sábado diciembre 3 de 2022

Editorial: Gustavo Gómez "La culpa"

Gustavo Gómez

«El país entendió que en Polombia siempre la “p” de Petro está en la punta de la lengua del otro hombre de la “p”: el presidente»

Bogotá, 24 de mayo _ RAM_ Hemos declarada abierta la temporada de cacería de culpables en este país. Porque si hay algo que nos distingue a los colombianos, además de la amabilidad y la calidez, es esa asombrosa capacidad bíblica de ver siempre la viga en el ojo ajeno.

Gracias a esta colombianísima manera de eludir responsabilidades, de esa falta de entereza mal disimulada, la culpa es de los políticos; la culpa es de los corruptos; la culpa es de los jueces; la culpa es de los militares; la culpa es de los periodistas; la culpa es de los ricos; la culpa es de los infiltrados cubanos, venezolanos y dizque rusos; la culpa es de las redes; la culpa es de los inmigrantes; la culpa es de la guerrilla, de los paras, de la delincuencia organizada; la culpa es de la derecha, la izquierda o el centro; la culpa es de los estudiantes; la culpa es de los alcaldes, gobernadores, ministros o el presidente; la culpa es de la iglesia o de los que no creen en nada; la culpa es del vecino…

La culpa, en fin, y cuando bordeamos los abismos del fin, es ajena. Por eso somos cincuenta millones de islotes con aspiraciones siempre fallidas de consolidada Nación.

El viernes conocimos un video, en formato de entrevista prefabricada, en el que, hablando en inglés, el presidente Iván Duque, diciéndolo sin decirlo, señalaba a Gustavo Petro como gran responsable de la situación que vive el país. Cierto es que nunca mencionó el nombre del senador, pero a través de la falsa entrevista el país entendió que en Polombia siempre la «p» de Petro está en la punta de la lengua del otro hombre de la «p»: el presidente.

Pocas horas después se hacía pública la portada de la revista Semana, con un enorme rostro de Petro reflejando en el lado de la derecha confusas imágenes del paro, revelándole cierto aspecto de confusión, de descomposición. Y, mientras al fondo todo arde, esboza una sonrisa. El titular confirma lo único que no hizo de frente el presidente que se entrevista a sí mismo: que la culpa es de Petro.

Todo arde, y parece que el gobierno ha elegido apagar el incendio con kerosene, eludiendo reconocer la genuina sinceridad de quienes protestan, inconformes y decepcionados por la inequidad social. Tomando el camino de echarle la culpa, completa y con todo su peso, a alguien.

Peligrosos senderos transitan quien elige convertir a un líder de la oposición en cabeza de turco, en vez de invitarlo a dialogar, a tomarse ese tinto que tampoco le ofrece al expresidente Juan Manuel Santos, quien sigue con la mano extendida en el aire.

El video sobre Petro venía acompañado de otros, en los que, en esa zona segura que da el preguntarse y contestarse, el presidente cree ingenuamente que aclara toda duda sobre su gestión y nos convence de que ha sido un gobierno excelso.

Nada de eso. Olvidó, entre muchos otros asuntos, explicarnos cómo es que encarga la tarea más importante del gobierno, negociar con los líderes del paro, a alguien que le había renunciado dos veces y que le había confirmado, como es el caso del alto comisionado de paz, Miguel Ceballos, que se iba este miércoles 26. No entendimos…

Del presidente no esperamos que declare la guerra interna, sino que, de una vez por todas, se sirva declarar la paz.

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