miércoles febrero 8 de 2023

Un tal Juan Henao

Esteban Jaramillo Osorio

 Por Esteban Jaramillo Osorio

Las manos prodigiosas de Juan Carlos Henao y sus reflejos agiles con relampagueantes reacciones, fueron el mejor argumento para  ganar el Once Caldas la copa Libertadores. Por ello, la prensa internacional lo catalogó como el mejor del continente, con cierre de oro, en instante sublime, cuando detuvo el penalti a Franco Cángele jugador de Boca Juniors, al término de una noche maravillosa e inolvidable. No se trata de infravalorar el esfuerzo y el aporte técnico de sus compañeros en la hazaña lograda, pero si de activar la gratitud eterna de los aficionados, especialmente ahora cuando  llega el momento de su retiro.

Pasaron meses, quizás años, de Juan eludiendo su despedida. No era fácil “el día después”, tras  25 temporadas de aguerrida tarea, preparando cada uno de sus partidos en los que tantas veces fue figura con el Once Caldas, Millonarios, Real Cartagena, Bucaramanga, Carabobo, Santos de Brasil y, en ocasiones, la selección Colombia. Su cuerpo, siempre fuerte, difícil al derribo, empezó a lanzar mensajes hace meses, sugiriéndole que había llegado el momento  que él creía lejano.

Deja Henao, al que todos rodean con reconocimiento y respeto, una huella imborrable con históricos momentos y condimentadas anécdotas, entre frases tímidas, simples y entrecortadas, pero cargadas de contenido.

Juan Henao  es uno de los grandes referentes del fútbol colombiano. Campeón cuando la recesión acosaba a su club preferido, con nóminas sin brillo en las que sobresalía, con títulos  que solo habitaban en las mentes fantasiosas de los hinchas, porque en la época se creía un imposible, para un equipo chico, ser catalogado el mejor de Colombia y de América, con reconocimiento merecido en el planeta fútbol. ¡Que bellas épocas!…!Que momentos aquellos!

Como  paradoja: Se va Juan…  Pero se queda. Cumplirá funciones como entrenador de porteros, en ambientes distendidos, labor que conoce al dedillo, porque en el arco están sus terrenos predilectos y en ellos aprendió a celebrar y a sufrir, a tallarse hasta aprender y a desahogar sus elevadas pasiones competitivas.

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