viernes julio 30 de 2021

El Ojo del Halkón “Ni el enfermo quiere ni hay que darle”

Ruben Dario Mejia Sanchez _25_02_12

“Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados…” Mark Twain

 Por Rubén Darío Mejía Sánchez

 He escuchado miles de pronunciamientos y he leído muchos más, entre los que he escuchado están los de profesionales que después de haber estudiado en Colombia y nacido en esta tierra han despotricado del país y se atreven a decir que no les importa lo que está sucediendo porque ellos se van, olvidando que muchos se van de sus hogares y del país blasfemando de ellos y deben de volver, como decía mi abuelo “con la cola entre las patas”.

Al único que le celebran sus groserías y su desparpajo al hablar del país es a Fernando Vallejo quien dice que “lo peor de la tierra es Colombia y lo peor de Colombia es Antioquia. ¿y lo peor de Antioquia qué? ¿Pablo Escobar? ¡Qué Pablo Escobar! Uribe.”; en otro país este personaje de marras sería condenado por traición a la patria.

En las redes sociales las ofensas son el pan de cada día, hasta el punto de vista que algunos han pedido que se haga una tregua para evitar que esto suceda.

Da pena que los medios de comunicación colombianos estén tan polarizados y entregados, y como se descubrió, algunos están dedicados a fomentar el odio y la desinformación entre los lectores, pero que se puede esperar cuando son los voceros directos de uno o de otro bando, faltando la ética y el profesionalismo, además de la independencia para ejercer un verdadero periodismo.

Dice el papa Francisco, “propagar rumores es un ejemplo de terrorismo, de cómo se puede matar a una persona con la lengua” y esto lo indica cuando califica de terrorismo el periodismo basado en rumores; este pronunciamiento lo hizo el jefe de la Iglesia Católica ante líderes del Sindicato Nacional de Periodismo de Italia en donde pidió a los reporteros, “ir un poco más allá en busca de la verdad”. El Pontífice reprendió a los medios que encasillan en estereotipos a pueblos enteros, a fomentar el miedo sobre los inmigrantes, un acto que calificó como destructivo.

Leyendo lo que dice el Jerarca Católico uno diría que dentro de ese llamado enérgico y reproche estamos los periodistas colombianos, porque tenemos mucho que ver con la polarización por la que pasa el país en estos momentos, porque no nos digamos mentiras en este momento no es importante que haya ganado el NO sobre el SI en un referendo que nos hizo quedar como un zapato ante el mundo, sino que no estemos interesados a saber convivir en la patria donde vivimos.

Se habla de la patria boba y los hermanos godos, y de los pueblos que no progresan por querer vivir en la guerra, y en ese estereotipo encajamos perfectamente los colombianos, nos hemos dado cuenta que a los de las grandes ciudades no les interesa la violencia que deben de soportar nuestros campesinos, gente buena y trabajadora que es la que nos sostiene con el pan de cada día, vemos que seguimos como en la época de la inquisición, porque algunos sectores religiosos (conste que soy creyente en Dios y respetuoso de la opinión de los demás en este campo) llaman a que se siga uno u otro político y es más, que digan la estupidez más grande, que un plebiscito no se puede aprobar, porque los acuerdos que están en juego no mencionan la palabra de Cristo y en lo que conozco de política y referente a donde debe nombrarse a Dios es en la Constitución Nacional, Colombia lo hace; pero hay otros países que lo dejan de un lado, como sucedió en los Estados Unidos cuando antes se leía en los billetes que Dios era la fortaleza, y luego por la idea de unos políticos de turno esa palabra salió a volar de tan apreciado objeto.

La gente insulta, dicen muchas cosas y no saben que es lo que dicen y haciendo un paréntesis en este tema también es horroroso ver que los que más critican no tienen ni idea de lo que son las reglas de ortografía, y recuerdo lo que decía mi profesor de español en tercero de bachillerato “Para donde va Vicente, para dónde va la gente”; simplemente van como borregos al matadero para estar de acuerdo con unos egoístas que no les importa el bien del país sino la guerra y que sus nombres figuren para bien o para mal.

