sábado julio 31 de 2021

Presidente de Colombia Juan Manuel Santos Premio Nobel de Paz 2016

07 octubre, 2016 Internacionales, Política

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 El presidente Santos ganó el premio Nobel de la Paz 2016 por sus esfuerzos por llevar la paz al país tras más de 50 años de guerra, anunció en Oslo el Comité Nobel de Noruega.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ganó el premio Nobel de la Paz 2016 por sus «decididos esfuerzos» por llevar la paz al país tras 52 años de conflicto armado, anunció hoy en Oslo el Comité Nobel de Noruega.

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El premio, según ese fallo, es un claro apoyo a la decisión de Santos de invitar a todas las partes a participar en un amplio diálogo nacional para que el proceso de paz no muera, después de que el pasado domingo ganara el NO a los acuerdos de paz firmados con las FARC en un referéndum.

«El hecho de que la mayoría de los votantes dijera no al acuerdo de paz no significa necesariamente que el proceso de paz esté muerto. El referéndum no fue un voto por o contra la paz», insistió el Comité Nobel en su fallo.

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«Ese resultado ha generado una gran incertidumbre sobre el futuro de Colombia. Hay un riesgo real de que el proceso de paz se paralice y de que estalle de nuevo la guerra civil, lo que hace todavía más importante que todas las partes, encabezadas por el presidente de Santos y el líder de la guerrilla de las FARC, Rodrigo Londoño, mantengan el respeto al alto el fuego», recalcó el Comité.

Según el jurado, el premio es también «un tributo al pueblo de Colombia que, a pesar de las grandes dificultades y los abusos, no ha perdido la esperanza en una paz justa, a todas las partes que han contribuido al proceso de paz» y a todas las víctimas de una guerra que se ha cobrado la vida de al menos 220.000 colombianos y ha obligado a abandonar sus casas a más de seis millones de personas.

Los esfuerzos de Santos, según el Comité, llevaron al acuerdo de paz y, aun sabiendo que era controvertido, el presidente colombiano decidió someterlo al voto de sus compatriotas.

El NO del referéndum sólo significa «no» a un acuerdo específico de paz, recalcó el jurado para mostrar su esperanza de que todas las partes asuman su responsabilidad y actúen de forma constructiva en las próximas conversaciones de paz.

Además, el comité se mostró convencido de que Santos, «pese al ‘no’ mayoritario en el referéndum, «ha acercado de forma significativa hacia una solución pacífica el sangriento conflicto» en su país y que ha sentado las bases para el desarme verificable de las Farc y un «proceso histórico de reconciliación y hermanamiento nacional».

«Sus esfuerzos para promover la paz cumplen por tanto los criterios y el espíritu de la voluntad de Alfred Nobel», aseguró el comité.

El premio, argumentó el jurado, trata de animar «a todos aquellos que tratan de lograr la paz, la reconciliación y la justicia en Colombia».

«El comité espera que el premio de la paz le dé (a Santos) la fortaleza para lograr esta demandante tarea» de lograr la paz y que «en los próximos años los colombianos recojan los frutos del proceso de paz y reconciliación en marcha».

Solo así, apuntó el comunicado del comité, Colombia «será capaz de afrontar de forma efectiva los grandes retos» que tiene por delante, tales como «la pobreza, la justicia social y los crímenes relacionados con el tráfico de drogas».

El comité destacó también la dificultad de lograr un equilibrio entre la reconciliación nacional y la justicia para las víctimas y subrayó que no hay «respuestas sencillas» a este respecto.

El Nobel de la Paz, el único que no se otorga ni entrega en Estocolmo, sino en Oslo, por deseo expreso de Alfred Nobel, contó este año con la cifra récord de 376 candidatos.

El galardonado recibirán un diploma, una medalla de oro y un premio económico, que este año es de 8 millones de coronas suecas (832.000 euros).

