de ética y de solidaridad, pero de profunda consideración por tantas verdades en el contenido. El carisma del futbolista no es el mismo del director técnico, tampoco es igual la influencia de cada uno con su papel en el juego. El asunto está en ganar, gustar y convencer y necesario es estudiar. “Comiendo pescado no se aprende a nadar”

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