Lo más grave que le ha podido suceder a Colombia en las últimas 72 horas es que le hayan dado el Premio Nobel de la Paz al presidente Juan Manuel Santos Calderón; un hombre que ha trabajado y hablado desde niño y de sus épocas de estudiante del tema de conseguir la paz, recuerdo en mis comienzos de periodismo que tuve la oportunidad de compartir con él como periodista y donde nos hablaba de algo que era una gran utopía, que Colombia tarde o temprano iba a conseguir la paz, mediante un diálogo con los alzados en armas, quienes en ese momento eran bastante sanguinarios y que no tenían el apelativo de guerrilleros sino de chusmeros y se le dio, no ha alcanzado que el pueblo colombiano lo respalde en esta tarea titánica, pero si no lo alcanza pasará a la historia como el que avanzó más en este tema.

Dice hoy el diario The Wall Street Journal que el hombre que se merece en Colombia ese premio del Nobel de la Paz es el ex presidente Álvaro Uribe porque según lo dice en su nota editorial “en Colombia el hombre que si se merece el premio es el ex presidente Uribe, cuya campaña contra las FARC volvió más segura la vida para millones de colombianos y no considera el diario norteamericano que lo que le está sucediendo al ex presidente Uribe al igual que a Andrés Pastrana es que se están muriendo de la piedra porque los intentos que hicieron para acercarse a este grupo subversivo alzado en armas fue un fracaso para ellos y no están de acuerdo, no sé si los periodistas o el editorialista de dicho diario que lo más importante no es que se haya aniquilado militarmente a ese grupo, sino que se hubiera acercado a un diálogo que hasta el momento por lo menos tiene unos acuerdos que si no son perfectos en su totalidad puede corregírsele y colocársele lo que le falto o quitarle lo que no sea conveniente.

Los estudiantes se han tomado las calles de las grandes ciudades colombianas, algunos del os ciudadanos han tomado parte en esas manifestaciones populares, porque recordaron que se habían equivocado y que la paz es necesaria en Colombia, pero no hacerla a cualquier precio y a capricho de uno u otro personaje de la política nacional.

No quiero ser ave de mal agüero pero lo que quiere el grupo que apoyó el NO es que no haya acuerdos con las FARC y sin acuerdos la guerra sigue tal como está o quizá más delicada.

El egoísmo y los intereses personales nos están matando, no estamos pensando en el futuro de las nuevas generaciones y no somos capaces de creer que debemos de dar pasos a un lado para que otros continúen el camino.

Sé que muchos padres y madres de familia no se han puesto a pensar que es mejor seguir trabajando para dejar un mundo mejor a sus hijos y no apoyar a ciertos personajes que quieren llenarse de gloria y que la orfandad de poder no los deja vivir.

No estoy de acuerdo en este momento de apoyar el SI y menos el NO, simplemente porque no soy santista ni uribista, como dice Juan Gossain, porque nosotros somos periodistas y estamos para informar; pero como van las cosas no se va a cumplir mi deseo que lo expresé en una de mis columnas cuando comenzaron los diálogos de La Habana “quisiera escribir al última columna del Ojo del Halkón como periodista, contando que Colombia alcanzó la paz”.

Sigue pasando mucha agua debajo del puente, se le ira a poner todas las trabas que sean posibles para que los acuerdos no se hagan, porque mientras que el ex presidente Álvaro Uribe quiera que todas las FARC vayan a la cárcel, esto no va a ser posible, porque los miembros de esa guerrilla no lo van a aceptar y la venganza del ex presidente por el asesinato de su padre y hermano no se podrá cumplir y a cambio de ello se dejará que Colombia continúe en una guerra, después de 52 años, en donde son tan colombianos los soldados muertos y mutilados, como los guerrilleros que pierden la vida en unos combates entre hermanos.

Muchos han renunciado de las redes sociales porque se han cansado de la violencia, otros están cansados de leer los medios escritos, escuchar la radio o ver la televisión, porque se han dado cuenta de la desinformación y el deseo de protagonismo barato que se está presentando en un país que ha sido calificado como la cuna de los mejores periodistas del mundo.

Qué bueno sería que dejáramos los intereses personales, los odios y las venganzas y entráramos a buscar soluciones a los problemas que nos aquejan y que muchos de nuestros dirigentes no consideraran que son los que tienen la última palabra y que son indispensables para la vida del país.

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