sábado abril 20 de 2019

El acoso sexual y la doble moral

Por Esteban Jaramillo Osorio

Delicado tema, con morbo y escándalo. Tratado en medios que condenan con irresponsabilidad, pero que exige cero impunidades. Deslegitimar al acusador o castigar al señalado, es la tendencia. Siempre fue así. Oportunismo político, patinazos en la federación e investigaciones relámpago, de quienes sacan provecho de la problemática social. Publicidad con el drama ajeno.

Surgen respaldos para las víctimas. También para los presuntos victimarios. Reacciones propias de la crudeza del asunto que espanta temores, con el dedo acusador, ojalá siempre con respeto a la presunción de inocencia hasta la demostración de lo contrario, para evitar señalamientos destructivos.

Acoso sexual hay en el futbol masculino y femenino y en el deporte en general. Cuantos casos denunciados y tan pocos investigados o comprobados, por tolerancia extrema de las autoridad o por complicidad. No tiene escrúpulos el entrenador que acosa a los jóvenes; sobre  él debe caer el peso de la ley. Pero atención a la ligereza verbal, con poder destructivo en la palabra, por venganzas y revanchas.

El caso actual pasa por la firmeza y la valentía de la acusación, como ocurrió con la pederastia en el clero, con el médico de las gimnastas de EE.UU, en la cárcel de por vida, o  con los abusos a las estrellas de Hollywood, todo resuelto con el debido proceso.

El futbol femenino fue abiertamente rechazado desde sus impulsos iniciales con masculinidades destructivas. Asustadizas las víctimas de los atropellos se han abstenido de desenmascarar a los culpables por temor a represalias. También son evidentes en él, las dificultades de convivencia, la intransigencia de las deportistas, las relaciones tóxicas, la rebeldía y la provocación en concentraciones y competencias.  Respecto al caso del momento, una cosa es esclarecer, otra confundir.

Esteban Jaramillo Osorio

Twitter: @estejaramillo

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