miércoles diciembre 2 de 2020

A VUELAPLUMA

04 mayo, 2015 Opinión

 Augusto León Restrepo RamírezPor Augusto León Restrepo

 Patriota, lo que se llama patriota, la inmensa mayoría de los colombianos a quienes nos obligan a bailar al son que nos toquen, todos los días de nuestra corta o prolongada existencia. Entre quienes incluyo, obvio, al Doctor Álvaro Uribe Vélez, a quien en una frase promocionadisima, y sin que nadie se lo pidiera, graduó de gran patriota el súper ministro Néstor Humberto Martínez, ficha política del súper vicepresidente Germán Vargas Lleras en el gobierno de Juan Manuel Santos. Al Doctor Uribe Vélez, hace unos años, en un concurso, lo señalaron como el súper héroe, el súper patriota, por encima de Bolívar, Santander y Nariño, entre otros. Felicitaciones, un poco tardías, por ambas nominaciones, Doctor Uribe. Y al Dr. Martínez, por el oportuno agradecimiento que por su intermedio le hace Vargas Lleras al ex mandatario, que lo salvó de las fauces de Armando Alberto Benedetti, quien quería inhabilitarlo e impedirle a Vargas alcanzar el sueño de sentar sus posaderas en el Solio de Bolívar. Los costeños no quieren más rolos en la presidencia de Macondo.

Periodistas radiales, columnistas de los diarios, politólogos de café y de los otros, han derramado tinta y palabras porque creen que el encuentro de Martínez con Uribe, es el abre bocas para la foto en que se saluden de mano Juan Manuel Santos y Uribe Vélez. Y para que estos súper patriotas, salven a la Patria, que como nunca antes, según los súper pesimistas – léase Fernando Londoño Hoyos y el poeta Harold Alvarado Tenorio- hace aguas desde que Juan Manuel Santos decidió gobernar sin llamar todos los días al Ubérrimo. A un sobrino chistoso se le ocurrió decir que, gracias a esa independencia, Santos no está en la cárcel. Cosas de muchachos. Aun cuando uno nunca sabe. ¡Ah ! Y también creen y esperan los orientadores de la opinión pública que si existe empatía, romance o pacto de no agresión, con rosas de por medio, entre la bella y templada Paloma Valencia y la bestia y poeta Roy Barreras, esto se compone.

Es decir, que sin Santos y Uribe juntos, estamos llevados. Es posible. Al fin y al cabo fueron como hermanos siameses durante ocho largos años. Y la cirugía, para que cada uno respirara a su aire, tuvo complicaciones que persisten. Por ejemplo. Uno de los hermanos separados, insiste en que con los Castro, con Maduro y con Correa, con Noruega y con Evo, hay que hilar muy delgadito. Santos los ha consentido y no se les ha metido al rancho. Uribe hubiera preferido que a la guerrilla se le hubiera dado chumbimba sin contemplaciones ni treguas y a cualquier costo. Santos escogió las conversaciones con el enemigo y aspira a que el conflicto armado, que reconoció como tal y no como una simple insurrección terrorista, termine en la mesa de La Habana y se dejen de utilizar las armas como soporte político. El hermanito siamés paisa guarda reservas sobre la reelección del siamés bogotano, porque fue soldada a punto de mermelada. Santos logró mayoría de un millón de votos para lograr su reelección con el auxilio y el apoyo de los partidarios de los acuerdos con la guerrilla, acuerdos que les producen náuseas a los arribistas. La mermelada, con otro nombre, la han utilizado los gobiernos, los dos de Uribe también, para obtener gobernabilidad, que es el nuevo nombre del clientelismo, digo yo. La foto, anda como complicada. Y serán muchas las hormigas culonas que se tendrán que comer Uribe y Martínez. Y los compatriotas de distintos pelambres. Las hormigas culonas son las nuevas pipas de la paz.

Pero volvamos al principio. Patriotas los colombianos, que vivimos en uno de los países más des institucionalizados ( ¡ que palabreja ! ) del mundo. Desprestigiados el Presidente , la justicia, el Congreso. El proceso de paz, sin confianza. El ejército y la Policía, con líos de corrupción. Pensiones de jubilación e invalidez, reconocidas con procedimientos torcidos. Un General inválido, pero apto para ser Embajador. Otro inválido, futuro Alcalde de una ciudad destacada.   Prontuariados, avalados para cargos de elección popular. Los educadores, en paro. Los empleados , otra vez al borde de paralizar la aplicación de la justicia. Álvaro Uribe y Germán Vargas, con índices de popularidad crecientes. Y así y todo, las gentes se consideran como unas de las más felices del mundo. ! Vaya, vaya !. Esto no se lo explica ni Miruz. Para quienes no lo sepan, porque es un término del habla cotidiana caldense, provincia de origen de quien esto escribe, este dicho significa que no lo sabe ni lo explica nadie. Miruz fue un facineroso de la época de los cincuenta del siglo XX , que cuando lo perseguían las autoridades, desaparecía misteriosamente o se convertía en un racimo de plátanos. Este dato lo fusilé del libro » Del Dicho al Hecho «, de mi amigo, el escritor caldense Octavio Hernández Jiménez. Y sanseacabó la columna.

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