lunes agosto 3 de 2020

Lo importante es la vida, no el lucro

25 abril, 2020 Opinión Juan Manuel Ospina

Por: Juan Manuel Ospina

Bogotá, 24 de abril_ RAM_ Hoy la crisis nos grita que finalmente lo importante no es el lucro, el afán incontenible de acumular riqueza material a cualquier costo, sino la vida, sin la cual esa acumulación de riqueza material no tiene sentido alguno. Que el propósito de la vida debe ser crecer en términos humanos, enriquecerse como persona, y no la búsqueda de cada vez más riqueza material, acumular más bienes materiales, con lo cual se convierte en una carrera hacia la nada, por no decir al vacío, y en el camino la naturaleza ha conocido una explotación ilimitada, con sus equilibrios fundamentales, que son los de la vida misma, desarticulados cuando no destruidos.

A lo largo de la historia se han padecido una variedad de epidemias (“pestes”) que en ocasiones dejaron huellas profundas en el devenir humano. Solo queda esperar y buscar que la experiencia planetaria actual nos deje como uno de sus resultados más sabiduría, al acercarnos a la comprensión del misterio de la vida, que tantos años de prédica racionalista con su idealización de la razón y el individuo nos impidieron apreciar en su extensión y profundidad.

Esa transformación fundamental supone la continuidad de una organización capitalista transformada para superar la actual dictadura de unos mercados desregulados que trascendieron el ámbito propiamente económico de una economía de mercado y que con su lógica mercantil invadieron al conjunto de la sociedad, convirtiéndola en una sociedad de mercado, donde todo se reduce a una mercancía con un precio; “mercancías” que se compran y se venden: la salud, la educación, la seguridad, la política, crecientemente el agua y muy pronto el aire… El cambio requerido supone abandonar el Estado mínimo neoliberal vigente, “barato y neutro”, para transformarlo en un Estado con el poder necesario para, en coordinación y complementación con el mercado, desarrollar y preservar una economía eficiente y eficaz. El mercado como medio y no fin.

Esa recuperación de la importancia del Estado en un régimen democrático ha de acompañarse del restablecimiento de su responsabilidad como garante de la prestación de los servicios públicos que son derechos constitucionales; servicios que pueden ser prestados por particulares, pero sometidos al control y regulación del Estado.

Otra transformación es en la globalización en curso, tema en el cual igualmente debe establecerse una coordinación y complementación, en este caso entre mercado interno y producción nacional, y la internacionalización de la economía dada en términos de mercados, de “desterritorialización” de una producción organizada en cadenas de elaboración del producto final localizadas en diferentes países, generalmente de la mano con una banca igualmente desterritorializada y libre de controles y regulaciones, inaplicables por ser del ámbito nacional. Una globalización que reclama elementos básicos de un gobierno global que no logró ser el Sistema de Naciones Unidas nacido del horror en que desembocó la crisis de los años 20. Un gobierno que, al igual que los nacionales, tenga responsabilidades para la garantía universal de la provisión de bienes públicos, lo que no se da con la actual pandemia.

Vivimos como humanos una situación inédita por su universalidad, pero que puede marcar el inicio de una transformación de fondo que la realidad venía reclamando de tiempo atrás. Para terminar con un lugar común que no por ello ha perdido verdad, las crisis son grandes oportunidades.

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