viernes diciembre 2 de 2022

¡Devuélvanme mi  ELO!…la tarde que le gané a un Gran Maestro

Daniel Campora Sivori

Por Jairo Fernando Valencia

Sevilla, España,16 febrero,2022_RAM_Fue en el XII Torneo Internacional de Ajedrez Villa de Coria del Rio, en Sevilla España, el 11 de febrero de 2008.

Tenía mucha ilusión en hacer un buen torneo que el punto lo sume mi contrario; ganando él, sin perder yo por errores garrafales.

Pero el destino me tenía reservado algo muy especial, una sorpresa muy alentadora, un premio invaluable para un aficionado, amante del ajedrez, como el suscrito: ganar a un Gran Maestro (GM).

Mi fortuna empezó en segunda ronda (en la primera había ganado con negras al español Carlos de La Puerta Fernández), pues me tocó, en suerte, jugar en la mesa uno con las piezas blancas contra el GM ruso Oleg Anatólievich Kornéiev (2649 de ELO) y quien a la postre venció en el evento. Perdí en 29 movimientos, Oleg ganó; “sin siquiera despeinarse”.

En la tercera ronda había ganado, llevando negras, al onubense Lorenzo Figuereo Aguilera.

Llegó el día de la gloria en la cuarta ronda, mesa 7, jugadores: GM Daniel Hugo Cámpora Sívori (2541 ELO Argentina) – Jairo Fernando Valencia Gómez (2030 ELO Colombia). 

Ese día prometía ser muy bueno para mí, porque justo cumplió su primer año de vida mi nieta María José Ríos Valencia.

Me levanté esa mañana muy animado, con la convicción de que en la jornada “trebejista” iba a ganar, aunque perdiera la partida. Ya es un triunfo tener como rival a un GM, en este caso, al mítico caballero del ajedrez el argentino Daniel Cámpora.

Muy pretensioso por mi parte sería aspirar a ganar la partida. SI tenía la ilusión de hacer una buena partida y no salir machacado como es habitual; como cuando con 2030 de ELO te enfrentas con negras a un “monstruo” de 2541.

Con el GM Daniel Cámpora ya me había enfrentado varias veces en diferentes torneos internacionales; y claro, perdiendo los puntos, pero ganando en aprendizaje. Porque mi oponente es generoso por naturaleza, amable en el comentario y con una sencillez sincera en el análisis post morten, donde deja ver no solo su humildad, sino también su sabia pedagogía ajedrecística.

Cuando salí de mi casa en San José de La Rinconada (Sevilla), le dije a mi hijo Jairo Jr.: “¿Si ganó hoy al maestro que me das?”

Mi hijo se queda mirando como quien ha escuchado una tontería suprema y contesta por cumplir, por protocolo como dirían otros: “Un beso”.

Nos despedimos y me fui pensando que el beso siempre me lo daría.

Al empezar la partida, después, de un afectuoso saludo el maestro Cámpora me dijo: “Jairo nos enfrentamos tanto que voy a terminar por conocerte”.

Respondí con timidez, obnubilado por la admiración que siento por mi interlocutor: Así es Maestro, que nos tomen una foto y que me conozca será lo único que gane hoy”.

Iniciamos la partida: 1. e4,c5; 2. cf3,e6; 3. c3, Cc6; 4. d4,d5; 5. e5,Cge7; 6. Ad3,Cg6; 7. 0-0,Ae7; 8. Ae3.

Hasta aquí considero que hay igualdad. Pero decido entregar un peón por iniciativa negra en el flanco del rey. Esto contando con que el maestro Cámpora cambie mi caballo de g6.

Es curioso, pero jugó lo que yo quería y no solo aquí, sino más adelante.

Así calcula en el tablero un “jabalí” como yo. Un jabalí en ajedrez es un marrano peligroso, como me “bautizó” el hoy GM Alder Escobar.

No deseaba jugar esta partida a la defensiva, buscaba ir al ataque, aunque terminara perdiendo. “Sacar del libro” a un maestro puede crearle complicaciones en su juego.

Y continuamos: 8. …, Ad7; 9. Axg6,hxg6; 10. dxc5,Dc7; 11. Ad4,0-0-0; 12.  Te1,Th5; mejor g5. 13. Cbd2,f6; sigue siendo mejor g5. 14. De2,fxe5? Error, seguía dándome una pequeña ventaja g5. 15. Cxe5,Cxe5; 16. Axe5,Dxc5; 17. Cf3,Af6; 18. h3,Tf8; 19. Ad4,Dd6? Había que jugar Da5, aunque ahora es el blanco quien tiene ligerísima ventaja.

  1. Ce5,Ae8; 21. a4,Tf5; 22. b4,Dc7; 23. b5,b6?. Tampoco es buena, pero ya sabéis, no se le pueden pedir peras al olmo.
  1. Cd3, me detuve a pensar más detenidamente, aprovechando que mi oponente estaba dando vueltas por los otros encuentros.

