miércoles septiembre 18 de 2019

Cada partido, una historia

 

Por Esteban Jaramillo Osorio

Bogotá, 20 de junio_ RAM_ Por su condición de ídolo, James Rodríguez despierta malquerencias y amores desbordados. Simpatías y rechazos, en juicios públicos sin garantías, porque son apasionados. Hay que admitir que “el 10” es distinto. Fue su zurda de seda, en su tenaz búsqueda de un camino, con precisos pases, la que destrabó el enredado partido ante Qatar. Asistencia genial, “tres dedos”, que catapultó Zapata a la red, apropiándose del espacio de Falcao que atacaba en la misma dirección. Verdadero duelo de artilleros que, en esta copa, “el toro” domina.

James no es un torrente de palabras… Es catarata de talento, acostumbrado a la jugada maestra.

Qatar no fue un rival temible; complicado si, al punto de que con susto nos despidió de la cancha. Fue Colombia un equipo con paciente elaboración, pero indeciso frente a la red. Dominó a lo largo y a lo ancho, se adueñó de la pelota, pero la ceguera en la definición lo privó de un mejor resultado. jugó con determinación, buscó la portería con insistencia, volcó la cancha a su favor, pero su faena, hasta el gol, era infecunda.

“El sueño goza de ideal salud…”

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