martes diciembre 1 de 2020

A VUELAPLUMA

26 abril, 2015 Opinión

Augusto León Restrepo RamírezPor Augusto León Restrepo

Hay que coger las pinzas para escribir acerca de las nuevas circunstancias por las que atraviesa el conflicto armado colombiano. Cualquier opinión que uno se atreva a exponer, puede ser tomada en su contra. Que lo señalen con tinta indeleble como santista o como uribista. O peor aún, como castro chavista. En mis escritos de los últimos dos años, me he referido numerosas veces al enfrentamiento armado que desde hace largo asuela el campo colombiano en especial. Y he sostenido en nombre de La Vida, que hay que guardar los fusiles y que mientras mas pronto eso suceda, menos muertos llorarán las viudas, los huérfanos y la inmensa mayoría de colombianos a quienes una sola baja en las filas de los contendientes, soldados o guerrilleros, conmueve hasta las entrañas. No treinta, a causa de bombardeos indiscriminados u once emboscados muertos indefensos, a traición. No . Uno solo. Porque con esa sola víctima se viola el principio civilizado, ético y religioso, de que La Vida es sagrada.

Ante la larga balacera entre los soldados y los guerrilleros terroristas, y sus aproximaciones en La Habana para acallar las metralletas y los tatucos, nos hemos puesto del lado de las conversaciones pacifistas, como lo hicimos en los procesos de los anteriores gobiernos e incluso cuando se negoció la desmovilización de los paramilitares terroristas. Y ante crisis como la actual en que las Farc le han puesto una carga de profundidad a la mesa de La Habana, ratificamos nuestro apego a la vía de las conversaciones y los acuerdos, como único procedimiento que nos puede conducir al cierre de la guerra y al renacer de la ilusión en una Colombia libre del aterrador flagelo de la violencia.

Sí. Hemos propuesto, ante la inminencia del finiquito bélico, que haya tregua. Es decir, que no haya mas disparos entre los combatientes, pero bajo una estricta verificación. Es preferible una tregua , que no la estratagema utilizada por las Farc bajo el nombre del cese unilateral del fuego. Desde luego que la propuesta está mas cerca de la poética, que de la política. De la utopía que de la cruenta realidad. Es que las Farc, como lo acaban de demostrar, no cumplen, no son de fiar. Al gesto del Presidente Santos de suspender la utilización de bombardeos contra los campamentos de los alzados en armas, como reciprocidad al cumplimiento del silencio de sus balas, comprobado por organizaciones de la comunidad civil, se respondió con la masacre del Cauca . Timochenko, Márquez y sus camaradas se brincan a la torera los compromisos que adquieren.

El desprestigio de las Farc, por sus engañifas y frialdad asesinas ha crecido en proporción descomunal , ha contaminado la opinión positiva que se tenía de los avances logrados en Cuba y le ha dado oportunidad a los virulentos enemigos para que multipliquen sus ataques al proyecto de cesación del conflicto. Pero si de lo que se trata es de evitar muertes inútiles, en vista de lo imperativo a corto plazo de la suscripción del entendimiento entre la legitimidad y la rebelión, sería la comunidad internacional a través de sus organismos mas representativos como la ONU, la OEA, la Cruz Roja, o los países garantes, la encargada de controlar y sancionar los desafueros y la violación del Derecho Humanitario en una tregua que se decrete de acuerdo con el avance de los temas de la mesa de La Habana.

A todos nos desconsolaría que como lo quieren y lo auspician el Papa, Latinoamérica, los Estados Unidos , los países europeos , el mundo entero, no fuéramos capaces los colombianos de enarbolar la bandera de la convivencia pacífica y el establecimiento de los valores civilizadores, entre los cuales predomina el mandamiento supremo de no matar, bajo ningún pretexto. Y que se sigan inundando de cadáveres los campos y las ciudades como un castigo peor que las pestes. De la Calle, en su última y ponderada intervención desde La Habana , ha afirmado que con el vil ataque contra soldados dormidos , a mansalva y sobre seguro, se ha fracturado la esperanza, pero que cuando la esperanza se quiebra es el momento de la fe. Ser colombiano es un acto de fe, aseveró Borges en » Ulrica «, uno de sus cuentos. Cualquier significado que quiera dársele a su misteriosa frase, de todas maneras, contra la muerte, hay que apostarle a la fé.

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