viernes julio 30 de 2021

2 de octubre, verdadero día D de la paz

 baligrafo

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

Este domingo 2 de octubre del 2016 puede entrar a la historia como más importante que el propio 26 de septiembre cuando se firmó el acuerdo para el cese de hostilidades y enfrentamientos entre el Gobierno Colombiano y la guerrilla de las FARC.

Se espera que un gran número de colombianos asistan a las urnas, llamados por un plebiscito para ratificar los acuerdos de La Habana y esto se hace en medio de contradicciones puesto que hay una polarización de tal grado en el país que no se sabe cuál será la noticia que estemos dando a las 6:30 de la tarde.

El ex presidente y ahora senador Álvaro Uribe sale a decir a los medios de comunicación con tal desfachatez que es mejor 20 años más de diálogos que entregarle el país a las FARC, decidiendo de una manera tan fácil, sin importarle que los hijos de los campesinos, que son el futuro no solo del campo y del país sean los que tengan que poner el pecho, en una guerra fratricida en donde tanto soldados como guerrilleros son tan colombianos que cualquiera de nosotros. Uno no entiende que mientras se gastan 77.000 millones de pesos diarios para sostener una guerra interna, no se quiera dar la aprobación para que sean 300.000 millones los que se necesitan para un plebiscito que reincorpora a las FARC a la sociedad, lo que quiere decir que el plebiscito más incorporación de las FARC equivalen a siete días de guerra, pero quienes dicen a los cuatro vientos que no son enemigos de la paz, pero que quieren que las cosas se hagan como ellos quieren, se han dedicado a desinformar y de esta manera formar el caos y posiblemente salir corriendo como sucedió en Inglaterra en donde los que invitaron a salirse de la Unión Europea, después de logrado su objetivo y de ver el error que se había cometido, se desaparecieron como por arte de magia.

Razón tiene el papa Francisco cuando dice “tengo que decir que el presidente Santos está arriesgando todo por la paz, pero hay otra parte que está arriesgando todo para continuar la guerra y los que están con la guerra hieren”. Otra cosa que no se entiende es como después de estas palabras y esta invitación a invitación a trabajar por la paz, los sacerdotes o curas de Antioquia y el Eje Cafetero entre otros, salgan a decir que lo importante es votar por el no, estando en contradicción a las ordenanzas de su jefe máximo y es así que a uno de estos sacerdotes se le oyó decir que lo que estaba sucediendo era que al Papa se le habían ido las luces al hacer este comentario y que como era tan bueno, se había equivocado al respecto. Cómo será la polarización que en la ciudad de Manizales algunos de los sacerdotes prohibieron escuchar las transmisiones sobre la firma de la paz que hacía Caracol Televisión, porque solo debían de escuchar lo que decía RCN y esto me recordaba de los tiempos de los comienzos de la violencia, cuando se utilizaron los púlpitos para decir que matar a personas de uno u otro partido no era pecado sino la voluntad de Dios y yo como un lego ignorante del asunto me atrevería a decir que según la religión católica y cristiana es tanto delito y pecado matar a uno u a otro del bando que sea.

Hay algunos pastores cristianos que también están cayendo en el mismo error y sin saberse ni cómo ni basándose en que han calificado al presidente Santos por haber estado al frente de los diálogos con las FARC, como el representante del mismo demonio, lo que está mal porque creo que los que llevan la responsabilidad de las ovejas y voceros de Dios no deben de llevar sino a la reconciliación y a la unidad y no al fomento de la guerra.

Otros se han atrevido a comentar que posiblemente Colombia necesite muchos años más de violencia y quizá pasar por una experiencia bien mala, para que la gente cambie su manera de ser y recordemos que algo muy básico dice que la violencia no lleva sino a la propia violencia y que quien no sabe perdonar y engendra odio en su ser está errado en totalidad.

Da pena que un país con gente tan buena en su mayoría esté siendo engañado por algunos dirigentes políticos  y religiosos y lo peor, que los medios de comunicación estén cayendo tan bajo para ser voceros de la desinformación total de los pueblos. Escuchaba al filo del mediodía a una periodista contestar cuando se le preguntaba por el amarillismo que se estaba presentando en televisión y respondía que eso era lo que vendía y que era lo importante para sostener tres horas de transmisión en las diferentes ediciones de los noticieros y que ahora por lo menos no se le estaba haciendo apología a la guerra; pero digo yo que si a las malas actitudes de las personas.

No sé cuál va a ser el resultado de las elecciones de este domingo, pues este es un plebiscito fuera de lo común, el que en un principio se dijo que sería para reafirmar, respaldar y apoyar o negar los acuerdos de La Habana, pero que estarían alejados de la motivación política y el sabor que queda en el ambiente es que algunos están lanzando sus plataformas políticas con miras a las elecciones presidenciales del 2018.

Se dijo que este plebiscito no era el pulso político entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe Vélez, porque lo único que se dijo de verdad es que la paz no tiene dueños; pero algunos sectores se adueñaron de esta oportunidad y con discursos veintejulieros se han dedicado a dejar sin piso las bases del acuerdo y solo mienten como pueden y como más les conviene aprovechándose de la poca capacidad intelectual de algunos sectores de la población, cumpliéndose con lo que dijo un gran pensador “divide y reinarás”; pero creo que están muy equivocados los que creen que a partir del martes 4 de octubre correrán los ríos de sangre de nuevo por los campos y veredas de las poblaciones de nuestros país y no digo de las ciudades, porque están blindadas de la seguridad y no digo que los políticos corren peligro, porque muchos con sus familias cuentan con 20 y 30 guardaespaldas que los cuidan día y noche, lujo que no se puede dar el trabajador raso que tiene que enfrentarse no solo a la delincuencia común y exponer su vida para poder cumplir con sus labores.

Los que vivimos en las ciudades nos olvidamos de las penurias que sufren quienes son los que producen el alimento que consumimos y solo miramos al cielo o pedimos perdón y buscamos soluciones cuando es a nosotros a los que nos sucede algo malo, de lo contrario la indiferencia es la reina de nuestras vidas.

Hoy es importante salir a votar y votar a conciencia, no porque nos lo dijo el político Tal o Pascual, no porque queramos hacer justicia por nuestras propias manos, no porque el odio nos esté encegueciendo, no porque no nos interese lo que nos está pasando, por lo contrario votemos en paz y con el deseo de un país mejor en donde podemos dejar un futuro marcado para nuestras próximas generaciones; los viejos ya estamos cansados de más de 52 años de violencia y de ver morir a familiares, amigos y extraños, asesinados por las balas de los propios colombianos.

No hagamos de este plebiscito algo personal, pensemos en Colombia, un país que nos lo ha dado todo, que es poco lo que ha recibido y que es mucho lo que se merece.

Como están las cosas, independientemente de las creencias religiosas que tengamos, debemos de pedirle a ese Ser Supremo que tenga compasión de un país que cegado por el odio y la indiferencia quiere seguir en el camino de la guerra, de la muerte y del desprestigio. Creo que son más los colombianos buenos que los malos, más los trabajadores que los desocupados que piensan amasar grandes riquezas sin trabajar por medio del dinero fácil, en donde hay gente supremamente inteligente y en donde tarde que temprano los que dirigen los medios de comunicación tomen conciencia que su labor es de educar y de ayudar a formar gente mejor para un país con un verdadero futuro y no para realzar la bajeza de los instintos humanos.

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