martes agosto 3 de 2021

Negociadores de Gobierno y Farc obtienen Premio Nacional de Paz 2016

01 diciembre, 2016 Política

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El premio organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Caracol Radio, Friedrich Ebert Stiftung en Colombia (Fescol), El Tiempo, Caracol Televisión, Proantioquia y Alquería, reconoció el esfuerzo de seis años de los representantes de Gobierno y las Farc en la mesa de diálogo para la consecución de la paz como derecho de los colombianos.

El jurado, integrado por el Padre Francisco de Roux, Juan Gossaín y el General retirado Manuel José Bonnett, Jorge Orlando Melo, Darío Echeverri (Pbro.), Juan Luis Mejía, Socorro Ramírez, Sylvia Escova y, Mónica de Greiff también le dieron una mención especial a la comunicada de Bojayá, por su generosidad de perdón.

Se le otorgó el Premio de Liderazgo por La Paz a Gonzalo Sánchez Gómez, director general del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Este Premio se ha entregado desde 1999 para reconocer los esfuerzos para la contradicción de paz en Colombia. Reconociendo el esfuerzo y compromiso de muchos individuos, empresas privadas, instituciones públicas, organizaciones y grupos sociales con la construcción de la paz en Colombia.

En el Museo Nacional de Bogotá, y en compañía de quienes se han destacado por su labor en pro de la reconciliación, Humberto de la Calle e Iván Márquez recibieron el Premio Nacional de Paz 2016, en nombre de la Mesa de Negociación de La Habana, y aseguraron que en definitiva hoy primero de diciembre es el ‘Día D’.

«Tras el intercambio de opiniones se reafirma que el Día D inicia hoy», dijo Iván Márquez ante el aplauso del auditorio.

Desde hace 18 años, las entidades que otorgan el Premio Nacional de Paz –y que en esta oportunidad son el Pnud, Fescol, Proantioquia, EL TIEMPO, Caracol Radio, Caracol Televisión y Alquería– han querido exaltar el especial esfuerzo y compromiso tanto de algunos individuos como de organizaciones sociales, de empresas e instituciones en favor de la construcción de paz en el país.

Para esta sesión XVIII del galardón, el jurado del Premio de Paz decidió hacerles un reconocimiento especial a las gentes de Bojayá, que, con su extraordinario ejemplo, le marcan al país el camino del perdón y la reconciliación.

«Lo cual implica – explicó-, que se debe brindar plena seguridad jurídica para la implementación de lo acordado, proveer las condiciones necesarias para el traslado de unidades guerrilleras a las zonas veredales y puntos transitorios (…) por otra parte procederán los indultos y excarcelaciones de guerrilleros y colaboradores, así como el trámite inmediato de la Ley de Amnistía», dijo.

Por su parte, el jefe de la delegación del gobierno afirmó: «Hoy termina una gran tarea y ese tiene que ser un enorme motivo de felicidad para los colombianos, pero no hay que equivocarse porque empieza otra muy difícil también, eventualmente más difícil».

Los dos explicaron que tras las declaraciones encontradas por si era este jueves el Día D, hubo una reunión entre las partes y aclararon las dudas.

Y esta «turbulencia», dijo De la Calle, «Nos recuerda el enorme esfuerzo para cumplir oportunamente, ambas partes, lo prometido, ya a nombre del Estado colombiano a partir de la refrendación (…)».

El jefe de la delegación del gobierno también aprovechó para afirmar que les preocupan la oleada de asesinatos de líderes sociales y que el verdadero acuerdo nacional se debe hacer en las regiones.

«Solo quedaron dos tenas: el tema de la cárcel y el tema de la participación política de las FARC. Yo no creo que en esos dos temas no nos podremos poner de acuerdo. La pregunta que hay que hacerse ahora es: ¿Vale la pena que nos sigamos matando por esos dos temas?», concluyó.

Como ellos también fueron reconocidos la comunidad de Bojayá, con una mención especial por demostrar la generosidad de las víctimas que han sido golpeadas cruelmente por el conflicto.

