viernes octubre 7 de 2022

La histórica llegada de una exguerrillera de las FARC a la mesa directiva del Senado colombiano

Sandra Ramírez, Senadora del Partido de Las FARC- Foto Cortesía Álvaro Tavera

Por Susana Patricia Noguera Montoya

Agencia ANADOLU

Bogotá, 23 de julio_ RAM_ Sandra Ramírez se convirtió en la primera excombatiente de las FARC en asumir un cargo directivo en el Congreso y afirma que usará su puesto para promover el cumplimiento del Acuerdo de Paz y abogar por los derechos de las mujeres en el país.

Sandra Ramírez se convirtió, el pasado 20 de julio, en la primera excombatiente de las FARC en tener un cargo directivo en el Senado colombiano. Su designación como segunda vicepresidenta de la cámara alta, con el apoyo de los partidos opositores al Gobierno, es un hecho histórico en el país.

Para la legisladora la designación representa un respaldo al Acuerdo de Paz por parte de las mayorías del Senado y “un mensaje de solidaridad” hacia el partido FARC, que enfrenta un difícil escenario con más de 200 excombatientes asesinados.

“La designación es representativa para el país”, dijo Ramírez en entrevista con la Agencia Anadolu. “Sobre todo porque podemos visibilizar la paz, el estado de la implementación del Acuerdo de La Habana y toda esta infinidad de dificultades que se ha tenido en este proceso”, añadió.

Su nombre de pila es Griselda Lobo Silva, tiene 56 años y 35 de ellos los pasó dentro de la guerrilla de las FARC. Fue en el grupo armado, hoy extinto, donde adoptó el nombre Sandra Ramírez, por el que es más conocida hoy en día.

La hoy senadora ingresó a la guerrilla en la década de los 80 proveniente de una familia campesina de Vélez, Santander, con 18 hijos. Fue parte de uno los campamentos más representativos de las FARC conocido como Casa Verde, en el municipio de La Uribe, Meta. Fue allí donde conoció al fundador del grupo armado, Manuel Marulanda Vélez, más conocido como ‘Tirofijo’, y se convirtió en su pareja.

Por más de dos décadas, Ramírez fue la compañera y mano derecha de Marulanda. Cuenta que el legendario jefe guerrillero, uno de los hombres más buscados por las autoridades colombianas, murió en sus brazos a los 78 años, luego de sufrir un infarto.

Cuando el expresidente Juan Manuel Santos inició la fase exploratoria del proceso de paz, Ramírez estuvo en el equipo negociador de las FARC. Hoy en día, aún después de la firma del Acuerdo de Paz, muchos colombianos recuerdan las imágenes de Sandra Ramírez con botas de caucho y fusil en mano.

La designación de la excombatiente como parte de la mesa directiva del Senado incitó algunas respuestas de rechazo por parte políticos y líderes de opinión. El exviceministro de Justicia, Rafael Nieto, afirmó que Ramírez “no solo niega reclutamiento de menores sino minimiza violaciones en las FARC”. “Ni arrepentimiento, ni justicia, ni verdad, ni reparación. Y después preguntan porqué no creemos en ese pacto espurio”, añadió en su cuenta oficial de Twitter.

Pero también hubo voces de apoyo, entre ellas la del expresidente y actual senador Álvaro Uribe, quien, a pesar de su vocal oposición al Acuerdo de Paz, felicitó a Ramírez por su designación. “No estoy de acuerdo con los textos de La Habana, pero saludo elección de la Sen. Griselda Lobo como 2a VicePte del Senado, discute con argumentos y es coherente”, dijo el líder político de derecha.

La senadora dice que la declaración de Uribe Vélez demuestra que ya hay personas “que están entendiendo que podemos construir desde la diferencia y eso es muy importante”. Añade que las acusaciones contra ella, así como contra otros antiguos miembros de las FARC, serán resueltas en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). “Nosotros nos pusimos un compromiso y lo estamos cumpliendo. Cuando la JEP nos ha requerido hemos estado allá, presentes”, dice la legisladora.

Ramírez añade que sus experiencias como combatiente la prepararon para el cargo de liderazgo al que se juramentó el pasado 20 de julio. “Nosotras las mujeres en la lucha armada teníamos un espacio, unos derechos y deberes. Nos hizo falta ocupar altos grados (dentro de las FARC), pero aprendimos a pensar en las necesidades específicas de las mujeres, a formarnos políticamente, se nos exigió cuidar y proteger nuestro territorio. Esta formación nos permite asumir estos nuevos retos”, cuenta Ramírez.

Mientras las FARC estuvieron en armas, ninguna mujer hizo parte del Secretariado, su instancia más alta. De hecho, fueron pocas las combatientes que pudieron acceder a cargos medios y altos de dirigencia dentro del grupo armado, a pesar de que alrededor del 30% de los miembros de la guerrilla eran mujeres. Hoy en día, el Consejo Político Nacional de FARC, la instancia más alta del partido político tiene cuatro mujeres entre sus 14 miembros.

Ramírez afirma que, ahora que tiene un cargo de dirigencia en el país, impulsará leyes que ayuden a las mujeres y promuevan la realización de lo pactado en La Habana. “Mi prioridad fundamental será trabajar por la paz. Voy a trabajar incansablemente por el cumplimiento integral del Acuerdo de Paz y por las mujeres, así como está contemplado dentro del acuerdo: como un tema transversal”, dice la legisladora.

Ramírez tiene importantes retos por delante. Entre los temas pendientes de lo pactado en La Habana está la puesta en marcha de la reforma rural integral y la lucha del Estado contra los grupos paramilitares. La senadora añade que es necesario crear una estrategia de seguridad “humana e integral” que realmente sirva para disminuir los niveles de violencia que se viven en muchas regiones de Colombia y que han afectado a los excombatientes.

Para la legisladora, la mejor forma de resolver los problemas de fondo que tiene el país es que los colombianos respalden lo acordado en La Habana y le apuesten a la paz.

Después de participar en el conflicto armado por más de tres décadas, conocer de cerca a Manuel Marulanda y ser parte del equipo negociador en el proceso de paz, Ramírez llega a la dirección del Congreso convencida de que las armas no son el camino. “Nosotros abogamos porque se llegue a una solución política del conflicto porque la guerra deja heridas, sufrimiento y más víctimas.

Por eso decimos no y no a la guerra”, concluye.

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