lunes agosto 3 de 2020

Bancos, a ponerse en modo crisis

Por: Juan Manuel Ospina

Bogotá, 07 de mayo_ RAM_ “Tengan al menos un egoísmo lúcido”, les sugería el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a los empresarios, por la sencilla razón de que en la situación extraordinaria que vive la humanidad, deben entender que la suerte de los unos depende de la de los otros, que nadie -ni personas, ni grupos sociales, ni actividades económicas, ni un país- se salva solo; un egoísmo lúcido que entiende que se debe  aflojar para no perder, que el momento no es para buscar grandes ganancias aprovechando la necesidad, sino para evitar grandes pérdidas hoy y en el futuro y para salvaguardar la capacidad de la economía de volver a ponerse en movimiento. El conjunto del organismo social y económico enfrenta una situación inédita, pues la actividad económica y la vida social se suspendieron abruptamente como si las hubieran desconectado; al igual que el cuerpo humano, hoy reclaman con urgencia su oxígeno, que es la liquidez.

Esto obliga al gobierno Duque a ser drástico con la canalización de los recursos hacia los frentes más críticos. La prioridad de prioridades, por razones de vida o muerte, son los recursos en dinero y en especie, necesarios para la supervivencia de los sectores de la informalidad y el rebusque (mal contado, la mitad del país); ha de hacerse de la mano con las administraciones locales y el apoyo efectivo de la solidaridad ciudadana, porque no es un asunto de estado sino de sociedad; ahora, la tarea es repartirlos rápidamente y cuidarlos para que los buitres sociales no se los roben.

En segundo lugar, está la necesidad de proteger el empleo formal generado principalmente por las pymes, que adicionalmente suelen ser más frágiles financieramente. El gobierno decidió darle recursos a la banca comercial, a una tasa reducida, a través de créditos de la banca de segundo piso: Finagro y Bancoldex. Los créditos otorgados con esos recursos son exclusivamente para pago de nómina, tendrán una garantía hasta por el 90% de su valor otorgado por el Fondo Nacional de Garantías, se pagarían una vez recuperada la velocidad de crucero de la economía y ahí podría el gobierno asumir parte de esas obligaciones, y los bancos  podrían dar un tratamiento especial con los intereses.

En este punto radican muchas de las críticas al proceder de los bancos comerciales, alimentadas por su mala fama entre los colombianos pues se dice sobre los bancos que “no pierden una”, y con sus abultadas ganancias que crecen sin fin son vistos como los duros de una economía que en términos generales es mediocre. Su tarea es fundamental y bien delicada: administrar el ahorro de los ciudadanos; estos dineros exigen un manejo responsable, “conservador”, pero que deja las ganancias que mencionábamos, que sí son del banco y de sus accionistas.

Con esos recursos, los bancos deberían atender el consejo del secretario general de la ONU, pues sus clientes de hoy y los de mañana podrían perecer económicamente en esta emergencia y terminar devolviéndoseles con quiebras y no con pagos. Ayudarles ahora es la cuota inicial para un futuro más tranquilo y rentable: sacrificando la rentabilidad presente al bajar intereses hasta el costo de la captación, ampliar los plazos de las obligaciones como ya lo empiezan a hacer, calculando un mayor volumen de cartera mala por la situación; en fin, suavizando drásticamente las condiciones para otorgar créditos de emergencia en tiempos extraordinarios. Los bancos no se van a quebrar con ello, verán temporalmente reducidas sus imponentes utilidades, pero mandarán la señal de que están sintonizados en “modo crisis”.

Y un punto final: sería perfecta una emisión monetaria extraordinaria para darle oxígeno al empleo y darle un ingreso a quienes lo perdieron, y también para financiar el reinicio de la producción. Esta emisión debería ser una operación directa y conjunta del gobierno con el Banco de la República, se lograría con la compra por este de títulos de deuda, con recursos de sus utilidades, sin darle la vuelta por la banca comercial para hacerla rápidamente sin generar por ello unas utilidades, inadmisibles en estos momentos, a los bancos. El país tiene cómo capotear el temporal, pero necesita tino y claridad en las decisiones tomadas con una mirada amplia de país y del futuro.

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