sábado diciembre 7 de 2019

La triste historia

15 julio, 2019 Deportes, Fútbol, Fútbol Nacional

Foto Luis Alberto Vallejo Vallejo

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Bogotá, 15 de julio_ RAM_ Las historias tristes empiezan por el final. Perdió Once Caldas y carbonizadas quedaron las intenciones de victoria, que se fueron fortaleciendo a lo largo del partido contra Nacional, por el trámite que el juego tenía.

Hubo pasajes en extremo motivadores. A la fortaleza de los centrales, corregidos los errores imperdonables del primer gol, se sumaban los pases claros de Rodríguez y Guzmán, con incidencia en la elaboración de juego; las pausas o aceleraciones buscando caminos de Reyna y los atrevidos contragolpes de los juveniles Carbonero y García, que dejaban en evidencia defensiva al rival, todo por encima de las expectativas pesimistas, que la falta de refuerzos traía desde la pretemporada. Pero así es el futbol, lleno de sorpresas.

Hubo, sin embargo, una acumulación de errores, individuales y colectivos, que condujeron a la caída, en concordancia con el nerviosismo del banco de los entrenadores que a los gritos intentaban disfrazar sus desaciertos.

La inmadurez general condujo al fallo del penalti por García. Imposible entender como se le asigna tal responsabilidad a un joven en proceso evolutivo. No es lo mismo ejecutar en un partido que en un entrenamiento, sin presión, y menos frente al cotizado oponente, con estadio expectante.

El propio García, autor de un gol maravilloso, que reafirma su futuro sin límites, se enredó en mano a mano con cuadrado, cuando la portería estaba a disposición. ¡Que pase genial el de Reyna! Y, para completar, denunciando que está mal entrenado, Ortíz el portero contempló un obús que pasó sobre sus manos, sin reacción alguna, para fraguarse derrota.

Pero, lo peor del partido llego por cuenta de los entrenadores. Cuando mejor jugaba Carbonero, fue relevado. Ibarguen, quien ingresó bajo de forma, nada aportó, porque además jugó sin función ni posición definida. Al punto fue el error que fue relevado faltando dos minutos para cerrarse el partido. Reyna, en su mejor versión, era el guía y también fue relevado, lo que le dio vida a Nacional cuando más sufría. El Once es un equipo para partidos, porque los dirigentes no comprenden que, sin despilfarro, la mejor inversión es el riesgo…Riesgo prudente y económico, que multiplique las expectativas.

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