miércoles febrero 8 de 2023

Palos en las alas

Gonzalo Silva Por: Gonzalo Silva Rivas

Cerca de 1.200 servidores de diferentes áreas adelantan una huelga pacífica, denominada con el eufemismo “cero trabajo suplementario”. Aunque no repercute mayormente en los usuarios por presentarse en una temporada de bajo movimiento aéreo, bien podría revivir para Semana Santa los graves contratiempos que afrontó el país en septiembre de 2013, cuando una operación similar liderada por los pilotos desencadenó un caótico escenario de cancelaciones y retrasos en los vuelos.

El fantasma reaparece, manifestado por los mismos motivos de aquel entonces. Los trabajadores sindicalizados -auxiliares, técnicos, controladores aéreos y personal de asistencia en tierra y aeropuertos- insisten en ser víctimas de una política discriminatoria y de persecución contra sus derechos laborales y sindicales, y responsabilizan a la empresa de pretender reemplazar las negociaciones conjuntas con la imposición de pactos colectivos. Su huelga acaba de ser acogida por los pilotos agremiados en la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles, entidad que, de paso, acaba de presentar de carambola un nuevo pliego petitorio.

La “operación cero trabajo suplementario” significa que el personal cumplirá estrictamente las funciones que les asignan sus manuales y los reglamentos aeronáuticos, y no participará en trabajos extras, ni suplirá vacantes, ni laborará fuera de sus horarios habituales, ni se prestará para modificar trayectos que garanticen ahorros de combustibles. Esta situación comprometerá a la compañía a manejar una adecuada programación de vuelos, contando solo con los trabajadores disponibles dentro de los turnos habituales.

El pulso entre sindicalizados y aerolínea arranca desde hace más de una década cuando esta última quedó en poder del empresario brasilero Germán Efromovich, quien impuso nuevas reglas en la política laboral. La difícil situación financiera que afrontaba la empresa, a las puertas de la bancarrota, le exigió a su nuevo propietario endurecer la mano y conciliar un fuerte paquete de restricciones. Entre las medidas de choque se adoptó la congelación de los aumentos salariales y la reducción de pagos festivos y nocturnos.

Mientras Avianca volvía a retomar el vuelo las relaciones se fueron resquebrajando. En 2013, tras un agitado tire y afloje, los trabajadores presentaron un pliego con consideraciones laborales, normativas y de infraestructura que se canalizó en una huelga semejante a la de ahora, con serias repercusiones en el servicio aéreo, luego de denunciar discriminación y agresión antisindical. El conflicto llegó a un Tribunal de Arbitramento donde no pudo resolverse debido al retiro de los empleados que alegaron falta de garantías. Se trasladó entonces al Ministerio de Trabajo y a la Corte Constitucional. El primero acogió los cargos y sancionó a la compañía con $77 millones. La segunda sentenció en favor de sus derechos con la orden de extenderles los beneficios otorgados a los no sindicalizados y pagar en el término de 48 horas los dineros adeudados.

El conflicto se mantiene vivo, el fallo de la Corte no se cumple y los directivos fueron demandados ante los tribunales. La interinidad que afecta a la empresa en estos momentos tampoco resulta ser buena aliada para reanudar las negociaciones. Entre tanto, la “operación cero trabajo suplementario” camina despacio y se prolongará indefinidamente. El riesgo de que el panorama se agrave prende las alarmas frente el temor de que para la próxima Semana Santa sean los viajeros los que resulten crucificados.

Será este fuerte ventarrón laboral una de las turbulencias que habrá de afrontar con pinzas el sucesor del hoy retirado presidente Fabio Villegas. Tendrá la imperiosa misión de armonizar la conflictiva relación sindical para sacarla del temporal y hacerla volar por entre vientos más moderados. Deberá aclimatar las condiciones para quitar los palos en las ruedas pero -sobre todo, ante una eventual crisis aérea- los palos en las alas.

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@Gsilvar5

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