En Villa de Leyva identifican fósil de tiburón gigante de hace 114 millones de años

Equipo de trabajo que identificó el fósil de tiburón gigante. Foto: Cristian David Benavides Cabra, magíster en Geología de la UNAL.
Bogotá, 28 sep (Prensa Latina) Científicos colombianos identificaron un fósil de tiburón gigante de hace 114 millones de años, al que calificaron como uno de los mayores tesoros del patrimonio paleontológico que hoy posee el país.
Los restos del escualo, que fue encontrado en la ciudad de Villa de Leyva, a unos 175 kilómetros al noroeste de esta capital, datan del Cretácico Temprano, según describieron investigadores de la Universidad Nacional (UNAL) y del Servicio Geológico Colombiano (SGC).
Explicaron que se trata de uno de los mejores ejemplares de Protolamna ricaurtei y el tiburón gigante más antiguo del orden Lamniformes conocido en el mundo.
Considerado como un pariente del tiburón blanco, poseía unos 6,6 metros de longitud y su dieta era a base de peces, crustáceos y otros animales de su misma especie.
El esqueleto, en excelente estado de conservación, reúne al menos 107 vértebras, más de un centenar de dientes, restos de cartílago, fragmentos de piel y fibras musculares. El geólogo de la UNAL Cristian Benavides fue uno de los científicos que estudiaron el fósil.
Gracias a los análisis de laboratorio, y con la guía de la bibliografía existente, pudo determinar tanto su especie como su antigüedad.
Para los paleontólogos se trata de un hallazgo extraordinario, ya que los tiburones están formados principalmente de cartílago, que rara vez se preservan completos, y por lo general solo perduran sus dientes, la parte más mineralizada.
Redacción AgenciaUNAL
En Villa de Leyva identifican fósil de tiburón gigante de hace 114 millones de años

Dentículos articulados e individuales y fotografías de la piel y los músculos preservados del nuevo ejemplar de Protolamna ricaurtei. Foto: Cristian David Benavides Cabra, magíster en Geología de la UNAL.
Con unos 6,6 m de longitud, dientes pequeños y dieta a base de peces, crustáceos y otros tiburones, este pariente del tiburón blanco, peregrino y duende, habitó las aguas costeras de lo que hoy es Colombia. Su fósil, hallado en Villa de Leyva, es uno de los mejores ejemplares de Protolamna ricaurtei y el tiburón gigante más antiguo del orden Lamniformes conocido en el mundo. Un verdadero tesoro del patrimonio paleontológico colombiano.
La historia de este fósil comenzó en 1993, cuando un habitante de la vereda Cañuela (Villa de Leyva) encontró fragmentos de roca con vértebras y dientes en su interior. Años después la comunidad entregó el hallazgo a la Fundación Santa Teresa de Ávila, que lo resguardó hasta ponerlo en manos de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y del Servicio Geológico Colombiano (SGC).
Lo que parecía ser un fósil más dentro del abundante registro de la Formación Paja —que abarca municipios como Villa de Leyva, Sáchica y Sutamarchán— terminó revelándose como uno de los tiburones más enigmáticos y mejor conservados del Cretácico Temprano.
El ejemplar reúne al menos 107 vértebras, más de un centenar de dientes, restos de cartílago y, de manera excepcional, fragmentos de piel, dentículos dérmicos (pequeños dientes en la piel) y fibras musculares. Para los paleontólogos es un hallazgo extraordinario, ya que los tiburones están formados principalmente de cartílago y rara vez se preservan completos. Por lo general solo perduran sus dientes, que son la parte más mineralizada.
El geólogo Cristian David Benavides Cabra, magíster en Geología de la UNAL, fue uno de los responsables de estudiar este fósil, que permanecía guardado a la espera de un equipo dispuesto a darle vida científica. En los laboratorios de la Universidad, y con la guía de la profesora María Páramo (q. e. p. d.), comparó sus dientes con los de otros tiburones de la época y logró descifrar tanto su especie como su antigüedad.