En 2015 se hizo con el galardón el Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez por su labor en la construcción de una «democracia plural» en este país africano, según el fallo.

El Comité Nobel de Noruega decidió otorgar el Premio Nobel de la Paz 2016 al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, por sus decididos esfuerzos para llevar más de 50 años de guerra civil en el país a su fin, una guerra que ha costado la vida de por lo menos 220 000 colombianos y desplazado a cerca de seis millones de personas. Es el segundo Nobel que se adjudica a Colombia. En 1982, el de Literatura lo recibió Gabriel García Márquez.

Según la Academía, “el premio también debe ser visto como un tributo a los colombianos que, a pesar de grandes dificultades y abusos, no han perdido la esperanza de una paz justa, y para todas las partes que han contribuido al proceso de paz. Este tributo se paga, no menos importante, a los representantes de las innumerables víctimas de la guerra civil”.

Sobre las razones del otorgamiento del Premio al mandatario colombiano, el Comité del Nobel hace las siguientes precisiones:

“El presidente Santos inició las negociaciones que culminaron en el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las Farc, y él ha tratado sistemáticamente de hacer avanzar el proceso de paz. Sabiendo bien que el acuerdo fue controversial, jugó un papel decisivo en asegurar que los votantes colombianos fueron capaces de expresar su opinión en relación con el acuerdo de paz en un referéndum. El resultado de la votación no era lo que quería el presidente Santos: una estrecha mayoría de los más de 13 millones de colombianos que emitieron su voto, dijo que no a la voluntad. Este resultado se ha creado una gran incertidumbre en cuanto al futuro de Colombia. Hay un peligro real de que el proceso de paz llegará a su fin y que la guerra civil estallar de nuevo. Esto hace que sea aún más importante que las partes, encabezadas por el presidente Santos y el líder de la guerrilla de las Farc, Rodrigo Londoño, siguen respetando el alto el fuego.

El hecho de que una mayoría de los votantes no dice que el acuerdo de paz no significa necesariamente que el proceso de paz está muerto. El referéndum no fue un voto a favor o en contra de la paz. Lo que el “No” rechaza lado no era el deseo de paz, pero un acuerdo de paz específica. El Comité Nobel de Noruega hace hincapié en la importancia del hecho de que el presidente Santos está ahora invitando a todas las partes a participar en un diálogo nacional de base amplia destinada a llevar adelante el proceso de paz. Incluso aquellos que se oponían al acuerdo de paz han dado la bienvenida este diálogo. El Comité Nobel espera que todas las partes asuman su parte de responsabilidad y participar de manera constructiva en las próximas conversaciones de paz.

Lograr un equilibrio entre la necesidad de la reconciliación nacional y la garantía de justicia para las víctimas será un reto particularmente difícil. No hay respuestas simples a cómo debe llevarse a cabo. Una característica importante del proceso de paz en Colombia hasta ahora ha sido la participación de representantes de las víctimas de la guerra civil. Ser testigo de la valentía y la voluntad de los representantes de las víctimas a declarar sobre atrocidades, y para hacer frente a los autores de cada lado del conflicto, ha causado una profunda impresión.

Con la concesión del Premio de la Paz de este año para el presidente Juan Manuel Santos, el Comité Nobel Noruego desea animar a todos aquellos que se esfuerzan por lograr la paz, la reconciliación y la justicia en Colombia. El propio presidente ha dejado claro que seguirá trabajando por la paz justo hasta su último día en el cargo. La Comisión espera que el Premio de la Paz le dará fuerza para tener éxito en esta tarea exigente. Por otra parte, es la esperanza del Comité de que en los próximos años los colombianos van a cosechar los frutos del proceso de paz y reconciliación en curso. Sólo entonces el país sea capaz de hacer frente con eficacia a grandes desafíos como la pobreza, la injusticia social y la delincuencia relacionada con las drogas.