¿Recuerdan aquello de que no hay nada más difícil que ganar una partida con ventaja? Pues eso iba a pasar aquí.

De los 120 minutos que tenemos para toda la partida, sin contar los 30 segundos que el sistema da cada vez que haces un movimiento, yo había consumido 103 minutos y Cámpora, tan solo 25(!).

Traté de ordenar mis ideas; lo primero era saber el objetivo de 24 Cd3.

Pensé <seguro que va por la torre de f5>.Debo salvarla, pero antes debo defenderme en e6”.

– ¡Carambas! Estoy siendo machacado ­­ -me dije -. Pero veamos qué hay, si juego 24…, Ad7.

¡Ojo! No es lo mismo ver las jugadas en ese momento de tanta tensión, que en la tranquilidad de casa; pasa como en el futbol con las decisiones arbitrales, es fácil y de niño juzgar una acción repitiéndola cinco veces o más por la tele, que tener que decidir en fracción de segundos.

Y entonces se me iluminó el bombillo que todos tenemos. Lo vi con lucidez, la claridad meridiana que llaman, si: 25 g4, Axd4 me da igualdad.

Sería un error por su parte tomar después en f5. Me dio un susto tenaz. Levanté la cabeza y lo busqué con la mirada, estaba viendo la partida Escobar – Epishin en la mesa 2. Y jugué 24 …, Ad7. Seguí clavado en el tablero.

Cámpora llegó, se sentó y pensó durante dos minutos, que para mí fueron eternos como si fueran horas. Levantó solemnemente su mano derecha, deslizó suavemente con sus dedos índice y anular el peón de g2 a g4, consumando el movimiento 25 g4, y oprimió el botoncillo del reloj finalizando la jugada.

Mis pulsaciones se pusieron a mil por hora. Lo confieso. en esa época no oraba, pero en la partida mentalmente pedí que después 25 …, Axd4 él tomara en f5.

Oré para que lo hiciera y sin merecerlo Dios escuchó mi oración. El maestro, después de jugar 25 g4, se iba a poner de pie, pero yo jugué rápidamente 25 …, Axd4.

Mi cálculo, insisto, era que sería un error capturar en f5 por el jaque con dama en g3, y el resultado sería tablas.

Si 26. cxd4, igualdad, porque entonces mi movimiento sería: 26. …, Txf2. Si toma en 26. f2 con caballo, tablas con 26. …, Dg3+. 

Si a 26. …, Txf2, Cámpora jugaría 27 Tac1, entonces tomaría Dama en e2.

Y tendríamos que seguir luchando. Todos sabemos que el maestro se conoce en el final y yo terminaría perdiendo; pero habría cumplido el objetivo, jugar una buena partida. Hasta ahí llegó mi análisis.

Pero ese día, como en la historia de David y Goliat, la suerte estuvo de mi lado y Goliat jugó como ya lo había analizado 26. gxf5??,

Casi me da un infarto y no exagero. Mi rival no vio 26 …, Dg3+, que jugué en medio de la conmoción de la sala que estaba arremolinada en torno a la mesa 7, la nuestra: pues los espectadores querían que ganara el marrano, entiéndase como el novato, el débil o sea yo.

Cuando hice 26 …, Dg3+, Daniel se removió en su silla como si no creyera lo que estaba pasando. Su rostro se transformó en un segundo.

Seguimos con 27. Rf1, Dh3+; 28 Rg1

Estaba muy emocionado y mi mente nublada, lo confieso. <Pensé ¡tablas!> Pero también me dije: “Un momento, Jairo, puede que haya algo más”. Y lo había.

Era tanto el susto, que no había visto el mate esperando si yo capturaba con torre en f5. Y así lo hice.

  1. …, Txf5; 29. Dd2, Th5 y mate en una jugada. Hubiese sido más rápido jugando en la 28 …, Th8.

El maestro Cámpora apretó mi mano con efusividad y dijo: “Jairo, no solo ganaste la foto sino también la partida”. Analizamos un poco el juego y se marchó, con la frustración de haber sido superado por un jugador de menor nivel.

Fue un momento increíble. Recordé a mis amigos del club de ajedrez Sevilla Este, a mis coterráneos ajedrecistas de mi Chinchiná del alma y disfruté de ese momento como niño chico con juguete nuevo.

Sentí una sensación indescriptible, un clímax único, tan grande y maravilloso que esa noche no pude dormir.

Hoy, cuando ya han pasado casi trece años, todavía recuerdo que, en la premiación del evento, le pedí al maestro Daniel Cámpora que me permitiera una foto con él. Y dijo con la gallardía que le caracteriza, – Sí Jairo, pero devuélveme mi ELO.

Share Button