«Lo que nosotros vivimos son historias de mucha tristeza, han sido asesinatos, dolor, muerte, hostigamiento, bombardeos. Nosotros no queremos que otros colombianos vivan esa tragedia», afirmaron.

Y se le otorgó el Premio de Liderazgo por la Paz al director del Centro de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez, por su trabajo de investigación y por destacar la importancia de la memoria para la construcción de paz.

Queremos destacar la inmensa generosidad de sus pobladores, que no han vacilado en acoger sin reservas la petición de perdón de las Farc a pesar de haber sido víctimas de una masacre atroz.

Por ese gran corazón capaz de condonar lo aparentemente imperdonable, las mujeres y hombres de esta pequeña población del Chocó se constituyen en un viviente monumento nacional a la reconciliación, a la paz y al nuevo país en el que todos aspiramos a vivir.

Por otra parte, el jurado evaluó con detenimiento toda la lista de los candidatos al Premio de Paz. Son innumerables los colombianos que lo merecen. Muchos, muchísimos compatriotas y muy diversas organizaciones trabajan día a día en todos los rincones del país, en el anonimato y el silencio, en la construcción de la paz.

A ella dedican largas y duras jornadas de generosa solidaridad, volviendo a anudar uno a uno los lazos rotos de esta inmensa red de 50 millones de habitantes.

De entre todos ellos, el pasado 12 de octubre, el jurado decidió otorgarle el Premio Nacional de Paz 2016 a los integrantes de la mesa de diálogo y negociación en La Habana, tanto a los representantes del Gobierno como a los voceros de las Farc, que desarrollaron una negociación innovadora centrada en las víctimas y en los problemas que han nutrido esta prolongada confrontación violenta.

Queremos exaltar así la ardua labor cumplida por ese amplio grupo de personas, que durante seis o más largos años han consagrado su mente y su corazón, sus días y sus noches, todos sus esfuerzos, a la difícil tarea de ponerle fin a un conflicto que nos ha destrozado sin piedad durante más de medio siglo.

Todos podemos imaginar los grandes sacrificios que han tenido que asumir: una muy prolongada distancia de sus familias, de los amigos y colegas, de los compañeros de ideales y de luchas; las inevitables dificultades de una tan larga convivencia; la fatiga y las tensiones de interminables horas de discusión sin resultados aparentes; la incomprensión y la crítica implacables, con demasiada frecuencia injustas.

Un reconocimiento aun mayor merece ahora cuando, a pesar de que el resultado de sus ingentes esfuerzos de tantos años fue rechazado en las urnas, no vacilaron en retomar una vez más, con humildad y fortaleza, los arduos debates que ya creían superados y en volver a convertirse en aquellos jornaleros que, trabajando sin descanso, han desbrozado y allanado el abrupto camino hacia el cumplimiento de nuestro gran sueño nacional.

En tiempo récord, el Gobierno y las Farc han logrado un nuevo acuerdo para poner fin al conflicto armado, gesta histórica que hay que reconocer. Esa meta, por fin alcanzada el 12 de noviembre pasado, recoge buena parte de los aportes de sus críticos asentando así la primera piedra indispensable para la construcción de una paz estable y duradera.

Ningún acuerdo de paz satisface nunca plenamente a todas las partes. Mientras las distintas concepciones de los caminos hacia la paz nos siguen dividiendo aún, el ansia de paz nos convoca a todos sin distingos.

Colombia existe hoy como nación gracias a ese compartido anhelo de paz. Y unos y otros, delegados del Gobierno y de las Farc, le han cumplido al país pasando por encima de sus preferencias y deseos personales. Nos devuelven así los gérmenes de una nueva patria.

Urge ahora rodear del mayor apoyo posible ese nuevo acuerdo, consolidar el cese del fuego, la dejación de armas y avanzar con empeño en el arduo camino de la construcción y consolidación de la paz. En este anhelo tenemos que confluir hoy ciudadanos e instituciones, guerreros y civiles, campesinos y pobladores de las ciudades, obreros y empresarios, víctimas y victimarios.

