jueves febrero 9 de 2023

Hombre rico… Hombre pobre.

Esteban Jaramillo Osorio

Por Esteban Jaramillo Osorio.

 En el fútbol colombiano, es época de incorporaciones, rumores, indiscreciones y desmentidos. Se mueven los dirigentes para maquillar las nóminas de sus equipos, frente al dilema de lo que quieren y lo que pueden.

No hay, hasta ahora, un fuerte golpe de opinión, a excepción de Juan Fernando Quintero al Medellín, los argentinos  Stracqualursi a Santa Fe y Bernardo Bustos al Junior y el regreso de Jefferson Duque, al Cali, tras su lánguida aventura por México. Hay, hasta ahora, un vaivén de jugadores de un club a otro, que no eleva la temperatura de los aficionados.

Desigualdad de por medio, porque el diverso poder adquisitivo de los clubes con competencia agiganta la brecha entre grandes y chicos. Mientras unos tantean y contratan, los restantes hacen de sus deseos sueños imposibles por carencia de dinero. Por ejemplo, Nacional el rico del medio, quiere a Dayro Moreno de Tijuana, cuya trasferencia  se valora entre cinco  y ocho millones de dólares, con sueldo mensual activo de 102 mil dólares, equivalentes a 300 millones de pesos, valor, para el interior del mercado, escandaloso. Tiene además, Dayro, un ofrecimiento en progreso desde la china, donde se manejan cifras descomunales.

El caso de Millonarios es típico. Con nuevo y reconocido entrenador, no adquiere valores que marquen diferencias. América por su parte, con ruido en su retorno, pocos ajustes anuncia en su nómina; mientras Nacional apuesta a la continuidad básica de su equipo campeón de copa libertadores.

Común es ver futbolistas en Colombia, paseándose de un equipo a otro sin garantizar rendimiento, lo que genera sospecha entre los técnicos que los eligen, por sus extrañas preferencias. Tanto se habla de comisiones bajo la mesa, para facilitar los negocios.

Como reflexión final, las chequeras generosas no garantizan títulos, aunque acercan a ellos. Lo ideal la  es la inteligente y racional inversión en jugadores con  calidad reconocida.

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