La guerra civil en Colombia es una de las más largas guerras civiles en tiempos modernos y el único conflicto armado que queda en las Américas. Es la firme creencia del Comité Nobel de Noruega que el presidente Santos, a pesar del “No” voto de la mayoría en el referéndum, ha traído el sangriento conflicto mucho más cerca de una solución pacífica, y que gran parte del trabajo de base se ha establecido tanto para el desarme verificable de las FARC y un proceso histórico de la fraternidad y la reconciliación nacionales. Sus esfuerzos para promover así la paz cumplen los criterios y el espíritu de la voluntad de Alfred Nobel”.

Esta es la trayectoria del nuevo Premio Nobel de Paz, Juan Manuel Santos

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Para Juan Manuel Santos, hoy galardonado con el Premio Nobel de Paz, ésta ha sido un motor a lo largo de su vida.

Todo empezó en casa. Cuando su abuelo, Calibán, y su padre, Enrique Santos Castillo, editor del periódico El Tiempo, le contaban de esos años de la Violencia con mayúscula, de esas décadas de sangre que le siguieron a la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, a la sublevación de las guerrillas liberales, a las matanzas entre liberales y conservadores radicales. Su padre le contaba cómo había participado, entre telones, en la desmovilización del temible Guadalupe Salcedo y de los hermanos Bautista. Y hasta un día vio a Salcedo en la casa de su abuelo. Años después, con su familia, recuerda cómo iban a una finca de su tío y padrino cerca a Ambalema (Tolima) acompañados por el ejército por los rezagos de la violencia. Estaba en el territorio de los bandoleros Sangrenegra, Desquite y Tarzán y era necesario estar atento. Aún se sentía el fantasma del peligro de los guerrilleros desprendido del armisticio de las guerrillas liberales de los Llanos.

Quizá no lo sabía en ese entonces en el que se impresionó tanto, pero esas charlas en la casa de la familia, esa impresión de ver la cara de la guerra de primera mano, encenderían una llama en su corazón. Una búsqueda incesante por encontrar la paz del país y que se dedicaría a cultivar por décadas, tomando los caminos necesarios para alcanzarla. Vio, también, la cara de la pobreza cuando fue delegado cafetero en Europa y tuvo la oportunidad de descubrir en los países africanos los estragos de la violencia y las guerras y sus consecuentes efectos en el rezago de la población.

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Pero el momento determinante fue 1987. Fue en una clase del profesor Roger Fisher en Harvard. Trataba de negociación de procesos de paz. Ya en el 84, había tenido la oportunidad de estrechar la mano de Jimmy Carter, artífice de los acuerdos de Camp David sobre el conflicto árabe israelí. Fue en ese instante que sintió que la violencia que padecía Colombia y esa década terrible de los años 80, debía tomar otro camino, el del diálogo. Había que seguir esa primera iniciativa del presidente Belisario Betancur de sentarse a negociar con las FARC.

Durante esa década había seguido como legado familiar el oficio de periodista en el periódico El Tiempo, pero durante el gobierno de César Gaviria, recibió la invitación para ser su ministro de Comercio. Entendió, y decidió, que sería desde el escenario político donde podría contribuir a esa causa que le empezaba a marcar la pauta de su vida: la paz. En esa cartera, que abrió el país al mundo, estrechó lazos y realizó convenios que permitieron que el país empezara a salir del estancamiento de unos años de violencia insoportable. Con cada relación que se construía con otros países intentaba romper la imagen de Colombia como un país inviable, en el que estallaban bombas y secuestraban a ciudadanos indefensos.

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Al salir de ese cargo, construyó el andamiaje de su gran sueño: la Fundación Buen Gobierno. Allí se dedicaría a pensar cómo hacer de Colombia un país más incluyente y progresista. De hecho, durante el gobierno Samper, Juan Manuel Santos, junto con miembros de la Iglesia, sindicatos, empresarios como Nicanor Restrepo y otras personas como Álvaro Leyva o Angelino Garzón, incansables buscadores de la paz, realizaron una serie de reuniones que fue tildada de “conspiración”, pues el país atravesaba por una crisis de gobernabilidad. Sin embargo, si había algo en ese encuentro era una voluntad profunda por alcanzar la paz.