cumulaciones de dientes y de los distintos tipos de dientes encontrados en el nuevo ejemplar de Protolamna ricaurtei. Foto: Cristian David Benavides Cabra, magíster en Geología de la UNAL.
Evidencias únicas sobre tamaño, ecología y reproducción
En su investigación, el magíster midió más de un centenar de vértebras para estimar la longitud y el crecimiento del animal, aplicando fórmulas de regresión basadas en especies actuales. El equipo también empleó microscopía electrónica de barrido para observar dentículos dérmicos y restos de tejido blando, con lo que identificaron fibras musculares y cartílago fosilizado a un nivel de detalle imposible a simple vista. La combinación de estas técnicas —morfología dental, análisis de vértebras y estudios microscópicos— permitió una reconstrucción integral del animal, inédita en tiburones de esta antigüedad.
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue la desproporción entre el cuerpo y los dientes: pese a medir 6,6 m de largo, sus piezas dentales eran pequeñas, lo que contradice la fórmula tradicional para estimar la talla de los tiburones fósiles.
Durante décadas los paleontólogos calcularon el tamaño de los tiburones fósiles con base en la altura de sus dientes: tiburón grande, dientes grandes. Sin embargo, este ejemplar de P. ricaurtei demuestra que la regla no siempre se cumple. Existieron tiburones gigantes con dentaduras modestas, lo que obliga a replantear los métodos y revisar con cautela estimaciones hechas sobre otras especies extintas.
El estudio de sus dientes y escamas también permitió entender su ecología. Sus piezas, puntiagudas y con pequeñas cúspides laterales, eran adecuadas para desgarrar presas medianas, aunque no para triturar huesos grandes. La piel, cubierta por dentículos de formas aerodinámicas, revela que era un nadador activo, aunque más lento que los tiburones blancos actuales. Todo indica que recorría aguas costeras tropicales alimentándose de peces, calamares, crustáceos e incluso pequeños tiburones, desempeñando el papel de depredador en su ecosistema.
“Estamos ante el registro más antiguo de un tiburón lamniforme gigante”, indica el geólogo. Esto significa que los linajes de tiburones grandes aparecieron mucho antes de lo que se pensaba, en pleno Cretácico Temprano. En términos evolutivos, este hallazgo muestra que los océanos ya contaban con depredadores de gran tamaño en una época dominada por reptiles marinos como plesiosaurios, ictiosaurios y cocodrilos marinos.
El investigador añade que “gracias a su descubrimiento entendemos su reproducción, sus crías nacían vivas y medían cerca de 1,5 m. Esto es una novedad, pues antes solo se hablaba de la dieta por no tener especímenes tan bien conservados”.

La doctora María Eurídice Páramo Fonseca fue una científica de la UNAL que dejó un legado igual de gigante a este tiburón prehistórico. Foto: Cristian David Benavides Cabra, magíster en Geología de la UNAL.
Patrimonio científico y orgullo para Villa de Leyva
El fósil no solo amplía el conocimiento científico, sino que además tiene un valor cultural y patrimonial enorme. Colombia, y en particular Villa de Leyva, se consolida como un lugar crucial para entender la vida del Cretácico, del cual muchas veces se tiene una radiografía más detallada en lugares como Estados Unidos o Argentina.
La Formación Paja, conocida por la abundancia y calidad de sus fósiles, ha entregado al mundo restos de reptiles marinos, tortugas, peces y ahora el tiburón lamniforme más antiguo y completo. Todo esto convierte a la región en un laboratorio natural donde, capa por capa, se escribe la historia de los mares prehistóricos.
Actualmente el ejemplar se conserva en la Fundación Santa Teresa de Ávila y forma parte del Inventario Nacional Geológico y Paleontológico de Colombia, garantizando que será preservado bajo normas de protección y que las futuras generaciones podrán estudiarlo y admirarlo como parte de su patrimonio.
Para Villa de Leyva, en donde los fósiles forman parte de la identidad local y cada año atraen a miles de turistas y científicos, este hallazgo es motivo de orgullo. No se trata únicamente de un animal que nadó hace 114 millones de años, sino de una pieza que conecta la historia natural con la memoria de una región. Cada fósil encontrado allí es una cápsula del tiempo que revela cómo era la Tierra cuando los continentes y los mares tenían formas distintas y la vida exploraba caminos evolutivos que hoy apenas podemos imaginar.

El tiburón prehistórico es familiar del tiburón blanco. Foto: Ken Kiefer 2 / Connect Images / Connect Images vía AFP.
Este tiburón gigante no es solo un coloso del pasado: es un recordatorio de que bajo los suelos y montañas de Colombia yace una parte esencial de la historia del planeta, lista para ser descubierta. Cada hallazgo es una invitación a proteger, valorar y comprender el patrimonio que nos conecta con la vida en sus formas más antiguas y asombrosas.
Además, la publicación es un homenaje a la paleontóloga más importante del país, la doctora María Páramo, científica de la UNAL que dejó un legado tan gigante como este tiburón prehistórico. Su trabajo formó a generaciones de investigadores y tendió un puente entre los colosos del pasado y quienes hoy exploran sus huellas.




