jueves noviembre 26 de 2020

El placer y el balón

esteban-jaramillo2Por Esteban Jaramillo Osorio.

Nota aclaratoria:

Ni creo, ni dije, que El fútbol Colombiano está enfermo, en picada y que no acepta reingenierías. Al contrario, en medio de tantos males que le afectan, celebro la regeneración a la que se le está sometiendo, con notable esfuerzo, para que algún día sea reflejo interior de lo que la selección hace por el mundo.

A propósito, soy un enamorado del fútbol porque “es música en el cuerpo y fiesta para los ojos”. El cordón umbilical que a él me une, es irrompible. Me agrada meterme en cada partido, en cada detalle, tratar de entender el desarrollo del juego y participar visualmente de las batallas sin tregua. Soy “mendigo de gambetas” y de goles, de resultados sin pronósticos, de genialidades imprevistas, de tribunas alegres. En el análisis posterior a cada duelo recurro a referencias variadas de aquellos que razonan su desarrollo porque, apasionante al límite, el fútbol no acepta verdades absolutas.

A través de estas reflexiones, tengo un respeto especial hacia Eduardo Galeano, por su “Futbol a sol y sombra”, pieza símbolo de la literatura y el balón. Sus letras están, como una lámpara encendida, comprometidas con la decencia, en tributo generoso a las grandes estrellas a lo largo de la historia, con piezas deliciosas que no obviaron un abierto menosprecio a las dictaduras de escritorio y a las injusticias en las canchas, cuando el balón se manchó.

Buscador de historias, contador de anécdotas, Galeano, tuvo siempre un compromiso con la decencia y con el juego limpio. Sus libros no se subordinaron a tácticas, sistemas, o pizarrones, porque para él el balón y los artistas formaron parte de un sentimiento.

Como a Galeano, no me gusta participar de las deshonras del juego, ni apruebo los impostores que en el proliferan,   convirtiendo el fútbol en “El opio de los pueblos”.

Si, “Música en el cuerpo y fiesta para los ojos”. Con respeto a la rivalidad sin travesuras, sin picardías, que dan a los partidos ese estupendo placer de verlos y disfrutarlos. El goce pleno, al ver rodar la pelota.

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