Esa es hoy nuestra gran oportunidad y nuestra responsabilidad histórica. Se abre ante nosotros la extraordinaria posibilidad de construir entre todos los fundamentos de una nueva casa común, más justa, más transparente y más pacífica.

Las entidades otorgantes del Premio Nacional de Paz, que eligen cada año al destinatario individual del Premio de Liderazgo por la Paz, escogieron en esta ocasión a Gonzalo Sánchez por su labor al frente del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Desde sus primeros trabajos académicos, el profesor Sánchez se dedicó con empeño a esa labor a veces ingrata, siempre exigente y pocas veces reconocida de una rigurosa investigación sobre la violencia en Colombia. Cada párrafo, cada hoja, cada libro suyo lleva a cuestas innumerables horas de búsqueda incansable, de madrugadas y desvelos, de fatigosa escritura y permanente corrección.

Encargado en 1987 por la Comisión de Estudios de la Violencia creada por Virgilio Barco, Gonzalo coordinó el libro Colombia: violencia y democracia, del que se desprendió el mote de ‘violentólogos’ para quienes se ocupan del análisis de la violencia.

En el 2007, Gonzalo fue nombrado director del Grupo de Memoria Histórica, vinculado a la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR).

En el 2011, el presidente Juan Manuel Santos creó el Centro Nacional de Memoria Histórica al frente del cual puso al destacado profesor. Informes sobre el conflicto armado como ¡Basta ya!, confeccionado por mandato de la Ley de Justicia y Paz, o los informes sobre la desaparición forzada, el éxodo de San Carlos, las masacres paramilitares –como las de Bahía Portete, Trujillo, Segovia, El Salado y La Rochela– o de las Farc en Bojayá, ponen ante nuestros ojos a las víctimas, que ocupan y deben ocupar el centro de los acuerdos alcanzados en La Habana; nos devuelven su presencia y su voz, borradas y acalladas durante muchos años por nuestro inmenso desvarío colectivo.

El trabajo del profesor Sánchez y sus colegas despierta y aviva esa dolorosa memoria para que nunca más reincidamos en desvíos semejantes, para que las víctimas ganen el derecho a la verdad, la dignificación y reparación integral, para que el Estado y la sociedad cumplan con su deber de recordar lo que preferirían olvidar, y promuevan una cultura de no impunidad y defensa de los derechos humanos.

Para todos ellos, pobladores de Bojayá, negociadores del Gobierno y de las Farc, Gonzalo Sánchez, pedimos un fervoroso aplauso.

Antes de concluir, no podemos dejar de mencionar aquí a todos aquellos colombianos –jóvenes sobre todo–, que, desde el 3 de octubre, concurrieron a las multitudinarias marchas en distintas ciudades del país y en diversos lugares del mundo, en particular a los que, apenas protegidos por precarias carpas, asumieron durante más de cuarenta días esa extrema incomodidad, el intenso frío, las implacables lluvias y los soles sabaneros, para urgir con su pacífica y tranquila presencia la necesidad de un nuevo y pronto acuerdo.

Para ellos –jóvenes y no tan jóvenes, acampados o en marcha– pedimos también un prolongado y ferviente aplauso de agradecimiento y les hacemos un llamado a persistir en su presión: el posacuerdo no será fácil y a los líderes sociales y defensores de derechos humanos los están asesinando.

En nombre de las entidades otorgantes y del jurado del Premio Nacional de Paz les manifestamos una inmensa gratitud a todas las iniciativas y procesos premiados, a todos los esfuerzos postulados en estos 18 años de miles de personas que han compartido su incansable y valioso trabajo en distintas regiones del país en favor de la solidaridad, del apoyo a las víctimas, de la reconstrucción de la memoria y el tejido social, de un desarrollo socioeconómico unido a procesos de reconciliación, convivencia armoniosa y respeto por las diferencias.

Gracias, finalmente, a las instituciones otorgantes por invitarme a participar en la selección del Premio y a mis colegas del jurado por su confianza para presidirlo nuevamente.

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