miércoles enero 16 de 2019

Ilegítimo y aislado, Maduro asume su segundo mandato en Venezuela

10 enero, 2019 Internacionales

Maduro asume presidencia por el período 2019-2025

El presidente Nicolás Maduro asumió este jueves un segundo mandato de seis años, considerado ilegítimo por gran parte de la comunidad internacional, con una Venezuela en ruina y cada vez más aislado.

Sectores del oeste de Caracas amanecieron con una inusual presencia de militares, que se extendía hasta el centro de la capital, donde está el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Algunos centros educativos suspendieron las clases.

Heredero político del fallecido líder socialista Hugo Chávez, Nicolás Maduro, un exchofer de bus y exsindicalista de 56 años, gobierna con mano dura tras haber sacado del juego a sus adversarios, con el control institucional y el apoyo de los militares, a quienes dio enorme poder económico.

“Juro, a nombre del pueblo de Venezuela (…) Lo juro por mi vida”, dijo Maduro, quien recibió la banda presidencial del jefe del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ, de línea oficialista), en un acto al que no asistió ningún representante de la Unión Europea (UE) ni de la mayor parte de América.

La UE, Estados Unidos y el Grupo de Lima -de 14 países-, desconocieron la reelección de Maduro en los comicios del pasado 20 de mayo, adelantados por la oficialista Asamblea Constituyente y boicoteados por la oposición, que los consideró un fraude.

Poco antes de su juramentación, Washington anunció que aumentará la presión “sobre el régimen corrupto, apoyando a la democrática Asamblea Nacional (Parlamento) y pidiendo democracia y libertad en Venezuela”, escribió el consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Bolton en Twitter.

Maduro asumió en medio de la peor crisis económica que haya sufrido en su historia moderna el país con las mayores reservas petroleras del mundo, y en momentos en que se afianzan gobiernos conservadores en Latinoamérica.

Seguidores de Maduro, con banderas de Venezuela, ovacionaban al mandatario en las afueras del TSJ, en el centro de Caracas, fuertemente resguardado por policías y militares. Otros sectores de la capital, como el este (feudo de los opositores) lucían desolados. Muchos negocios y escuelas suspendieron actividades.

Heredero político del fallecido líder socialista Hugo Chávez (1999-2013), Maduro gobierna con mano fuerte tras haber sacado del juego a sus adversarios, con el control institucional y el sostén de los militares, a quienes dio enorme poder.

Según la Constitución, Maduro debía juramentarse ante el Congreso, controlado por la oposición, pero el TSJ lo declaró en desacato y fue sustituido en la práctica por la Constituyente, de poderes absolutos.

Desde que fue elegido en 2013, tras ocupar provisionalmente el cargo luego de ser “ungido” por el fallecido presidente Hugo Chávez, Maduro ha sostenido que convertirá a Venezuela “en potencia”, pero la realidad del país caribeño es otra.

Mientras asegura que los venezolanos viven prósperos y felices y que no lo son en mayor medida por la “guerra económica” que asegura “impone” el gobierno de Estados Unidos al emitir sanciones contra su Administración, el país vive una espiral hiperinflacionaria que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima llegue a 10.000.000 % en 2019.

Enderezar la crítica economía es la principal asignatura pendiente de Maduro, un exchofer de autobús de 56 años sin carrera universitaria, que prometió durante toda su campaña de reelección reparar las fallas que a lo largo del dominio chavista han depauperado los ingresos y condiciones de vida de los venezolanos.

Después de la elección del pasado mayo, que ganó con casi el 70 % de los votos y en la que no participó el grueso de la oposición, Maduró se concentró en ejecutar el llamado “plan de recuperación económica” para lograr “la prosperidad” que prometió durante la campaña y que no logró durante sus primeros seis años de gestión.

El autodenominado “presidente obrero” ha sido calificado de “dictador” por sus detractores, quienes además lo acusan de violar los derechos humanos, de limitar la participación en los comicios con prohibiciones electorales sobre sus adversarios y de mantener en prisión a políticos opositores.

También lo señalan por haber “acabado con el Estado de Derecho”, al considerar que todas las instituciones de Venezuela han actuado bajo sus órdenes.

Una de esas supuestas órdenes fue la de despojar de sus competencias al Parlamento, de contundente mayoría opositora, a través de una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), órgano cuyo presidente, Maikel Moreno, ha manifestado su lealtad a Maduro.

Maduro es igualmente señalado por impedir la “libertad de expresión”, pues en su Administración han cesado su actividad al menos 55 medios de comunicación, según datos del Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) de Venezuela.

Con todo, sus colaboradores aseguran que el jefe del Estado, quien cuenta con una amplia carrera dentro de la Administración pública, es un hombre sencillo y con “dotes de negociación” aprendidas durante su pasado sindicalista.

Su entorno más cercano lo describe también como una persona sensible, sencilla, risueña, bastante metódica y que le gusta trabajar de noche.

Sobre Maduro se cierne también, desde su llegada al poder como “heredero” de Chávez, un misterio, pues son poco certeros los datos correspondientes a su infancia y adolescencia.

El mandatario pocas veces habla de sus padres y dice que ambos han fallecido. Un sector de la oposición dice que nació en Colombia, lo que lo imposibilitaría para ser presidente, pero hasta ahora nadie ha presentado pruebas.

Está casado con Cilia Flores, quien también ocupó altos cargos en el chavismo como el de procuradora general y presidenta de la Asamblea Nacional, y es tía de dos hombres que fueron condenados en 2017 por cargos relacionados a narcotráfico en Estados Unidos.

Como pareja presidencial no tienen hijos, pero sí los tuvieron de relaciones anteriores.

El hijo del jefe de Estado, Nicolás Maduro Guerra, de 28 años, ocupa un escaño en la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), órgano plenipotenciario integrado solo por chavistas y no reconocido por numerosos gobiernos.

Tras ser durante la gestión de Chávez diputado, presidente del Parlamento, canciller y vicepresidente, y cumplido ya un mandato, Maduro busca sumar seis años más a la cabeza del gobierno chavista.

En medio de la preocupación de los países vecinos, Maduro dice contar con el apoyo de “los pueblos del mundo” aunque parece cada vez más aislado.

Con todo, el chavismo se ha encargado de hacer ver que al menos cinco jefes de Estado y más de una decena de delegaciones internacionales confirmaron su presencia en el acto de hoy como una muestra de apoyo extranjero.

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