viernes abril 19 de 2019

La lengua y la memoria

 Por Esteban Jaramillo Osorio

Recuerdo a Bianchi cuando, con Boca Juniors, se negó a recibir la medalla como subcampeón de copa, en arrogante gesto, vencido por el Once Caldas. Aquel Once campeón, orgullo y felicidad de todos. El domingo, Benedetto provocador tras el gol, torció los ojos y sacó la lengua. Otra vez la lengua, como en las semanas previas cuanto la rivalidad estuvo en los medios desbocados y en los escritorios de la Conmebol. Se tragó su gesto, como Bianchi el suyo, en la humillación de la derrota.

En la exhibición de la copa, antes de la final, frío e inexpresivo trofeo que cobra vida en los brazos de los campeones, inevitable fue recrear la memoria con épocas pasadas cuando el sueño imposible se hizo realidad en nuestro estadio. Aquel partido que el Once peleó y dominó, contra pronósticos, para exaltar a Luis Fernando Montoya como nuestro héroe inolvidable. Esta vez ganó River por Pinty Álvarez y Quintero. Que precioso el gol del Antioqueño. Su ingreso le dio salud al método Gallardo porque a un juego áspero le aportó pase, elaboración y definición. Fue emocionante el partido en Madrid, seguro, pero no bien jugado. Las finales se pelean, se ha dicho, pero de esa única forma no siempre se gana. La inteligencia del juego.

Las propuestas fueron temerosas, impacientes, a la espera de un error. Una cosa es calidad, otra, distinta, la intensidad. Pelean los argentinos cada centímetro del campo con rabia, a empujones, perdida la esencia de antaño, cuando el arte llenaba estadios.

Con la pelota se ganan los partidos y sus dueños fueron Pinty y Quintero. Con arrogancia la derrota es dolorosa como lo fue aquella vez para Boca ante el Once Caldas.

P.D. Nunca deshonra ni olvido para el gran Javier Giraldo Neira. Maestro de tantos. Pero los escenarios con sus nombres homenajean a los ídolos que allí escribieron su historia. Nunca a los que las relataron. El periodista ni es, ni será, más importante que los deportistas con triunfos.

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