El abogado que pintaba silencios
Desde niño, Tomás pintaba todo. Pintaba piedras, cuadernos, mesas viejas, incluso las servilletas del comedor. No lo hacía por disciplina ni por juego: lo hacía porque su alma le hablaba en colores. Para él, el mundo tenía más sentido cuando podía mezclarlo, sombrearlo o expandirlo sobre un papel.