Voluntad que siguió creciendo y se materializó en uno de los eventos que más relevancia ha tenido en el país en la búsqueda de la paz: la cumbre de paz en la Abadía de Monserrat, en Bogotá, con un invitado clave: Adam Kahane, un hombre que había cumplido un papel fundamental en alcanzar la paz en Suráfrica y con quien el propio Nelson Mandela le había recomendado hablar. Con Kahane y junto con una cantidad de participantes que representaban a todos, absolutamente todos, los sectores de la sociedad –hasta Víctor Carranza llegó y Raúl Reyes apareció vía telefónica- se sentaron a pensar en una salida dialogada en el país y que se materializaría en el documento Destino Colombia. Su objetivo era contribuir a reestablecer las relaciones perfectamente deterioradas del Gobierno con los grupos armados ilegales. Allí, se imaginaron cuatro escenarios posibles para el futuro del país en los próximos 16 año, de 1997 a 2013.

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El primer escenario, ‘Amanecerá y veremos’, invitaba a pensar en lo que ocurriría si, en vez de hacer una intervención puntual, se dejaba que los problemas del país se resolvieran por sí solos, lo que llevaba a una pérdida de autoridad del Estado, al recrudecimiento de la violencia y al incremento de las condiciones de pobreza, entre otros.

El segundo escenario, ‘Más vale pájaro en mano’, aludía a las concesiones ofrecidas a los grupos armados con tal de iniciar un proceso inmediato de reconstrucción de la democracia y de frenar el ciclo ascendente de violencia y muerte.

Don Enrique Santos Castillo, su padre, fue editor de El Tiempo durante toda una vida

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El tercer escenario se llamaba ‘Todos a marchar’. Aquí el liderazgo político acogía la demanda popular para restaurar la seguridad y asumía un mandato que se caracterizaba por la firmeza contra los violentos.

Finalmente, el cuarto escenario, ‘La unión hace la fuerza’, buscaba un empoderamiento de la sociedad civil para la resolución de conflictos.

Vemos cómo esa hoja de ruta de país trazada sería la que exactamente se llevaría a cabo y en la cual Juan Manuel Santos tomó parte activa. Aborda la desesperanza que produjo el proceso del Caguán –de hecho, en esos años se reunió, allí en Caquetá con “Raúl Reyes” y en el Sinú con Carlos Castaño, las dos cabezas de la violencia que arrasaba con el país, para ver qué salida dialogada podía existir entre ambos y se ofreció a ser mediador–, sigue con el fortalecimiento de la Fuerza Pública y la decidida apuesta de Estados Unidos por apoyar al país, dando como resultado un arrinconamiento militar a la guerrilla y el paso de Juan Manuel Santos por el Ministerio de Defensa. Allí lideró el cambio de estrategia que permitió concentrar los esfuerzos en los líderes guerrilleros y fortalecer la inteligencia que llevó a darle los golpes más duros a las FARC y a la famosa Operación Jaque que culminó con la liberación, sin disparar un solo tiro, de 15 secuestrados por las FARC.

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Este recorrido de vida, culmina con un mandato popular por la paz, la equidad y la educación, como pilares de un Nuevo País.

El Nobel de Paz recoge una trayectoria, un incansable interés de Juan Manuel Santos por perseguir la paz de Colombia. En los años 90, optimista como lo ha sido siempre, dijo que la paz estaba de un cacho, pero la guerra se impuso llenando el país de víctimas. Hoy, de nuevo lo ha dicho, la paz está más cerca que nunca. Y sí, a Colombia le llegó la hora de la paz.

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