Bienvenido el cambio
Debe quedar muy claro que a partir del 7 de agosto los responsables de la gestión pública serán quienes nombre el nuevo gobierno, presidido por don Abelardo de la Espriella, así tengan que arrastrar con cuatro años de grandes yerros del gobierno saliente, al que tal vez se le pueda abonar tal cual acierto. Nos anuncian que habrá Regeneración Moral o Catástrofe.
Espero que el gobierno entrante reconozca la voluntad explícita de las otras ramas del poder público –las cortes y el Congreso–, aunque exprese también sus discrepancias y proponga cambios por la vía institucional. Los grupos armados no volverán a crecer; incluso deben mermar mucho en su actividad, contando además con los cambios positivos que se están dando en la vecina Venezuela, a un ritmo lamentablemente lento. Colombia hará parte del Escudo de las Américas. La corrupción no va a desaparecer de la noche a la mañana, pero sí tiene que reducirse en forma drástica y generalizada e intensificar los castigos para quienes persistan en ella. Va a haber fumigación de cultivos ilícitos con un herbicida distinto del glifosato, vaya uno a saber cuál es y cuánto cuesta.
Se exaltará la memoria de Miguel Uribe Turbay y de Álvaro Gómez Hurtado, símbolos queridos por Abelardo. Se congelará el gasto público, sin que por ello dejen de asistir a los más vulnerables. Vendrá una alianza con el empresariado, que pasará por una simplificación tributaria. Nos prometen una recuperación del sistema de salud sin criterios ideológicos, tarea que quedó a cargo de Ana María Vesga, una funcionaria muy experimentada y con mucha credibilidad. Se buscará de nuevo la soberanía energética, hecha a un lado durante el cuatrienio pasado. Por supuesto que ya no querrán acabar con la industria de extracción de hidrocarburos –incluso puede ser necesario el carbón durante un tiempo breve–, sino promover de manera intensiva y agresiva las energías alternativas, para que el propio mercado marque los ritmos del cambio, no la sapiencia de dos o tres gurús despistados. El fracking va porque va, lo cual es una buena idea.
Se respetará la independencia del Banco de la República, en claro contraste con los irrespetos recientes. El campo se anuncia como motor de crecimiento y prometen la educación como ascensor social, sin haberse aclarado aún donde estará la puerta de entrada al mismo. En fin, se hablará mucho de Dios y Patria, de Libertad y Orden, o sea de un programa muy conservador, que hasta ahora no parece extremista. Lo otro que claramente no habrá, por fortuna, es una Constituyente, con el consecuente riesgo de reelección.
La lluvia, más que el calor, va a ser una medida crucial vigilada en el próximo año, debido al fuerte fenómeno de El Niño, para evitar el racionamiento de agua y los apagones de tan ingrata recordación. Claro que hasta ahora lo veo en el cielo son nubes y con frecuencia lluvia, así no sea copiosa. Por lo demás, un nutrido grupo de columnistas e intelectuales va a buscar y exaltar cualquier error que cometa el gobierno. Eso es válido, así no sea sensato a veces, siempre y cuando no venga acompañado de incitaciones a la violencia física. Ya veremos hasta dónde llega la Patria Milagro y qué cumple.
Petro, ya se ha dicho con claridad, es de ahora en adelante es el dueño de su destino. Si se expone más de la cuenta, podría terminar con las manos esposadas. No es algo que al menos yo desee, si bien la decisión la tomaría un juez o un fiscal, en caso de que les lleguen acusaciones formales creíbles.
PS: Qué temblor tan bravo el de la mañana del 10 de agosto.



